La ciencia pone fin a un enigma ancestral: identificado el pueblo que erigió los Moáis 900 años después


Los científicos han logrado determinar, con nuevas evidencias arqueológicas, la identidad de los constructores originales de los Moái de Rapa Nui.


isla pascua© shutterstock
2 de enero de 2026 - 8:23 CET

Tras décadas de especulación y teorías enfrentadas, un equipo internacional de investigadores ha conseguido aclarar uno de los mayores misterios del Pacífico, quiénes levantaron las enigmáticas y gigantescas estatuas de la Isla de Pascua

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Nuevos análisis y hallazgos recientes han permitido reconstruir con precisión el origen cultural y técnico de los legendarios Moáis, arrojando luz sobre una civilización que fascinó al mundo durante siglos.

Rapa Nui o la Isla de Pascua, es una isla volcánica ubicada en la polinesia conocida por los Moáis, unas estatuas con un promedio de 4 metros de altura y un peso de 5 toneladas que rodean la isla. Construidas entre los siglos XIII y XVI, estas figuras siempre han sido fuente de grandes cuestiones y misterios por la falta de conocimiento sobre su origen, colocación, construcción…

La leyenda de los Moáis

Estas enormes estatuas fueron descubiertas en 1722 por una embarcación holandesa, están esparcidas alrededor de toda la isla y ocupan unos 171 kilómetros cuadrados.  Pueden llegar a medir hasta 10 metros de alto y pesar 80 toneladas de peso, y hay cerca de 1000 a lo largo de la isla. 

Estas estatuas se colocaban encima de los “ahu”, que en lengua pascuense significa altar, estas plataformas de un promedio de 1.20 m tenían una función ceremonial, de homenaje a los antepasados y albergaban los Moáis. 

Además, algunos de ellos cuentan con un “pukao” que son tocados o sombreros de escoria roja que no todos llevaban y que simbolizan el prestigio y estatus de la persona que representan. 

© Gtresonline

¿Cómo se movían los Moáis?

Uno de los mayores enigmas que rodean a los moáis es el método empleado para transportarlos hasta los distintos ahú repartidos por la isla. Algunas de estas plataformas se encuentran a más de 15 kilómetros del lugar de extracción, una hazaña aparentemente imposible si se considera el tamaño y peso de las esculturas.

Durante siglos, las hipótesis intentaron explicar esta hazaña, desde el uso de troncos como rodillos hasta complejos sistemas de cuerdas que permitirían “caminar” a las estatuas. Sin embargo, las nuevas investigaciones del equipo internacional han permitido reconstruir con mayor precisión la técnica original, apoyándose en restos físicos hallados en los caminos ceremoniales.

Los estudios sugieren que las estatuas eran trasladadas en posición vertical, balanceadas de un lado al otro por grupos coordinados de trabajadores que tiraban alternativamente de cuerdas colocadas en distintos puntos del moái. De esta manera, la figura avanzaba lentamente, como si efectivamente caminara. 

Esta técnica no solo encaja con las marcas de desgaste halladas en la base de muchos moáis inacabados, sino que también coincide con antiguas narraciones rapanui que hablaban de un movimiento “mágico” otorgado por la fuerza espiritual.

Las recreaciones experimentales realizadas recientemente demostraron que un grupo de entre 15 y 20 personas puede desplazar un moái de varias toneladas durante distancias significativas sin necesidad de complejos artilugios ni un excesivo consumo de recursos. 

Este hallazgo no solo desmonta la teoría del colapso ecológico inducido por la construcción de moáis, sino que reivindica la capacidad organizativa y la sofisticación técnica de la sociedad rapanui.

¿Por qué algunos están caídos?

Otro de los grandes interrogantes tiene que ver con los moáis que se encuentran derribados o parcialmente enterrados. A lo largo del tiempo, esto originó mitos que hablaban de guerras internas, castigos divinos o catástrofes naturales devastadoras. No obstante, los análisis más recientes han permitido identificar un patrón coherente que explica la caída de muchas de estas estatuas.

Estudios geológicos recientes muestran que varios moáis cayeron debido a terremotos, tsunamis y fenómenos meteorológicos extremos que afectaron a la isla a lo largo de los siglos. La combinación de un terreno volcánico inestable y el desgaste natural también contribuyó al deterioro o deslizamiento de algunas plataformas ceremoniales, provocando que las estatuas se inclinaran o colapsaran.

Además, en Rano Raraku (un cráter volcánico de la isla) aún se encuentran decenas de moáis parcialmente enterrados, lo que generó durante años la falsa idea de que “solo tenían cabeza”. En realidad, muchos de estos moáis estaban en proceso de construcción o transporte. Otros quedaron abandonados cuando, debido a transformaciones sociales y religiosas, los rapanui dejaron de tallarlos alrededor del siglo XVI.

Los verdaderos constructores: una identidad confirmada

El avance más significativo de la investigación reciente se centra en la confirmación de la identidad de los constructores originales. Aunque siempre se supo que los moáis fueron obra de los antiguos habitantes polinesios de Rapa Nui, lo que ahora se ha podido demostrar con mayor claridad es la estructura social y técnica detrás de su elaboración.

Los análisis de herramientas de basalto halladas en distintas zonas de la isla, junto con el estudio del ADN de sedimentos y restos orgánicos, indican que los constructores pertenecían a linajes específicos dedicados exclusivamente a la talla y transporte de las estatuas. Estos artesanos formaban parte de una clase altamente especializada, con conocimientos transmitidos de generación en generación.

Asimismo, la investigación revela que la producción de moái estaba estrechamente ligada a la cohesión social. Lejos de generar competencia destructiva entre clanes, la construcción de estas gigantescas figuras fue un motor de cooperación comunitaria. La coordinación necesaria para mover cada estatua reforzaba los lazos entre familias y grupos, convirtiendo el proceso en un acto colectivo de identidad cultural.

Con estas nuevas evidencias, la arqueología cierra un capítulo de incertidumbre y abre otro que permite contemplar a los constructores de los moáis no como un misterio, sino como los protagonistas de una de las historias culturales más extraordinarias del planeta.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.