Olga Blanco (IBM), experta en desarrollo tecnológico, alerta: "La comodidad es maravillosa, pero si no estamos atentos, la IA puede empezar a filtrar el mundo por nosotros"


La vicepresidenta de IBM Consulting advierte sobre los riesgos de delegar demasiado en la inteligencia artificial y revela la regla de oro para mantener el control sin renunciar a sus ventajas


 Olga Blanco, Vice President de IBM Consulting y presidenta del Clúster del Videojuego de Madrid© MARTIN MENDEZ PHOTO
27 de noviembre de 2025 - 18:06 CET

La Inteligencia Artificial ha llegado para quedarse. Es la herramienta definitiva de la eficiencia: resume correos, organiza agendas y hasta genera ideas en segundos. Es útil, sí, pero esa comodidad también encierra riesgos sutiles que pueden colarse en nuestra rutina sin que lo notemos y acabar erosionando nuestro criterio personal y nuestra autonomía. ¿En qué momento esa ayuda se convierte en una peligrosa delegación de decisiones? ¿Cómo evitar que la IA empiece a filtrar nuestra vida sin que nos demos cuenta?

Para ti que te gusta

Este contenido es exclusivo para la comunidad de lectores de ¡HOLA!

Para disfrutar de 5 contenidos gratis cada mes debes navegar registrado.

Este contenido es solo para suscriptores.

Suscríbete ahora para seguir leyendo.

TIENES ACCESO A 5 CONTENIDOS DE CADA MES POR ESTAR REGISTRADO.

Recuerda navegar siempre con tu sesión iniciada.

© Adobe Stock
La experta en innovación y el desarrollo tecnológico, Olga Blanco, advierte que la comodidad de delegar en la tecnología puede hacer que perdamos nuestro criterio sin darnos cuenta

Para responder a estas preguntas cruciales, hablamos con Olga Blanco, vicepresidenta de IBM Consulting y presidenta del Clúster del Videojuego de Madrid (una asociación que agrupa a empresas, instituciones y profesionales del sector para impulsar la innovación y el desarrollo tecnológico de la industria). Con una trayectoria ligada a la transformación digital, Blanco conoce de primera mano tanto el potencial de estas herramientas como los riesgos de usarlas sin límites.

Y lanza una advertencia clara: "El mayor riesgo aparece cuando, casi sin notarlo, dejamos que la IA tome decisiones por nosotros." La clave, insiste, está en no permitir que la herramienta nos sustituya.

Descubre los límites esenciales que debes aplicar al delegar tareas, el tipo de información que jamás debes compartir con un modelo generativo y cuál es la “regla de oro” para que la IA trabaje para ti, y no al revés.

¿Cuál es hoy el riesgo real de ceder demasiado control a la IA? ¿En qué momentos un usuario empieza a perder autonomía sin darse cuenta?

El mayor riesgo aparece cuando, casi sin notarlo, dejamos que la IA tome decisiones por nosotros. A fuerza de pedirle que organice correos, resuma textos o elija por dónde ir, podemos acabar aceptando sus recomendaciones sin pararnos a pensar si realmente encajan con lo que queremos. Esa pérdida de autonomía llega poco a poco, un día aceptas la primera propuesta de ruta, al siguiente dejas que el algoritmo elija qué ver o qué comprar y cuando te das cuenta, ya no estás tomando tú las decisiones. La comodidad es maravillosa, pero si no estamos atentos, la IA puede empezar a filtrar el mundo por nosotros.

El mayor riesgo aparece cuando, casi sin notarlo, dejamos que la IA tome decisiones por nosotros

Olga Blanco, Vice President de IBM Consulting

¿Cómo se define un uso saludable de la inteligencia artificial? ¿Qué tres límites o principios básicos debería marcarse cualquier persona para evitar que la IA sustituya su criterio?

Un uso saludable de la IA es aquel en el que la vemos como una ayuda, no como quien manda. Para mantener ese equilibrio, lo primero es recordar que la última palabra la tenemos nosotros. Las recomendaciones de la IA están para orientarnos, no para obedecerlas a ciegas. Además, siempre es recomendable entender mínimamente cómo funciona la herramienta que usamos, sus aciertos y también sus sesgos. Por último, creo que un buen consejo es intentar no delegarlo todo. Usarla para tareas concretas, pero no para decisiones que necesitan reflexión o sensibilidad humana. La IA puede ser brillante, pero no tiene criterio personal.

Cada vez delegamos más tareas en la IA. ¿Qué estrategias prácticas recomienda para usarla sin caer en una dependencia cognitiva que reduzca nuestras habilidades?

Lo más importante es no dejar que la IA se convierta en nuestro primer impulso ante cualquier tarea. Antes de pedirle ayuda, merece la pena dedicar, aunque sea unos minutos, a ordenar nuestras ideas, escribir un par de puntos clave o pensar en cuál sería nuestra solución inicial. Ese pequeño gesto mantiene activo el pensamiento crítico y evita que nuestro cerebro entre en modo piloto automático. A veces, incluso descubrirás que ya tienes la mitad del trabajo hecho antes de preguntar nada.

