Ana Aznar nos habla de los desafíos de la maternidad y su nuevo proyecto: "Muchas veces pasa que estás tan dedicada a tus hijos, que te olvidas de ti misma"


La psicóloga acaba de publicar su primer libro, 'Educar también es decir no. Cómo poner límites a tus hijos con amor'


Ana Aznar en una imagen de archivo© Dave Benett/Getty Images for For
31 de enero de 2026 - 6:00 CET

"Nunca había escrito nada en español", nos dice. Tampoco de divulgación. Por eso, cuando la editorial Penguin Random House se puso en contacto con ella para hacerle esta propuesta —escribir su primer libro, Educar también es decir no. Cómo poner límites a tus hijos con amor—, "me hizo mucha ilusión. Me pareció un proyecto muy bonito, que llegaba en un buen momento para mí y me animé a hacerlo", nos confiesa Ana Aznar. El resultado es una guía práctica y realista sobre la crianza —que salió a la venta el pasado 22 de enero—, con la que espera facilitar a los padres "el educar a sus hijos y, sobre todo, que, cuando lo lean, se encuentren con menos culpa". 

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Nos advierte que no existe ninguna fórmula mágica para conseguir que tus niños "salgan bien"—como suelen consultarle tantos padres—, pero cuenta con sobrada experiencia —"los que tenemos más de un hijo, sabemos que cada uno es diferente" por mucho que crezcan bajo el mismo techo—, y con la ciencia como 'arma', porque todo lo que explica, incide, "está basado en la evidencia científica". 

© Penguin Random House
Tras años dedicada a la investigación y a la docencia, Ana Aznar acaba de publicar su primer libro "Educar también es decir no. Cómo poner límites a tus hijos con amor"(Editorial Vergara), que nace de su experiencia en el mundo de la Psicología. "Me hizo mucha ilusión. Me pareció un proyecto muy bonito, que llegaba en un buen momento para mí y me animé a hacerlo", nos dice

La Psicología es su mundo, sin embargo, llegó a ella casi por casualidad. "Cuando tenía que elegir carrera, no sabía muy bien qué escoger. Dudaba entre Derecho, Historia… Psicología no lo había pensado. Fue mi madre la que me lo propuso, me dijo: "¿Por qué no Psicología, Ana? Yo creo que te puede encajar". Me gustó la idea y me lancé. De todas las asignaturas, la que más me gustó fue Psicología del Desarrollo, Psicología Infantil. El tema de la crianza y la educación me fascinó desde el principio". 

Con veinte años, se fue a Londres para completar su licenciatura en The Open University, y después de hacer un máster en Psicología Infantil Aplicada y doctorarse en Psicología Infantil por la Universidad de Kingston, se ha dedicado a la investigación y la docencia. Ahora, como profesora adjunta en la Universidad de John Cabot, aunque Ana es, por encima de todo, madre de "cuatro hijos maravillosos" —Alejandro, Rodrigo, Pelayo y Alonso—, junto a su marido, Alejandro Agag, con los que vive en Roma.

© Penguin Random House
© PENGUIN RANDOM HOUSE
Portada del libro de Ana Aznar, que salió a la venta el pasado 22 de enero

El reto de educar en el siglo XXI

No es ningún secreto que Ana creció en un entorno tan particular como el Palacio de la Moncloa. Tenía quince años cuando su padre, José María Aznar, ganó las elecciones generales de 1996, y se convirtió en presidente del Gobierno de España —lo sería durante ocho años—, pero ella ha construido su propio camino y muy lejos de la política. Con la discreción que siempre ha llevado por bandera, nos confiesa que "me considero inmensamente afortunada con la vida que tengo, con la familia de la que vengo. Estoy agradecida". "Me apoyan en todo y eso es lo más importante que podemos tener. Una familia y unos amigos que te quieran y estén ahí para ti".

—Comienzas el libro hablando de toda esa información y, a la vez, desinformación que nos rodea sobre cómo educar a los hijos.

Yo creo que, al final, los padres de hoy lo queremos hacer bien y buscamos información, lo que está fenomenal, porque las investigaciones dicen que los padres que están informados se sienten más seguros cuando educan, lo disfrutan más, pero es cierto que hay mucha desinformación. Las redes sociales, internet… Debemos tener cuidado, ser conscientes de a quién escuchamos, a quién seguimos. Todo lo que hablo en el libro está abalado por la ciencia.

