Samantha Vallejo-Nágera y el futuro que imagina para Roscón: "Lo tengo todo bastante organizado. Qué será para él, quién estará con él si yo no estoy..."


Cuando su hijo cumple 18 años y la cocinera acaba de cerrar la etapa 'MasterChef'


Samantha Vallejo-Nágera abrazando a su hijo Roscón© PEPE BOTELLA
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
18 de enero de 2026 - 15:53 CET

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”. La frase es de Eleanor Roosevelt y en la portada del número de esta semana, que es toda una belleza, hablamos de sueños. De sueños cumplidos y de sueños también por cumplir. Porque, por un lado celebramos el 18 cumpleaños de Roscón, el hijo mediano de Samantha Vallejo-Nágera. Un chaval que, como todos los teenagers de 18 años, juega a ser adulto —a ver, que lo es, que, con 18 años, uno se convierte en sujeto de muchos derechos y de obligaciones— pero que, al mismo tiempo, para un padre y para otro montón de cosas, sigue siendo un niño. 

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© PEPE BOTELLA
Roscón, dándole un beso a su madre

Un niño que, tal y como nos cuenta la chef, además, es muy despierto. Un tipo genial, divertido, hablador, simpático, líder, que se hace querer, muy protagonista, y también, especial. Hoy reparte su tiempo entre juegos, aprendizajes, amigos, alguna que otra “novieta” y el baile. De hecho, si algo le gustaría que ocurriera a Samantha en el futuro es que su hijo se convirtiera en bailarín de musicales. 

Pero por otro, que nos quedaba el otro envés de la moneda, Samantha no es una mujer de futuribles. Tampoco es de construir castillos en el aire. Ella es una mujer de presentes. Muy de “el aquí” y “el ahora”. También, de ver el vaso siempre medio lleno más que medio vacío. Una mujer que se arriesga, a la que le aburre la rutina —no en vano, acaba de dejar MasterChef, el buque insignia culinario de La Primera para respirar aires nuevos cuando va a toda máquina—.

En definitiva, es una mujer que se la juega, que no tiene miedo, que se remanga… Lo que en el argot se llamaría “una echá pa’lante”. Sin embargo, hay cosas que, por muy de recursos que seas, por muy de sacar leche de una alcuza que te consideres o por muy de improvisar e improvisar bien, debes tener previstas. Sin el de. Que como decía Simone de Beauvoir, si quieres cambiar las cosas hay que actuar ya y ella lo ha hecho. El futuro cuando las herramientas son muchas pero no son todas hay que atarlo bien atado. Samantha lo tiene. Que ahora está y está muy presente pero cuando no sea así, miedo (a qué pasará con Roscón), ninguno.

© PEPE BOTELLA
Samantha, abrazando a Roscón

—Acabamos de saber que dejas MasterChef después de 13 años en la cresta de la ola. ¿Te apetecía probar otros caminos? ¿Volcarte en otras cosas? ¿Cambiar de aires? ¿Todo junto?

Pues un poco... Todo junto (risas). MasterChef ha sido una etapa súper enriquecedora. Etapa de 13 años, que se dice pronto. Años en los que me lo he pasado bomba. Porque yo soy una mujer de retos a la que le gusta descubrir y retarse y también, porque soy super positiva, de las que ven siempre el vaso medio lleno, con lo que ha sido una paliza tremenda, pero satisfactoria; que llegaba a casa derrengada, que la gente me preguntaba qué cómo podía llegar a todos, —que tengo 60 noviminas a mis espaldas—, pero en la que he disfrutado mucho y ahora, quizás era el momento del cambio. Me llevo dos amigos. Me llevo una experiencia. Me llevo un aprendizaje… Pero también una necesidad. Hacer algo nuevo. Que mi hijo Diego solo me conoce como Samantha la de Masterchef porque tiene 14 años  y yo llevo 13 en el programa cuando, en realidad, soy Samantha del Catering Samantha de España, con años y años de trabajo, de bodas, de fiestas, de eventos…Estoy segura de que al programa también le vendrá bien. Los cambios siempre son buenos. Yo soy super creativa y se me dan fatal las rutinas… Estoy con ganas de meterme en otros embolados. En Decomaster, por ejemplo, donde lo de estar con el mono haciendo de todo y además concursar con Colate ha sido una pasada. Te podría decir que soy una Samantha nueva. Renovada. Así me siento. Y muy feliz. Y ansiosa con todo lo bueno que viene que es mucho. Hoy, que es un día lluvioso y feo de enero, me parece que cae confetti (risas)

—El nombre de "Roscón" es ya una marca de alegría en España. ¿Por qué crees que la gente le quiere tanto?

