Dolly Parton, la 'barbiewire' del country, cumple 80 años: analizamos la carrera y el estilo maximalista de este icono genuinamente americano


La carrera de Taylor Swift despegó cuando fue nombrada su heredera musical, amadrinó a Miley Cyrus y ahora, es una 'rockstar' junto a Damiano David


Dolly Parton© Getty Images
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
22 de enero de 2026 - 21:03 CET

Una melena extra esponjosa. Rubia, muy rubia. Oxigenada. ¿Pecho? Voluminoso. Al borde del desbordamiento. Ahora, eso sí, siempre, sujeto. Pongamos que con cruzado mágico, con unas ballenas, con unos aros o con todo junto. ¿Del maquillaje? Pues, mucho. Brillante, nacarado, en gama de foster violeta, frambuesa, ciruela… Cintura de avispa. Con un buen cinturón. Charol, obvio. Y luego, botas camperas. Y flecos y strass y lentejuelas y hombreras y monos y shorts y manga farol o jamón o japonesa… Se lleve o no se lleve (mejor, si no se lleva, por si cabía la duda) y, en todo lo alto, siempre y cuando la laca lo aguante, un sombrero de cowboy para coronar el outfit. Porque, sí, señores, ella es la reina, la del country, un icono genuinamente americano como la cerveza Budweiser, los cigarrillos Marlboro, los Levis’ 501 y las hamburguesas de cuarto de libra. Y esta semana, ha cumplido 80 años. Ella es —si no lo has adivinado ya— Dolly Parton.

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Parece mentira, pero sí. Aunque esta cantante, empresaria, actriz, diseñadora, rockstar y tótem del siglo XX parezca paralizada en el tiempo. En un momento, por cierto, poco concreto entre los 70’s y los 90’s del “Gran Lebowsky”. Y pese a haberse subido también al carro, y con éxito, del rock (disputándose premios con Paul McCartney, Ringo Starr o Sting)—y la moda denim

Dolly ha soplado 80 velas. Eso presuponemos. Que lo haya hecho, al menos, en la intimidad de su hogar porque la cantante, quién sabe si por una salud delicada o por la tristeza, está desaparecida. Carl Dean, su marido desde 1964, murió en marzo de 2025 rompiendo así con sesenta años “maravillosos juntos. Las palabras no pueden hacer justicia al amor que compartimos”, dijo entonces. Y sí, su desaparición cerraba una de las historias más estables, menos públicas y más púdicas del show business.

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Dolly Parton (izq.) y Miley Cyrus actuando en el escenario durante la 61.ª edición de los Premios Grammy de 2019

Sea como fuere, la cantante, que volvió a los primeros puestos de las listas —no del country, que ahí ocupa un casi institucional número 1, sino en los del mainstreamcon una nueva versión del clásico Jolene, ha estado ausente de todos los homenajes que se han celebrado de Nashville a Texas pasando por Tennessee y aledaños. Nos tuvimos que conformar con un escueto mensaje grabado que se retransmitió para el mundo el sábado pasado en el templo del country, el Grand Ole Opry de Nashville. 

“Algunos de mis recuerdos favoritos ocurrieron en este escenario, y ojalá pudiera estar ahí en persona, pero os mando todo mi cariño”. Sin más. Sin drama. Sin detalles. Pero emocionante. Quién sabe si es que ya había dicho todo lo que tenía que decir. De su cumpleaños, queremos decir. O musicalmente, que hay artistas que eso de poner mensajes —poco— encriptados en sus canciones se les da de perlas (¿alguien a dicho Pantoja? ¿Shakira?). 

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Y, sí, claro, lo habría hecho a través de su último hit. Una versión revisada de su tema Light of a Clear Blue Morning, grabada junto a Lainey Wilson, Reba McEntire, Queen Latifah y Miley Cyrus cuyos beneficios se han destinado íntegramente a la investigación del cáncer pediátrico en el Monroe Carell Jr. Children’s Hospital. 

Y para cuya presentación, que aquí viene la frase, declaró lo siguiente: “Escribí Light of a Clear Blue Morning en una etapa en la que estaba buscando esperanza, y cincuenta años después ese mensaje sigue siendo igual de verdadero. Al celebrar mis 80 años, esta nueva versión es mi manera de devolver parte de lo que he recibido”. O sea, amor. Y el amor puro no tiene fecha de caducidad. ¿no es eso?. 

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Dolly Parton durante su actuación en el festival de Glastonbury

El caso es que ya en septiembre, Parton, la novia del medio oeste americano y hoy también abuela sexy de la Gen Z (¿o es que no has visto cómo esta señora es capaz de fundir los plomos a Damiano David del subidón al que le somete?) pospuso su concierto anual en la capital de los casinos 32 años sin haber faltado a su cita ininterrumpidamente. 

Alegaría “motivos de salud”, los mismos que en noviembre, cuando también se ausentaba de la apertura de la temporada de Dollywood, su propio parque temático, a la que no faltaba desde su inauguración en 1986. Por el medio, para rizar el rizo, un susto. El de Freida. Se le ocurría pedir una oración por la salud de su hermana, las redes ardían como el infierno y Dolly se veía obligada a responderles con un “Todavía no me he muerto” que dio la vuelta al mundo en forma de titular. 