—Dedicas un capítulo entero a las madres.

Sí. En los libros de crianza (que hay miles) siempre me llama mucho la atención que la madre solamente se menciona en tanto en cuanto lo que hace incluye al niño… pero, en el fondo, no se le tiene en cuenta para nada, ni lo que quiere, cómo quiere, sus comportamientos... Y creo que es muy importante dedicar a las madres un poco de atención, porque, al final, la salud mental de nuestros hijos depende en gran parte de cómo estamos nosotras. Como sociedad, tenemos que preocuparnos de apoyarlas un poco. Por eso mi último capítulo se lo dedico a ellas, a hablar sobre la experiencia de la maternidad, cómo nos cambia, qué nos pasa... El cambio a la maternidad está muy poco estudiado y se está viendo cómo el cerebro de una mujer cambia de una manera brutal cuando se convierte en madre. Pienso que es muy interesante que las madres sepan qué les pasa cuando se convierten en madres, saber que no vas a disfrutar cada minuto del camino, que vas a tener momentos de aburrimiento, de tristeza… y que no pasa nada. Hay muchos mitos alrededor de lo que es una buena madre o lo que es una madre Desmitificar la idea de que la madre siempre es perfecta. A mí la palabra "buena madre" no me gusta nada. Hay mucho que explicar sobre el proceso en el que una mujer se convierte en madre.

—También pones tu propio ejemplo para explicar que, a veces, parece que, al ser madre, "desapareces", y todo tu mundo son tus hijos.

Claro. Es el mito de la madre perfecta, la que siempre está para los niños, contenta, nunca pierde los papeles, está en casa, presente… No existe la madre perfecta, tampoco el padre perfecto. Intentar llegar a ese mito solo produce malestar porque es imposible. Y luego, encima, se añaden las redes sociales, que nos venden continuamente esa imagen… Nos tenemos que dar cuenta de que, sientas lo que sientas, es normal; y está también la idea de que si tú, como madre, te ocupas de ti misma y te cuidas, eres una egoísta. Esto no es así. Nos tenemos que cuidar, ocuparnos de nosotras porque tenemos que estar bien. Y cuando hablo de cuidarnos no hablo de irnos a la peluquería, ¿no? Que también. Hablo de no perder tu identidad en la maternidad, que eso pasa muchas veces, que estás tan dedicada a tus hijos, a lo que pasa en tu familia, que te olvidas de ti misma… Está muy bien ocuparnos de nuestros hijos, pero no a costa de olvidarnos por completo de nosotras mismas.

© @penguinlibros

—¿Qué sucede cuando te olvidas por completo de ti misma?

Te diluyes… y, al final, te puedes acabar quemando. Si tú solo das, das, y no recibes nada… te quedas sin energía y ahí llegan los problemas de salud mental; vemos a madres que entran en depresión o que sufren el síndrome del agotamiento. Y no hay que llegar a esos extremos porque va a ser malo para ti y para los niños. Hay que cuidarse, tener apoyos y tiempo para una misma. Eso no quiere decir que no te ocupes de tus hijos, pero también hay que ocuparse de uno mismo.

—En REC Parenting, me imagino que os llegarán muchos casos

Claro, ahí vemos madres con un sentimiento de culpa, que están siendo juzgadas, que les da miedo equivocarse, que se sienten solas. La soledad es un problema que también vemos mucho y no es buena ni para nuestra salud mental, ni para la salud física ni para nuestros hijos. Me centro mucho en ellas porque los estudios dicen que todavía somos las que criamos más a nuestros hijos, no estoy diciendo que los padres no tengan problemas, que por supuesto los tienen, pero lo que más vemos son madres que no lo encuentran fácil.

—Y también está el tema de la conciliación, que siendo madre de familia numerosa, puede ser más difícil...

Total. Los estudios dicen que, aún en las parejas en las que los dos trabajan, la carga mental sigue recayendo en su mayor parte en ellas. Tienen mucho menos tiempo libre y esto hace que les resulte mucho más difícil conciliar.. Tenemos que apoyar a las familias para que resulte más fácil la conciliación. Además, m´ en un momento como en el que estamos, con un problema de natalidad… Si queremos que la gente tenga hijos, habrá que apoyarles.  

—¿Alguna vez has sentido también esa presión de tener que ser la madre perfecta?

