La princesa Aiko se queda sin tiara, no hay presupuesto para una nueva

La única hija de los emperadores cumple 20 años, la mayoría de edad en Japón; releva a la exprincesa Mako -ayudará a llenar el hueco que ha dejado su prima-; y heredará las joyas de su tía Sayako, que también renunció a la vida imperial por amor

princesa Aiko Tiara

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Es costumbre que las princesas japonesas reciban su propio aderezo de joyas cuando cumplen 20 años, pero no habrá una nueva tiara para Aiko. En tiempos de pandemia y de crisis, hay que mirar en qué se invierte el presupuesto. Las medidas económicas obligan a no contemplar la posibilidad de adquirir una nueva colección –el coste sería de más de 200.000 euros–; y, por primera vez en la historia, la hija de un emperador tendrá que conformarse con una de herencia.

princesa Aiko Tiara©GTres
El 1 de diciembre, la princesa Aiko, hija única de los emperadores Naruhito y Masako, cumplirá 20 años, la mayoría de edad en Japón.

El 1 de diciembre de 2021, la princesa celebrará su mayoría de edad –en abril de 2022, se reducirá legalmente a los 18 en Japón–, aunque los actos festivos se han concentrado en el domingo día cinco.

Aiko realizará una ofrenda en los santuarios de sus antepasados, visitará a sus abuelos, los emperadores Akihito y Michiko, en su residencia de Takanawa, y recibirá de su padre, en el palacio imperial y en presencia de toda la familia, el gran cordón de la Orden de la Preciosa Corona, que también tiene la reina doña Letizia.

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A la izquierda, los emperadores Akihito y Michiko.

Para esta ceremonia de investidura, llevará un traje blanco y largo, y también se coronará con una tiara por primera vez, aunque no con la suya propia. Heredará la de su tía paterna, la exprincesa Sayako (para todos Nori), quien también tuvo que abandonar la familia imperial, en 2005, para poder casarse con el urbanista y funcionario público Yoshiki Kuroda. Una persona sin orígenes reales, aunque amigo de infancia de su hermano, el ahora príncipe heredero Akishino.

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A diferencia de todas las princesas japonesas, incluida su prima, la exprincesa Mako, no recibirá una tiara nueva.

Ella también era hija de emperadores (Akihito y Michiko) –al igual que Aiko, estudió literatura japonesa en la facultad de Letras de la Universidad Gakushuin–, pero como su sobrina, Mako, tras casarse con Kei Komuro el pasado 26 de octubre, también tuvo que renunciar a todo…

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El pasado 26 de octubre, Mako de Japón contrajo matrimonio con Kei Komuro.

Aunque en el caso de Sayako sí hubo boda –fue una novia de blanco y plata, y con kimono– champán, buenos deseos y una dote de más de un millón de euros.

La mayoría de edad de las princesas japonesas se enmarca en la tradición y, en el cofre que se les entrega, acompaña a la tiara un imponente collar, dos pulseras, pendientes y un broche que también recibirá Aiko. Nada se sabe todavía sobre cuáles serán estas joyas que completarán el aderezo, aunque han empezado a asomarse algunas pistas sobre la diadema.

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Dos instantáneas de Aiko cuando era pequeña. Abajo, junto a sus padres, el emperador Naruhito y Masako de Japón.

Algunos estudiosos del tesoro imperial han dado por hecho que la tiara que heredará la joven princesa tiene un pasado más allá de su tía, y una historia. El inmenso parecido entre esta joya y otra de principios del siglo XIX apunta a que Sayako tampoco tuvo una tiara nueva.

No hay datos oficiales, pero los orígenes de esta diadema parecen estar ligados a la vida de la princesa Masako de Nashimoto, prima hermana de la emperatriz Kojun (madre del Akihito) y una de las principales candidatas a casarse con el futuro emperador Hirohito, aunque finalmente fue rechazada.

Masako se casó con el Príncipe Heredero Euimin de Corea, en 1920, cuando el país ya llevaba diez años bajo el dominio de Japón y fue conocida también como princesa Yi Bangja. Título que usó para contar su vida en El mundo es uno: la autobiografía de la princesa Yi Bangja.

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La exprincesa Sayako (a la derecha), hermana del actual emperador, también tuvo que renunciar a la vida imperial para poder casarse con un urbanista, en 2005. En la actualidad, es la sacerdotisa suprema del santuario sintoísta de Ise, el más importante del país.

Murió en abril de 1989 (tenía 89), el mismo año en el que la exprincesa Sayako cumplió la mayoría de edad debutando con esta impresionante joya: una tiara de motivos florales con roleos de diamantes redondos –el mayor, el central de tres quilates– coronando los tallos.

El cinco de diciembre, Aiko rescatará esta diadema que lleva guardada dieciséis años para dar un paso muy importante en su vida. A partir de ahora, y hasta el día de su boda, asumirá la agenda oficial como miembro de la familia imperial. Y, después, a menos que cambien las leyes, también se verá obligada a renunciar a la vida que ha conocido.

No solo no podrá cumplir el deseo de la mayoría de los japoneses: convertirse en la primera Emperatriz de Japón desde el siglo XVIII, sino que, en mayor o menor medida, tendrá que seguir los pasos de su tía y de su prima Mako. En los próximos años, ejercerá como hija de los emperadores… pero después, ante la imposibilidad de que las mujeres mantengan sus derechos, tras contraer matrimonio (no real), tendrá que empaquetar su vida, crear una nueva y, por supuesto, devolver la tiara.


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