Ser tan provocadora, despampanante y tan maravillosamente hortera era una opción de vida, una manera de ser y, por lo tanto, ante un mundo tan homogeneizado, una lucha contra los convencionalismos sociales y ¿qué es el buen gusto sino una norma aceptada como correcta por la masa? Dolly Parton plantó batalla y, sus armas crearon escuela

De todas maneras, si es que hablamos por hablar y en realidad Dolly ha pasado de pintarse el ojo y subirse al tacón para ponerse ciega a tarta de ruibarbo y helado de vainilla delante de la tele, eso no ha sido óbice para que el planeta (y ¡HOLA!) no nos hayamos acordado de ella. Que el gobernador de Tennessee, el republicado Bill Lee, firmó un decreto con el que declaró el 19 de enero como el Dolly Parton Day y la nombró “hija favorita” del Estado, que no todo iban a ser rúbricas en listas negras de libros prohibidos... Porque tal día como el lunes pasado de 1946 nacía este mujerón en el condado de Sevier. 

Y lo hacía en el seno de una familia que bien podría haber protagonizado Las uvas de la ira, de John Steinbeck porque en ella (en una familia blanca sin pedigrí) se ejemplificaba, como en tantas otras, ese Sur de algodonales y té helado en el que o bien eras Escarlata O’Hara o una olvidada de la Tierra. Y ella pertenecía a las segundas. Sin embargo, logró convertirse en un símbolo. 

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Dolly Parton recreando los looks de Madonna en el 1992

Primero de algo muy local, en esa “pueblerina de armas tomar” que es capaz de todo lo bueno en el país de las oportunidades a golpe buen corazón y trabajo, para, después, pasar a ser una figura transversal del imaginario cultural estadounidense de, precisamente, lo estadounidense. Que si hablamos de trabajo, la carrera de Dolly es más que difícil de igual. Y de comprimir. 

Diez Grammys conseguidos en más de 50 candidaturas; éxitos tan inequívocamente countries como Jolene, Nine to five, I Will Always Love You que, sin embargo, forman parte de la memoria sentimental colectiva de los cinco continentes; papeles memorables en el cine como Magnolias de Acero (donde le robaba algún plano que otro a Julia Robers y a Daryl Hannah), Nine to five (“Cómo eliminar a tu jefe”) haciendo lo propio con Jane Fonda… O La casa más divertida de Texas, compartiendo plano (sin cama) con Burt Reynolds al más puro estilo Maureen O'Hara y John Wayne, pero en su versión más taky…, Y todo esto sin mencionar una capacidad única para para gestionar su propia obra, conservando los derechos de sus canciones cuando ésta era una práctica para nada común… (eh… ¿Taylor Swift?) 

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Dolly Parton, sujetando su micrófono, allá por el 1976

Y si nos referimos a ese corazón “más grande que las tetas”, que diría Cristina Marcos de Bibiana Fernández en Tacones Lejanos, cómo no prestar atención por ejemplo a la Dolly Parton’s Imagination Library, fundada en 1995 en su condado natal, que envía libros gratuitos a niños desde su nacimiento hasta los cinco años, que ahora se enfrenta a la administración Trump (¿has visto el docu EE. UU.: censura en las bibliotecas? Pues eso, apúntatelo) y distribuye más de dos millones de libros al mes. Más de 200 millones de ejemplares en 30 años.

Ahora bien, si algo ha logrado Dolly Parton es brillar tanto como para ser un diamante y parecer falso. Y, ya sabes, “Qué difícil es ser un diamante en un mundo de cristales de strass”. La frase es suya, como tantas otras fantasías. Y lo de brillar no era una metáfora. Ella refulge también en el sentido más literal del término. En el estético. Y “el público se sorprendería de lo caro que resulta parecer así de barata".  Mola la frase… Pero no se quedaba ahí. 

En su pódcast de estilo, reveló que al comienzo de su carrera, su productor, Chet Atkins, le pidió que por favor, fuera un poquito más sencillita. "Me dijo: 'Dolly, no creo que la gente te tome en serio como cantante y compositora a menos que simplifiques tu imagen. Eres una chica muy guapa, no necesitas todo esto'. Yo le respondí: 'Está bien, tendré en cuenta su consejo, Sr. Atkins. Gracias'. Y, por supuesto, seguí vistiéndome como me daba la gana"

Ser tan provocadora, despampanante y tan maravillosamente hortera era una opción de vida, una manera de ser y, por lo tanto, ante un mundo tan homogeneizado, una lucha contra los convencionalismos sociales y ¿qué es el buen gusto sino una norma aceptada como correcta por la masa? Dolly Parton plantó batalla y, sus armas crearon escuela (también en el rock, en el punk ¿o es que pensabas que Nina Hagen o Amy Winehouse no tenían nada que ver con ella?). 