Sí, claro que sí. Yo creo que casi todas las madres. Tenemos que recordar siempre que la madre perfecta no existe, no entrar en esa espiral negativa de "no lo hago bien"… Al final, las madres tenemos culpa cuando estamos trabajando y no con el niño, cuando estamos con el niño y no trabajando… Siempre hay una culpa permanente. Para mí, eso hay que repensarlo, porque lo que sentimos en ese momento no es culpa. Cuando, como madre, me estoy ocupando de todo lo que tengo, no lo estoy haciendo mal, lo que tengo es tensión porque tengo muchas cosas en el aire y lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Cuando sintamos eso, tengo que pensar: ¿He hecho algo malo? Si no es así, no es culpa, es tensión. Y creo que repensándolo así conseguimos arrinconarla.

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Ana con sus hijos y sus padres el expresidente del Gobierno José María Aznar y su mujer, Ana Botella, que ahora es presidenta ejecutiva de la Fundación Integra. "Me considero inmensamente afortunada con la vida que tengo, con la familia de la que vengo", nos confiesa

Asesorar a los padres

—Lo que está claro es que el mundo de la crianza está polarizado. ¿Tú cómo lo vives? Porque todo son extremos y críticas.

En esto de la crianza es muy complicado acertar. Por una cosa u otra te van a criticar. Estamos en un momento en el que se juzga a los padres y, sobre todo, a las madres. Y no lo digo yo, lo dicen los estudios.

—Como ya indicas en el título, hablas de esos límites que, a la hora de criar, son tan necesarios… ¿Por qué crees que cuesta ponerlos? ¿Hay miedo de volverse autoritarios?

Creo que muchos padres de hoy crecieron en familias autoritarias, en la que el modelo era "aquí se hace esto porque yo lo digo" y se han querido acercar a sus hijos. Eso está fenomenal, lo que pasa es que se han ido al otro extremo: al ser amigo de mi hijo, a no poner límites… Tenemos que volver a un punto intermedio y darnos cuenta de que se puede ser cercano, poniendo límites (y los ponemos porque les queremos). 

© Getty Images

—Tratas, también, el tema de las diferencias entre generaciones (siempre se tiende a pensar que la anterior fue mejor). ¿Por qué crees que se idealiza el pasado?

Creo que es innato al ser humano lo de idealizar el pasado. Tendemos a recordar lo bueno y a ignorar lo malo, pero hago mucho hincapié en eso, en que, en el fondo, no educamos en un vacío, sino en el contexto en el que vivimos, entonces comparar a los niños de hoy en día con los de hace 40 años poco tiene que ver. Decir que los niños de hoy son un desastre, que no saben nada, que son mucho peores, que son flojos... No creo que nos lleve a ningún lado y además no creo que sea cierto.

—Y está la convivencia entre generaciones, que a veces puede ser complicada

Claro que es complicada Al final educar con otra gente, por un lado, es una bendición porque te ayudan y porque al niño le beneficia. Sabemos, por ejemplo, que los abuelos que tienen contacto con sus nietos suelen tener mejor salud, pero también trae problemas porque, al final, en el tema de la crianza y el de la educación, todo el mundo tiene una opinión. Y las opiniones son muy diferentes, hay que saber llevarlas, gestionarlas y entenderlas. Creo que hay que recordar siempre que tu madre, tu padre, tu marido, a lo mejor tienen una opinión diferente a la tuya sobre lo que hay que hacer, pero todos queréis lo mejor para el niño, aunque a veces no estemos de acuerdo.

—En tu caso, por ejemplo, ¿cómo gestionas esas opiniones de tu entorno?

Bueno, yo creo que hay que escuchar siempre, y luego, también, poner límites. A veces hay que decir: te escucho, respeto tu opinión, pero no estoy de acuerdo, vamos a ver cómo lo hacemos. 

"Claro que he sentido esa presión de tener que ser la madre perfecta, yo creo que casi todas"

—Comentas que los niños son menos benévolos a la hora de juzgar cómo les educaron sus padres. ¿Crees que por eso muchos intentan distanciarse?

Pienso que, al final, cuando tienes un hijo, te planteas qué te gustó de cómo te educaron a ti, qué cambiarías… Intentas hacerlo lo mejor que puedes y aprecias más a tus padres, las dificultades que tuvieron, todo lo que hicieron por ti, los esfuerzos… Nunca aprecias a los padres hasta que no tienes hijos.

