El 'milagro' de Sophia Loren: su hijo Carlo Ponti revela la dura realidad que la actriz ocultó durante décadas


Por qué la actriz obligaba a sus hijos a convivir con 'chicos de la calle' y cómo es su relación actual con sus nietos


© GTRES
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
31 de enero de 2026 - 10:36 CET

Hay una imagen de Sophia Loren que pertenece al mundo: la de la mirada felina, la del porte de reina en el destierro y la de los dos Oscar que custodian su salón. Esa que se ha convertido en la postal de Italia, arquetípica, popular y fascinante. Ya sea en las paredes de una pizzería, como ejemplo de voluptuosidad para una colección de lencería con aires retro, o como fuente de inspiración para una actriz, española, de Alcobendas y en estado de gracia, para dar vida a una manchega en una película de Almodóvar. 

Para ti que te gusta

Este contenido es exclusivo para la comunidad de lectores de ¡HOLA!

Para disfrutar de 5 contenidos gratis cada mes debes navegar registrado.

Este contenido es solo para suscriptores.

Suscríbete ahora para seguir leyendo.

TIENES ACCESO A 5 CONTENIDOS DE CADA MES POR ESTAR REGISTRADO.

Recuerda navegar siempre con tu sesión iniciada.

© GTRES

Pero hay otra Sophia, también matriarcal, también con carácter, también emocional y emocionante que solo conocen sus hijos, Carlo y Edoardo, que habita de puertas para adentro, fuera del foco, en su residencia en Ginebra y que, a sus 91 años, sigue siendo el pilar de una familia que ella misma construyó contra viento y marea… Porque esa tozudez le valió tener que cambiar las colinas de Beverly Hills por la Via Appia, ser vilipendiada por la italia biempensante que la acogía a regañadientes e, incluso, un cisma con el Vaticano. Su primogénito, el director de orquesta Carlo Ponti Jr., ha decidido romper su habitual discreción para desvelar cómo es la mujer en las bambalinas, Sofia Costanza Brigida Villani Scicolone o, para el mundo, Sophia Loren, una diva que habiendo nacido en la los márgenes de la pobreza —aunque a la orilla del golfo más bello del mundo (el de Nápoles)— conquistó Hollywood sin perder la gracia para, después, vivir su mayor éxito al calor de los suyos.

© GTRES

Se trataba de su primera gran entrevista en televisión. Y parece mentira. Primero, porque Carlo cuenta ya 58 años, segundo porque es director de orquesta (formado con Harold Farberman, con Mehli Mehta, Zubin Mehta, Andrey Boreyko o Leopold Hager y director de la Orquesta Nacional Rusa, de la Sinfónica de San Bernardino y la Orquesta de Cámara de Los Ángeles) y tercero porque es hijo de dos grandes del cine de todos los tiempos, la estrella Sophia Loren —de la que va esta crónica— y el productor Carlo Ponti, casi 40 años mayor que ella, y a quien le debemos películas legendarias a ambos lados del Atlántico como Doctor Zhivago, de David Lean, Guerra y Paz, de King Vidor, El desprecio de Jean Louis Goddard o La Strada, de Federico Fellini.  

"Yo digo siempre que desempeño una profesión paralela a la de mis padres; un director de orquesta debe conmover los sentimientos como un actor, tener un concepto interpretativo, como un director de cine. Con mi Orquesta de Cámara en California también consigo la financiación, porque también soy productor", respondía Carlo mirando a cámara porque la presentadora de Domenica in, Mara Venier, no había sido inmune tampoco a esa misma sorpresa. Y eso que lleva décadas, y tiene ya 75 años, acompañando a los italianos cada tarde de domingo con entrevistas en profundidad a los grandes nombres de la cultura y el espectáculo…

 
© GTRES
Sophia Loren en 1966

Pero, ¿por qué ahora? Por un sentido homenaje, los dos conciertos que ofrecerá los próximos 21 y 22 de febrero junto al tenor Pasquale Esposito en el Teatro Augusteo de la ciudad partenopea bajo el título “Celebrando Sophia Loren”.   "Es hermoso ver el amor que la gente tiene por mi madre. Te lo expresan en cuanto entras en un bar… Tienes que calmar a todos, te lo ofrecen todo gratis. Se experimenta ese amor que la gente tiene por mi madre; en febrero, cuando demos un concierto, creo que ese amor se sentirá de la misma manera". Que no vamos a hablar ahora de la Parthenope de Sorrentino pero si te echas un ojo al filme no te pierdas el personaje de Luisa Ranieri, que tiene su miga. O sí, hablemos.