Es verdad. Hemos conseguido eso. Y creo que la gente le quiere tanto porque él, como todos los niños, es genial. Al final, he dado visibilidad en mis redes a un niño que es genial, como todos sus compañeros, con síndrome de Down o con discapacidades. Cuando la gente conoce a Roscón y a sus amigos, quieren tanto a sus amigos como a Roscón: tienen un encanto especial. Tienen esa espontaneidad divertida, cariñosa, pero retadora, que te engancha.

—¿Qué es lo más importante que Roscón te ha enseñado sobre la vida?

Estos niños ven la vida sin filtro, sin presión social. Ven el amor incondicional de una persona hacia otra como un sentimiento real. Ellos son amor, son diversión… A veces, también unos truhanes de mucho cuidado (risas) Tienen sus piques, sus peleas porque todos quieren ir delante en la ruta, porque todos quieren ser protagonistas... El mío, siempre. Le encanta (risas). Pero a mí me parece bien. Me parece positivo que sea así. Yo le dejo ser como es.

© PEPE BOTELLA

—¡18 años! ¿Cómo ha cambiado la personalidad de Roscón en este último año?

Ya es un adulto. Y ellos lo estudian muchísimo en el colegio. Aprenden qué significa ser mayor, cómo relacionarse, saber las cosas que tienen que hacer en privado y qué en público porque llegan a un punto en su vida que tienen muchísimas ganas de hacer cosas de mayores...  Ya sabes, de tener novias por ejemplo, y tienen que saber qué significa tener novia. Que la novia es una persona independiente y que tiene que ser un amor recíproco, porque, mira, Roscón cambia de novia cada día. Y ya le he dicho: "Eso no se puede hacer. Cuando tú tienes novia, ella también tiene que estar de acuerdo. Y es una decisión consensuada". Aprenden también el buen uso de la tecnología, a cómo usar el móvil, cómo ser autónomo, a coger el metro... Y es alucinante cómo lo aprenden todo.

—¿En qué te pareces tú a Roscón?

Roscón es exactamente igual que yo. Es fiestero, divertido, sociable, rápido, hiperactivo, creativo. Le gusta el karaoke, le gusta cantar, le gusta el escenario, le gusta hablar en público. Pues eso, se parece mucho a mí. 

—¿Cuál es el mayor sacrificio que has hecho por él y que volverías a hacer mil veces?

Yo creo que… ninguno. Es que yo, por mi hijos, no hago sacrificios. Para mí, ser madre es una vocación. Me sale del alma. Y para mi, estar con Roscón es mi plan. El mejor. Hoy en día me lo cojo, me lo llevo en la moto y me lo paso como una enana. Es una persona con la que es muy divertido compartir la vida. Si te fijas, te darás cuenta de que todas las mamás de niños con discapacidad están muy ilusionadas y muy orgullosas de sus hijos. Al final, son grandes compañeros de vida. A mi me entristece mucho la discapacidad cuando implica inmovilidad... Roscón es plenamente feliz porque es super autónomo. Él ya quiere aprender a conducir, quiere hacer de todo. Pero yo, sacrificios, no he hecho.

© Pepe Botella
Una divertida imagen de Roscón y Samantha

—Y tú, ¿cómo te cuidas? ¿Cómo superas los bajones?

Es que... tampoco los he tenido. O si han pasado, no los recuerdo. También te digo que las cosas malas se me olvidan enseguida. El único bajón que tuve fue por un problema de corazón, que teníamos que ir al cardiólogo, que había que operarle... Y eso, sí que me impresionó. Pero yo es que siempre lo he llevado… fenomenal. IG está lleno de madres orgullosas de sus hijos con síndrome de Down. Somos reales.