No lo hacía por nada ni por nadie. O sí. Probablemente, la pelea era consigo misma, ser la mejor versión de sí misma, pero para lograrlo, nos arrastró consigo. Ella sumó y sumó hasta convertir el más es más en algo fuera de la norma, en algo sin complejos, en algo… Político. 

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Dolly Parton ensaya para los premios Dove de la Asociación de Música Góspel, hacia 1989, en Nashville, Tennessee

Como contábamos párrafos arriba, su llegada a este mundo no fue en una cama estilo Hollywood ni tampoco bajo las columnas dóricas de una mansión paladiana en medio de la plantación… Nada que ver. Ocurrió en una caravana apostada en ninguna parte sin rumbo ni orientación y, allí, su madre le confeccionaba los vestidos a base de retales, de ropa vieja y sacos de pienso. 

A ella y a sus diez hermanos (¿ahora pillas de donde viene el tema “Coat of Many Colors?) … ¿Cómo no iba a soñar esa niña por jumpsuits de perlas y lentejuelas si la opulencia más cercana a la que podría tener acceso era la del nylon de supermercado? Allí, sus fuentes de inspiración estaban en las chicas menos decentes del pueblo y quizás la (in)decencia era otra cosa. 

“Un día, vi a una mujer impresionante. No sabía quién era, solo veía que era rubia con tacones altos y faldas ajustadas... mi madre decía: 'Niña, no la mires, que es solo basura', pero yo pensé: 'Eso es lo que quiero ser de mayor: basura'”. 

Y tiene bemoles porque cuando ella ha intentado “reformarse”, su cuerpo, de natural, lo rechaza. "Tengo piezas hermosas y caras, pero no en casa, no las uso. La mayoría son de oro, pero no me las puedo poner porque soy alérgica. Incluso la plata me irrita la piel. Solo puedo usar platino. Pero debo decir que me gusta más el strass que las joyas auténticas, así que no me importa". Porque lo suyo, obviamente, es lo artificial. Y hoy constituyen parte de la Historia de la Moda sui generis o no.

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En su pódcast de estilo (sí, claro, tiene podcast, ¿qué te pensabas?) reveló que al comienzo de su carrera, su productor, Chet Atkins, le pidió que por favor, fuera un poquito más sencillita. "Chet dirigía la RCA en aquel entonces. Me llamó aparte porque le caía muy bien y me dijo: 'Dolly, no creo que la gente te tome en serio como cantante y compositora a menos que simplifiques tu imagen. Eres una chica muy guapa, no necesitas todo esto'. Yo le respondí: 'Está bien, tendré en cuenta su consejo, Sr. Atkins. Gracias'. Y, por supuesto, seguí vistiéndome como me daba la gana. Años después, cuando ya era una estrella, se me acercó y me dijo: 'Entonces, ¿te alegras de haber seguido mi consejo?'".

Su “vestirme tal y como me da la gana” es, en resumidas cuentas, conocer su cuerpo y no disociarse de él. O sea, entender cuáles eran sus formas y, en lugar de enmascararlas o suavizarlas, o esconderlas, ella las ponía en (sobre)valor. "Soy bajita y menuda, con cintura estrecha y mucho pecho, así que potencio eso". Dame un escotazo, dame un corpiño, dame una minifaldacinturón. Con lo que te queda claro que no son los estilistas quienes estudian su look, sino que es ella quien "dollyza" las prendas que su equipo le propone porque "No hay nada peor que ir a un evento con algo que te hace sentir incómoda. No hay que seguir más reglas que las propias". Y para esas mujeres con figura reloj de arena que no insecto palo, ha inventado los joleans: O sea, unos vaqueros que son "Un poco country, y un montón glam", en edición limitada y en colaboración con Good American, únicos y necesarios para seguir los pasos de la diva del Va-va-voom.

Que si no nos había quedado claro, si hay algo por lo que vivir, eso es el too much y el too much no tiene edad. “¿Que cumplo 80 años? Sí, pero no me siento distinta a cuando tenía 40”. De ahí que los shorts y los crop- tops sigan en su armario como el primer día. Más es más siempre y si ese adverbio le añadimos el adjetivo corto, pues también nos vale. Y no es cuestión de coquetería. Ni tampoco de pasar horas y horas cambiándose de ropa o a vueltas con la skin care rutine En realidad, la escuchas y dices, “qué razón tiene, me voy a pintar como una puerta que llego tardísimo al curro”: "Cuanto más intentas tener un look natural, más parece que tardas. Mi estilo es mucho más sencillo porque sé que no será realista. Me pongo una peluca, colorete y pestañas postizas y estoy lista. En realidad, puedo prepararme más rápido que la mayoría de las chicas". 

¿Es no es divina? Pues sigue leyendo: "Creo que cualquiera debe descubrir quién es realmente, qué le hace feliz y con qué se siente cómodo. Si crees que te ves mejor siguiendo tu instinto, solo así estarás bien de verdad. Creo firmemente que cada uno debe aferrarse a las pequeñas cosas que ama. Para mí, la moda es eso". Y para nosotros, la moda eres tú. Pura fantasía.

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