Esta primavera volveremos a ver a Stanley Tucci en la gran pantalla retomando uno de los personajes más queridos de su carrera: el inolvidable Nigel de El diablo viste de Prada. La secuela, una de las más esperadas del año, llega en un momento especialmente significativo para el actor, que atraviesa una etapa de plenitud personal, madurez emocional y una vida familiar que él mismo describe como “más feliz que nunca”.
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Pero detrás de esa serenidad hay también una reflexión profunda sobre el paso del tiempo y el amor. En una reciente entrevista con The Times, Tucci, de 64 años, compartió una de las confesiones más íntimas de su vida, directamente relacionada con su esposa, Felicity Blunt: “Me entristece que no podré verla envejecer ni cuidar de ella, si es que lo necesitara”, reconoce, plenamente consciente, de los 15 años de diferencia que les separan. Con ella ha construido una familia, un hogar y una vida de la que se siente totalmente satisfecho.
Su historia de amor tiene algo de guion cinematográfico. Se conocieron por primera vez en 2006, en el estreno de El diablo viste de Prada, donde él formaba parte del reparto y ella acompañaba a su hermana, Emily Blunt, una de las protagonistas. Aquel encuentro fue cordial, casi anecdótico, pero decisivo.
Cuatro años después, en 2010, volvieron a coincidir en la boda de Emily Blunt y John Krasinski. Allí, en un ambiente íntimo y festivo, surgió una conexión inesperada. Tucci, aún marcado por la muerte de su primera esposa, Kathryn, fallecida en 2009 víctima de un cáncer, no imaginaba que pudiera enamorarse de nuevo. Pero Felicity apareció en el momento y el lugar adecuados. ¿Destino o casualidad? Sea como sea, aquel reencuentro fue el inicio de una historia que culminó en boda en 2012. Desde entonces, forman una de las parejas más discretas y admiradas del panorama cinematográfico, aunque ella no pertenece a la industria: es agente literaria.
En esa misma entrevista, el actor reflexiona: “Creo que hay algo muy hermoso en que la gente envejezca junta. Y eso no podrá suceder con nosotros, a menos que ocurra un milagro”.
La pareja tiene dos hijos en común, además de los tres que Tucci aportó de su primer matrimonio. Juntos han superado grandes obstáculos, como el cáncer de lengua que el actor padeció en 2017. Un periodo especialmente duro que recuerda con dolor, porque Felicity se encontraba con dos niños pequeños —uno casi recién nacido— mientras él pasaba meses sin poder comer ni hablar con normalidad.
Su ‘amistad’ con Carlos III y su inesperado papel como embajador gastronómico
Tal vez fue durante esa etapa de recuperación cuando terminó de despertar una pasión que hoy forma parte inseparable de su identidad. Porque, si hay algo que ha convertido a Stanley Tucci en un fenómeno global más allá del cine, es su amor por la cocina. "Ahora soy tan famoso por cocinar como por actuar", bromea.
Durante la pandemia, sus vídeos preparando negronis, pasta o cócteles italianos se hicieron virales y lo catapultaron a un nuevo territorio: el de divulgador gastronómico. Ese éxito espontáneo lo llevó a presentar Searching for Italy y, más recientemente, Tucci in Italy, dos programas que celebran la gastronomía y la cultura italianas con una sensibilidad profundamente personal.
Su influencia culinaria no ha dejado de crecer. Hoy comparte recetas y vídeos con casi cinco millones de seguidores, ha publicado un libro de cocina y protagonizó un recorrido televisivo por Italia probando las especialidades de cada región. Su pasión es tan conocida —y tan respetada— que incluso Carlos III se ha fijado en él: el monarca le pidió su colaboración para organizar una cena privada en Highgrove, su residencia campestre, en una velada destinada a celebrar y fortalecer las relaciones anglo‑italianas.
