Cada vez son más las mujeres que incorporan el ejercicio físico a su rutina, ya sea para mejorar su salud, alcanzar un objetivo deportivo o simplemente sentirse mejor. En este contexto, la medicina deportiva se ha convertido en una especialidad clave, no solo para atletas de alto rendimiento, sino también para cualquier persona que practique actividad física de manera regular.
Lejos de centrarse únicamente en el tratamiento de lesiones, la medicina deportiva tiene un enfoque integral que busca prevenir problemas de salud, optimizar el rendimiento físico y promover hábitos de vida saludables adaptados a cada etapa de la vida.
Uno de los mayores beneficios de la medicina deportiva es su capacidad para prevenir lesiones antes de que aparezcan. A través de evaluaciones físicas, análisis de la condición cardiovascular, estudios biomecánicos y recomendaciones personalizadas, el especialista puede identificar factores de riesgo y diseñar estrategias para entrenar de forma más segura.
La Dra. Keyli Franco lleva años cambiando esa dinámica desde la ciencia aplicada, el dato clínico y la convicción de que entender la fisiología femenina con exactitud es, también, un acto político. Médica especialista en medicina deportiva, nutrición humana y salud hormonal, Franco representa una intersección poco común en el sistema sanitario latinoamericano: la de la especialización técnica profunda con la capacidad de traducir esa complejidad a un lenguaje que las mujeres puedan usar, más allá de consumirlo como contenido, para aplicarlo como herramienta.
El cuerpo femenino como territorio científico propio
Durante mucho tiempo, la investigación en medicina deportiva y en nutrición clínica se construyó sobre datos obtenidos de cuerpos masculinos. Los protocolos de entrenamiento, las tablas de requerimientos nutricionales, los rangos de referencia hormonal: todo diseñado desde una biología que no es la femenina, aplicado después a la mujer con ajustes mínimos.
"Una mujer que come bien para su biología no necesita fuerza de voluntad. Necesita información correcta", afirma la experta. La Dra. Franco llegó a la medicina deportiva con una pregunta que pocas se estaban haciendo en voz alta: ¿por qué seguimos entrenando y nutriendo a las mujeres como si fueran versiones más pequeñas de los hombres? La respuesta que fue construyendo, a través de años de formación y de práctica clínica, es hoy el núcleo de su trabajo: el cuerpo femenino tiene sus propias reglas, sus propios ritmos, su propia inteligencia fisiológica. Aprenderlas no es opcional. Es el punto de partida.
La salud hormonal, es el territorio de su trabajo que se vuelve más urgente y más necesario. Las hormonas femeninas no son simplemente los actores secundarios de la función reproductiva, son las directoras de una sinfonía metabólica que afecta el rendimiento físico, la composición corporal, el estado cognitivo, el sueño, la respuesta al estrés y la recuperación muscular. Ignorarlas en el diseño de un plan de entrenamiento o de nutrición lejos de ser un detalle menor. Es un error estructural.
El cuerpo femenino busca respuestas
La Dra. Keyli Franco trabaja exactamente en ese espacio donde las adaptaciones no alcanzan. Donde la mujer que hace deporte –no como profesional, sino como parte de una vida consciente – necesita respuestas que el sistema no tiene estandarizadas para ella. "Cuando una mujer entiende su fisiología, deja de pelear contra su cuerpo. Empieza a colaborar con él. Eso cambia todo", expresa.
El rendimiento deportivo femenino no se optimiza ignorando la fluctuación hormonal cíclica. Se optimiza aprendiendo a trabajar con ella. Los estrógenos no son una complicación del entrenamiento, son una variable que, bien leída, puede convertirse en ventaja. La progesterona, la testosterona endógena, el cortisol en sus picos y valles: todas estas moléculas tienen algo que decir sobre cómo y cuándo entrenar, sobre cómo recuperarse, sobre qué esperar del cuerpo en cada fase del mes.
Este es el terreno donde la Dra. Keyli Franco construye su práctica: en la intersección entre lo que la ciencia sabe y lo que la medicina convencional todavía no ha integrado del todo. No desde la marginalidad alternativa, sino desde la evidencia clínica bien fundamentada y la disposición de mirar el cuerpo femenino sin los sesgos heredados.