 
© GTRES

Y es que, en esa entrevista, era ineludible que Carlo Jr. hablara de su madre. De la diva, sí, pero de la diva en rulos, la que habla napolitano, la que te tira una zapatilla cuando te portas mal, aunque Carlo afirme que él siempre era el bueno de sus dos hijos, “mamá, rara vez se enfada conmigo”, lo que no quiere decir que a Edoardo (el director de cine, el último que le regaló su última candidatura a los oscars, con “La vida por delante”, en 2020) si que lo hiciera. “Eso es lo que le da esa potencia en la pantalla, ese dinamismo que la ha hecho verdaderamente legendaria: esta dualidad la hizo tan atractiva como artista, porque traslada esa accesibilidad también a la pantalla y a su trabajo. Fue una leyenda mundial que jamás olvidó que nació en la pobreza de Pozzuoli”.

© GTRES

 "Es una mujer del pueblo, de todos nosotros", explicó Carlo, subrayando que esa falta de privilegios en su infancia fue lo que le dio esa "potencia y dinamismo" en la pantalla. Pero en casa, esa misma fuerza se traducía en una disciplina férrea. También, para sí misma porque tampoco se permitió que el oropel, las luces y las lentejuelas le alejaran de su familia.  "De pequeños nos llevaba siempre al set con ella, estaba siempre con nosotros, supo gestionar realmente bien la vida en familia. Mi madre no conoció una vida normal, sino excepcional, única; desde los 15 años siempre ha trabajado, por lo que de joven nunca conoció el salir con amigos, las fiestas, los ligues, las cosas que hace todo el mundo". 

 
© GTRES

“Yo nunca fui consciente de la leyenda que era mi madre, pero para mí es un honor ser el hijo de un icono cultural. Lo pienso a menudo, la suerte que he tenido de ser su hijo. De alguien tan grande como ella, y también como lo fue mi padre”, contó Carlo Ponti Jr desmitificando la imagen de la diva displicente, ausente y devorada por su carrera, siempre en brazos de príncipes, productores y Dionisos. “Mi madre siempre ha permanecido accesible, cercana… Capaz de ser 'de todos' y no solo de la élite que la consagró”. De hecho, Sophia tampoco se encontró en la disyuntiva de tener que elegir entre Hollywood y la maternidad. Para no desprenderse de ellos, los hizo crecer entre claquetas y focos, pero sin transformar nunca su fama en una sombra opresiva.

"¿Celoso de mi madre? Nunca. Al contrario, siempre he estado orgulloso. Además, nunca me impuso nada, siempre me apoyó en todo", añadió Carlo para quien su relación siempre ha estado basada en la libertad, sin expectativas asfixiantes, sino con apoyo incondicional. No en vano, fue ella quien más y mejor le enseñó que, por muy alto que uno vuele, la única red segura es la de la familia.

 
© GTRES

Sophia, remarca su hijo mayor, no fue nunca una madre de cristal. "Mi vida siempre fue normal", confiesa, recordando una infancia donde la madre, la misma que compartía plató con David Niven, Gregory Peck o Anthony Perkins insistía en que sus hijos se relacionaran con "chicos de la calle" para que mantuvieran los pies en la tierra y no entendieran que el mundo no era una alfombra roja. A pesar de los lujos, Sophia les enseñó que el trabajo duro era la única vía. Horas y horas de rodaje viendo a su madre transformarse en icono de día y volver a ser la mujer con la que convivían y protectora de vuelta a casa. Según Carlo, esa Sophia íntima es una mujer práctica, "echada para adelante", trabajadora incansable y que, aun siendo una leyenda, siempre supo dar un paso atrás para que sus hijos brillaran por sí mismos porque en casa tenían una madre en delantal no a una leyenda.  "La Navidad en nuestra casa es de convivencia, íntima; nos reunimos en familia, también con los hijos de mi hermano y su mujer”. 

