Jannik Sinner ha ganado el Abierto de Australia y Wimbledon, y pelea codo a codo con Carlos Alcaraz por el trono mundial, pero este miércoles hincó la rodilla de la forma más surrealista posible. Un profesor de tenis de 29 años, cuyo techo profesional fue el puesto 1.141 del ranking ATP, le ha “robado” un millón de dólares (unos 620.000 euros) en un torneo que ha dejado en shock al deporte.
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El escenario no podía ser más solemne: el Rod Laver Arena, a solo unos días de que comience el primer Grand Slam del año. Sin embargo, las reglas eran pura locura. Se trataba del 'One Point Slam', un formato experimental en el que cada partido se decide a un solo punto. Aquí no hay sets, ni juegos, ni margen para la reacción: el que gana la bola avanza; el que la falla, se va a casa.
Para añadir aún más tensión, el saque se decide mediante un juego de piedra, papel o tijera y los profesionales, a diferencia de los amateurs, solo disponen de un único servicio. Un error basta para quedar eliminado.
Piedra, papel o tijera… y un millón en juego
La escena rozó lo inverosímil. Sinner perdió el sorteo y le tocó sacar. Sabía que no había red de seguridad. Lanzó su único servicio… y la pelota se quedó en la red. No hubo intercambio, ni rally, ni desgaste físico. El punto terminó antes de empezar.
Durante unos segundos, el público tardó en reaccionar. Después llegaron el murmullo, las risas incrédulas y los aplausos. Jordan Smith, profesor de tenis australiano, levantó los brazos sin borrar la sonrisa. Desde la banda, Carlos Alcaraz.
De profesor de tenis a millonario en seis puntos
Smith no era un desconocido absoluto. Había ganado títulos nacionales en categorías inferiores, pero la dureza económica del circuito y la pandemia lo empujaron a volver a la academia familiar de Castle Hill, en Sídney, donde hoy da clases junto a su padre y sus hermanos.
Llegó al torneo tras ganar una clasificatoria regional y con expectativas mínimas.
“Con ganar un punto me conformaba”, reconocería después.
Lo que ocurrió fue muy distinto.
Tras eliminar a Sinner, encadenó victorias igual de improbables: dejó fuera a la estadounidense Amanda Anisimova, número cuatro del mundo; al español Pedro Martínez, top 100 del ranking masculino; y se plantó en la final, donde venció a Joanna Garland, número 117 del mundo, que había firmado su propio camino imposible derrotando a figuras como Alexander Zverev o Nick Kyrgios.
Seis puntos. Seis victorias. 620.000 euros.
Un premio que a unos no les cambia nada… y a otros les cambia la vida
Para Sinner, la derrota fue poco más que una anécdota en una temporada brillante. Para Smith, fue un punto de inflexión vital. Desde la grada lo acompañaban sus padres y su pareja, Jess. Con el premio, confesó que su primer objetivo es comprar una casa en el carísimo mercado inmobiliario de Sídney.
“Aún no lo he asimilado. Me he despertado con una sensación increíble”, explicó al día siguiente. “Planeo usar el dinero para comprar una casa con mi pareja”.
Mientras las estrellas del circuito regresaban a su rutina, el profesor de tenis pasaba de ser un nombre anónimo a protagonista de una de las historias más extrañas —y humanas— que se recuerdan en el tenis moderno.
El abrazo de Alcaraz y el “Gringo”
La jornada dejó también una de las imágenes más emotivas del evento. El entrenador argentino Andrés “Gringo” Schneiter, histórico preparador de figuras como Mariano Puerta, estuvo a punto de dar la sorpresa ante Carlos Alcaraz. Intentó una dejada marca de la casa que se quedó en la red por apenas unos centímetros.
Tras el punto, Alcaraz cruzó la pista para abrazarlo. El Rod Laver Arena, con casi 15.000 personas, respondió con una ovación cerrada. No todo fue dinero y nervios: también hubo respeto y emoción.
El tenis convertido en lotería… por una noche
El One Point Slam ha generado debate. Para algunos, es una frivolización del deporte. Para otros, una respuesta a la demanda de formatos rápidos y con peligro real. Lo indiscutible es que, durante unas horas, el tenis dejó de ser resistencia, estadísticas y rankings, y se convirtió en azar, tensión psicológica y relatos imposibles.