Otro factor fundamental es revisar siempre lo que la IA genera. No solo por calidad, sino porque editar, matizar y darle un toque personal convierte el contenido en algo realmente nuestro. Esa revisión nos obliga a pensar, a aprender y a reconocer qué parte aporta la herramienta y qué parte aportamos nosotros.

Y después algo que parece obvio, pero que a veces olvidamos, y es que no todo tiene que pasar por la IA. Intentemos reservarnos momentos para desconectar de lo digital. Acciones como leer, escribir a mano, pasear o simplemente aburrirse un rato, pueden ser maneras útiles de recuperar espacio mental. La creatividad aparece precisamente en esos huecos.

Lo curioso es que incluso podemos usar la IA como compañera creativa, pidiéndole preguntas en vez de respuestas, para que nos haga pensar en nuevas direcciones.

© Getty Images
La experta explica qué información nunca deberías compartir con una IA generativa para proteger tu privacidad y mantener el control

¿Qué pasos concretos debe seguir un usuario para proteger su privacidad al usar IA generativa? ¿Qué tipo de información nunca deberíamos compartir?

Cuidar la privacidad al interactuar con una IA generativa empieza por algo tan básico como entender dónde estamos escribiendo y qué ocurre con lo que compartimos. Muchas veces pasamos por alto esos textos largos y poco atractivos sobre privacidad, pero dedicar un momento a revisarlos nos permite saber si nuestras conversaciones se guardan, si se usan para entrenar modelos o si se eliminan al instante. Esa pequeña atención inicial marca mucho la diferencia y nos coloca en una posición de control.

A partir de ahí, la clave está en tratar a la IA como trataríamos a cualquier otro servicio de internet. Si un dato no lo compartirías con una persona desconocida, tampoco deberías introducirlo en una conversación con un modelo. La tentación de contar más de la cuenta existe, sobre todo porque la IA no juzga ni hace preguntas incómodas, pero precisamente por eso conviene frenar un instante antes de escribir según qué cosas.

En realidad, la mayoría de las veces la IA puede ayudarnos sin necesidad de saber quiénes somos ni conocer datos reales de nuestra vida. Podemos plantear dudas, describir situaciones o construir ejemplos ficticios sin poner en riesgo nada importante. Al final, proteger la privacidad consiste en adoptar una relación equilibrada con la tecnología.

La regla de oro sería que la IA trabaje para ti, no tú para ella

Olga Blanco, Vice President de IBM Consulting

¿Debemos aplicar límites distintos cuando usamos IA en el trabajo y en la vida personal, considerando que en esta última pesa más la conexión y la desconexión digital?

Sí, sin duda. En el trabajo, la IA puede ser una gran aliada para quitarnos tareas repetitivas y dejar más tiempo para lo importante. Pero en nuestra vida personal el equilibrio cambia. Ahí lo prioritario es la desconexión, el bienestar y las relaciones auténticas. Por eso debemos ser más cuidadosos con cómo y cuándo la usamos. También es fundamental recordar que, aunque algunas personas acuden a la IA para hablar o desahogarse, no puede sustituir la empatía de una persona real. La tecnología puede acompañar, pero no puede ocupar el lugar de un amigo, un familiar o un profesional.

© Getty Images
La IA puede ser una aliada para desconectar si le encargas tareas mecánicas, pero nunca debe sustituir la conexión humana o tu criterio

Paradójicamente, ¿puede la IA ayudarnos a desconectar y recuperar tiempo de calidad?

Sí, la IA puede convertirse en una gran aliada para desconectar, siempre que la usemos con intención y no de manera automática. Cuando le dejamos en manos las tareas más mecánicas, liberamos una parte importante de nuestra carga mental. Y eso se nota. De pronto el día no está tan lleno de microtareas, ni de esa sensación de “tener mil cosas pendientes” que nos acompaña incluso cuando intentamos descansar.

No se trata de idealizarla ni de pensar que va a resolver nuestro ritmo de vida, pero sí de reconocer que, bien utilizada, la IA puede quitarnos trabajo mecánico y evitar parte del estrés cotidiano. Delegar tareas rutinarias no nos desconecta del mundo real, simplemente nos da margen para gestionar mejor el tiempo y dedicar energía a asuntos que realmente necesitan una mirada humana, que al final es donde está el valor.

Si solo pudiera dar un consejo para aprovechar la IA sin que domine nuestra vida, ¿cuál sería su 'regla de oro' para mantener el control?

La regla de oro sería que la IA trabaje para ti, no tú para ella. Mientras mantengas el control, marques tus límites y recuerdes que la tecnología está ahí para ayudarte, no para pensar por ti, podrás disfrutar de todo lo bueno que ofrece sin perder tu criterio ni tu autonomía.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.