—¿Qué papel juega la fe o la espiritualidad en vuestra casa?

Yo soy creyente, soy practicante aunque, a lo mejor, no lo suficiente... Para mí, la fe es importante, pero no somos una familia extremadamente religiosa. Creo que lo más importante de la religión es ser buena persona. Y yo creo que soy buena persona y mi deseo es que mis hijos sean buenas personas y que tengan un gran corazón. Ese sería el resultado de ser personas con fe.

—¿Qué metas de autonomía ha alcanzado Roscón que te hacían especial ilusión?

Cómo consigue leer, cómo consigue ver la hora.. Ahora estamos con las monedas, con el cambio de las monedas. "Si cobran esto, y tú tienes tantos euros, qué vueltas vas a recibir…" ¿Sabes? Escribir le cuesta pero escribe bien. Es rápido en matemáticas. Con el deporte es alucinante. Es súper habilidoso, con el fútbol, con el pádel… Y bailando es un "crack", ha ido a clases de baile y a mí me gustaría que fuera bailarín de teatro musical. Para mí, sería mi ilusión. Creo que bailar es lo que de verdad le llena.

—¿Cómo vive él su propia identidad? ¿Es consciente de que es un referente para muchos jóvenes? 

¡Claro! Él sabe perfectamente que es un ídolo de TikTok (risas). Él habla a sus fans y es consciente de que tiene muchos fans porque le paran por la calle. A veces me suelta: "Mamá, este fan es mío, no es tuyo". Pero sin ningún ego. Sino con total naturalidad. Sabe que tanto él como yo somos personajes públicos y que tenemos que ser cariñosos con nuestros fans porque nos quieren y porque son monísimos.

© PEPE BOTELLA
Samantha, posando con sus cuatro hijos

—¿Cómo vive el amor y la amistad? ¿Tiene su 'pandi'?

Tiene dos mejores amigos, sus intis, que son Tato y Lorenzo, que vienen muchísimo a Pedraza. De hecho, me los traigo casi todos los fines de semana. Y tiene también un grupo de amigos divertidísimos aunque todavía no frecuenta mucho el ocio de Madrid. Hace más planes de familia. Me lo llevo conmigo a un coro, hago yoga con él, paseo por el campo, a veces monta caballo…

—Hablemos de futuro a largo plazo. ¿Te inquieta?

Yo no soy nada de ocuparme del mañana. Sí que lo tengo bastante organizado. Qué será para él, quién estará con él si no estoy… Yo no pretendo desaparecer ya, pero si desaparezco, está super organizado todo. Aún así, tampoco tengo miedo al futuro. No pienso en él, me dejo llevar por el presente. Además, hay fundaciones maravillosas en España como Provisalapar, Fundación Down y un montón de sitios donde pueden encontrar trabajo, donde se siguen formando, donde son súper felices... Yo lo que quiero es que él sea feliz. Y que sea trabajador. Le quiero hacer trabajar un poco más porque a veces es un poco vago (risas). Lo pongo en el catering, de camarero, de cocinero... Creo que él, de mayor, conseguirá ser un gran empleado, porque es la alegría de la huerta.

—Antes hemos hablado de esa Samantha renovada que cambia de "curro" pero ¿Cómo logras equilibrar tu carrera de éxito —los rodajes, tu empresa de catering, los eventos— con ser una madre presente en casa? ¿Cómo es ser Samantha Vallejo Nájera y no desfallecer en el intento?

Pues yo siempre lo he dicho, haciendo tiempo de calidad con mis hijos, por supuesto, teniendo en casa alguien que me ayude, que es imprescindible, y pudiendo hacer tiempo de calidad con ellos. Eso se traduce en salir al campo, en intentar que haya menos tecnología en casa, en cocinar juntos, en viajar y disfrutar de la vida juntos. En ir a ver a mi madre, a mi familia, en hacer vida de familia con Colate, su tío favorito, el que adoran. Te diré que Roscón es del Badajoz en vez del Real Madrid. 

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