 
© GTRES

Hace poco, Ponti se casó por segunda vez, un momento que recuerda bien y que hizo muy feliz también a su madre, Sophia que ejerció de anfitriona: "Tuvimos una boda simbólica en Tiflis el 26 de julio, y después en Ginebra en octubre. Fue una experiencia bellísima para todos. Mamá siempre me deja hacer en los temas emocionales; en el trabajo y la disciplina me da consejos. Desde pequeños, tanto ella como mi padre nos transmitieron la importancia de ser disciplinados, por eso lo seguimos siendo ahora". Fueron éstas las últimas imágenes que hemos tenido de la estrella y aunque su imagen era imponente, pensar en sus 91 años —solo una semana mayor que Brigitte Bardot— conmovió al mundo. Su hijo admite que Sophia vive un momento sereno, ¿que existe una "nota de nostalgia" al ser ella consciente del paso del tiempo? Sí, obviamente, pero que sigue manteniendo ese dinamismo que la hizo famosa. Sigue tan “gagliarda” como siempre. O sea, gallarda, fuerte, vivaz, con temperamento, con una pasión en la que no caben flaquezas y defendiendo como una leona a su familia, a sus nietos, los hijos de Carlo, Vittorio Leone y Beatrice Lara (cuyos anillos de bautizo, curiosamente, diseñó Brad Pitt) y los de Edoardo con la actriz Sasha Alexander. Por eso, no se abandona y aunque tiene “los achaques propios de la edad” su salud es buena y estable. 

Sigue peleona, que suya es la frase  "La disciplina es el puente entre las metas y el logro" y ese puente tuvo tablas carcomidas… Y es que para entender quién es Carlo Ponti Jr., hay que entender primero el calvario que vivieron sus padres para traerlo al mundo y formar una familia. La historia de Sophia Loren y el productor Carlo Ponti es una de las más convulsas de Hollywood… Y del Vaticano. Cuando se conocieron, ella era una adolescente y él un hombre casado. En la Italia de los años 50, el divorcio no existía y su amor fue tildado de pecado y escándalo. Sophia supo entonces que la meta no estaba en el oscar sino en ser madre por encima de todas las cosas (aunque a pesar de este cambio de en su esquema de valores, se hizo con dos Oscars, cinco Globos de Oro y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood) 

 
© GTRES

Se habían conocido un año después de que, con quince años, se alzara con la banda de Miss Elegancia de Miss Italia, el concurso de belleza con el que quería escapar de la casa de su abuelos en Napoles para hacer carrera en Roma como actriz. Tenia 16 y Carlos Ponti se fijó en ella, en esa boca, esos ojos, esa nariz, esas pestañas, esa melena, ese pecho… excesivamente grande. No le pediría que se operara como tantos otros antes, sino que le ofreció un contrato y le cambia el nombre porque ya vio en ella un allure internacional. Lo haría por Goffredo Lombardo, que se inspiró en el nombre de la actriz sueca Märta Torén para llamarla Sophia Loren. Y sí, pasó lo que tenía que pasar: se enamoraron. 

En 1957, la pareja intentó casarse por poderes en México, pero la justicia italiana los acusó de bigamia y a ella de concubina. Fueron años de persecución, exilios en Francia y la amenaza constante de la cárcel. No fue hasta 1966, tras nacionalizarse franceses para poder divorciarse legalmente de la primera esposa de Ponti, cuando pudieron casarse de verdad. Esa lucha de 16 años por estar juntos forjó el carácter protector y familiar de Sophia. Para ella, tener a sus hijos no fue un trámite, sino un milagro tras varios abortos que la obligaron a guardar reposos absolutos en habitaciones de hotel en Ginebra. Cuando Carlo Ponti Jr. nació en 1968, Sophia no era solo una actriz; era la reina absoluta del cine mundial, rodando con los más grandes, desde Cary Grant y Marcello Mastroianni, sus eternos crush de la pantalla (y no solo según las malas lenguas de la época…) hasta Chaplin, su Mr. Higgins particular… Aún así, decidió volver a Europa…. Pero ésta ya es otra historia.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.