—Haces bastante hincapié en los valores como un factor determinante en la crianza. ¿Suelen ser los que heredamos de la familia?

Muchos sí. Cuando los padres te preguntan qué hago para que mi hijo salga bien, lo primero que hay que definir es qué es que salga bien para ti, porque cada uno tenemos una idea diferente de lo que es que un hijo salga bien. Igual, para ti, es fundamental que tu hijo saque buenísimas notas; para otro, con que apruebe, es suficiente... Esos son los valores. Pienso que hay que tener claro qué es lo que tú quieres para tu hijo, qué valores le quieres dar. Muchas veces, sobre todo en la sociedad que tenemos hoy en día, vamos muy rápido, y estamos centrados tan en hacer que nos olvidamos del para qué. ¿Qué queremos que aprenda en la vida? ¿Qué valores queremos que siga? Yo creo que está bien hacer un ejercicio de sentarse y plantearse qué queremos para nuestro hijo; y si tienes pareja, hacerlo con ella. Efectivamente, muchos valores vienen de los que nos dieron a nosotros. Sobre todo si te gusta esa educación que te dieron tus padres, probablemente tus valores van a ser muy parecidos a los que a los que te dieron a ti, pero pienso que tener claros tus valores, te hace la crianza más fácil. Porque sabes qué le quieres transmitir a tu hijo.

—Además del libro, está REC Parenting, para apoyar y asesorar a los padres, ¿cómo nació este proyecto?

Yo siempre estaba en la universidad y como mi especialidad es la Psicología Infantil, me llamaban con mucha frecuencia amigos o gente conocida, preguntándome: "Tengo un problema con este niño, ¿qué hago? ¿Adónde voy?". Durante mucho tiempo pensaba que debería haber un sitio al que los padres pudieran ir, sabiendo que hay unos profesionales cualificados y formación de calidad, y eso es REC Parenting. Durante la pandemia, creo que, como mucha gente, nos replanteamos la existencia, decidí lanzarme y empezar REC, y la verdad es que muy bien, vamos poquito a poco, trabajando con padres y disfrutándolo mucho momentos de soledad.

"Pienso que, al final, cuando tienes un hijo, intentas hacerlo lo mejor que puedes y aprecias más a tus padres, las dificultades que tuvieron, todo lo que hicieron por ti, los esfuerzos…"

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Ana con su marido, Alejandro Agag, con quien se casó en el año 2002, y es padre de sus cuatro hijos, Alejandro, Rodrigo, Pelayo y Alonso

—El ser madre, ¿te ayuda a ponerte en su lugar?

Sí, porque, al final, la teoría está muy bien, pero luego hay que ponerla en práctica, y cuando eres madre te das cuenta de que hay momentos en el que pierdes la paciencia, te equivocas… Te da una experiencia práctica y te hace empatizar mucho con el padre o madre que tienes delante.

—Los psicólogos tenéis que escuchar durante muchas horas problemas, situaciones... ¿Es difícil que no te afecte personalmente?

Yo creo que todo profesional de la salud mental en cualquier ámbito, es muy importante que se cuiden ellos mismos, porque, al final, claro, escuchas muchas cosas, pero llegas a casa y lo sufres porque te preocupa lo que escuchas.

—Al final, como psicóloga, tendrás muchas herramientas, pero suele ser difícil poner en práctica la teoría. ¿A ti te pasa?

Creo que todos caemos en pensamientos negativos y en maneras de pensar que no nos benefician. Al final, al teoría es una cosa y luego ponerlo en práctica, totalmente, y cuando estás cansada o en un momento más complicado de la vida, se vuelve más difícil. por eso tenemos que tener gente con la que hablar, en la que apoyarte y hacer cosas que te vengan bien (deporte, dormir bien, comer bien...). Cosas muy básicas. 

—En otra entrevista, comentaste que también pasaste momentos duros durante la maternidad y aprendiste a estar sola.

Sí… Yo fui una madre joven y estaba fuera, en Inglaterra. Y sí recuerdo tener momentos de soledad. Los manejé como pude, con las herramientas que tenía en ese momento. Ojalá pudiera volver atrás con la experiencia que tengo ahora, pero aprendes a gestionarlos, a estar sola, que también es bueno aprender a estar con uno mismo.

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