La soberana encabezó una vez más la tradicional procesión de carrozas, que precede a la primera carrera, dando así el pistoletazo de salida a tan ilustre acontecimiento social.
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Camilla llegó al evento luciendo una espectacular creación de color crema del diseñador Philip Treacy, el mismo que se encargara de los tocados para su boda con el Príncipe de Gales.

15 JUNIO 2005
La alta sociedad inglesa se quitó ayer el sombrero para recibir a la reina Isabel y su esposo, el Duque de Edimburgo, en la apertura de la Royal Ascot, una de las competiciones de caballos con más tradición del Reino Unido. En cada una de sus ediciones, el acontecimiento hípico despliega un escaparate de conocidas personalidades de todos los ámbitos sociales y una llamativa pasarela de moda por la que desfilan mujeres con deslumbrantes, originales, inverosímiles y, a veces, irreverentes sombreros.
La cita, que se espera cada año con entusiasmo, no tanto por la competición en sí, sino sobre todo por el espectáculo que se crea a su alrededor, es una de las preferidas de la Familia Real inglesa. La soberana encabezó una vez más la tradicional procesión de carrozas, que precede a la primera carrera, dando así el pistoletazo de salida a tan ilustre acontecimiento social, que se prolongará durante los próximos cuatro días.
Camilla y Sophie, dos estilos en Ascot
Le seguían el resto de los miembros reales, entre los que se encontraban el príncipe Carlos y su esposa, la Duquesa de Cornualles. Camilla llegó al evento, que este año se ha trasladado, por primera vez en sus más de tres siglos de historia, a la ciudad de Yorkshire, 350 kilómetros al norte de los tradicionales terrenos de Ascot, luciendo una espectacular creación de color crema del diseñador Philip Treacy, el mismo que se encargara de los tocados para su boda con el Príncipe de Gales.
La Condesa de Wessex fue otro de los rostros conocidos que se dieron cita ayer en el césped del hipódromo. Al igual que su cuñada, Sophie Rhys-Jones llamó poderosamente la atención por su sombrero. Un diseño, a juego con su traje y adornado con plumas. La Reina optó, en cambio, por un modelo rosa de corte clásico. Mientras la elección de la Condesa recibió críticas encontradas, la de la Duquesa de Cornualles obtuvo los elogios más sonados de los garantes de la moda.
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