La decisión de dar forma a este relato nace de un cúmulo de vivencias, pero también de la necesidad de ofrecer un prisma distinto al relato público de los hechos. Una versión propia, sí, pero impulsada desde el amor más profundo: el de su hijo Miguel, quien le animó a escribir. “Papá, tu historia tiene que ser contada. Tienes que escribir un libro. Todo el mundo lo dice, cuando se te conoce, todo es diferente”. Una frase que sembró una semilla que, con el tiempo, acabó germinando.
Para ti que te gusta
Este contenido es exclusivo para la comunidad de lectores de ¡HOLA!
Para disfrutar de 5 contenidos gratis cada mes debes navegar registrado.
Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.TIENES ACCESO A 5 CONTENIDOS DE
Recuerda navegar siempre con tu sesión iniciada.
“Es mi historia, la verdad con la que puedo mirar a mis hijos a los ojos, y nace de una suma de circunstancias. Muchas personas de mi entorno me animaron a que diese la versión de mi vida, a que cogiera la sartén por el mango para explicarla y hablaran mis hechos”, asegura en su gran entrevista en ¡HOLA! Porque a veces, para pasar página, es imprescindible mirarla de frente, y él lo hace en Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes -que se publicará el próximo 12 de febrero-. “La idea es poner fin a una etapa pasada y emprender otra con 58 años recién cumplidos”, añadía.
“Es mi historia, la verdad con la que puedo mirar a mis hijos a los ojos"
Una nueva etapa que arranca rodeado de quienes han sido su mayor sostén: sus hijos. No solo lo impulsaron a adentrarse en el terreno literario, sino que caminaron con él durante todo el proceso creativo. “Mis hijos leyeron la versión preliminar, las galeradas”, alude.
Se abre y confiesa uno de sus mayores temores: que sus palabras pudieran incomodarlos, cuando su intención era precisamente la contraria, rendirles el homenaje que merecían. “Me han agradecido las palabras que les dedico. ‘Papá, me has clavado’ y me han dicho que está muy bien. Ahora pueden valorar la realidad de los hechos”, dedicaba.
"Quiero que lo que viví tenga un retorno positivo. Que encuentren en estas páginas un gesto de gratitud por su fortaleza silenciosa, por su amor incondicional”
Es plenamente consciente del impacto que todo tuvo en ellos y, aunque no pretende remediar lo irreparable, sí marcar un punto y final y abrir una nueva etapa. “Les cambié la vida por completo y quiero que lo que viví tenga un retorno positivo. Que encuentren en estas páginas un gesto de gratitud por su fortaleza silenciosa, por su amor incondicional”, explicaba.
Para sus hijos, solo tiene palabras llenas de orgullo. “Me inspiran y, como digo en el libro, no puedo estar más orgulloso de los cuatro. Me gusta cómo se tratan y cómo tratan a los demás. Juan, el mayor, es cariñoso, buena persona y lleva un niño dentro. Fue el gran pilar emocional de su madre y de sus hermanos cuando ingresé en prisión. Es todo comprensión, excepcional, siempre piensa en los demás. Pablo, el segundo, es un talento —ahora soy el padre de un deportista de élite— y una persona extraordinaria, muy sensible y con mucha vida interior. Tiene una personalidad casi genial y estoy seguro de que conseguirá lo que se proponga. Miguel, el tercero, tiene un superpoder, el de 'la intuición', y un don, la comunicación. Lo analiza todo, se explica de maravilla —siempre da en la diana—, tiene pasión por la naturaleza y un alma aventurera, casi guerrera”, describía, hijo por hijo, desde el amor más profundo.
“Siempre hay brotes verdes, siempre hay que ver la parte buena. La cárcel, por ejemplo, me hizo mejor padre"
Si algo tiene claro es que su prioridad absoluta es estar a su lado. “Estar con ellos es lo que más me gusta y valoro cada minuto que me regalan. Estuve siete años sin trabajar, en casa, y no perderme un minuto con mis hijos fue el regalo más grande en el peor momento de mi vida. No sé qué hubiese pasado sin su apoyo”, comentaba.
Esa filosofía fue la que lo ayudó a salir del pozo en el que se vio sumergido durante años. “Siempre hay brotes verdes, siempre hay que ver la parte buena. La cárcel, por ejemplo, me hizo mejor padre. Descubrí que mis hijos no necesitaban un padre perfecto, sino un padre presente que los escuche y los acompañe cuando lo necesitan”.
"Mis hijos no necesitaban un padre perfecto, sino un padre presente que los escuche y los acompañe cuando lo necesitan”
Y aunque el recuerdo sigue doliendo —“lo que no pudo ser durante ese tiempo perdido, que me sigue doliendo mucho”— hoy intenta ser, simplemente, mejor padre. “Lo que quiero es tener una vida normal y que la gente pueda conocerme de verdad. Nadie imagina lo que significa para mí recibir cada vez más apoyo o unas palabras de ánimo. Sé que haber cumplido condena no borra de un plumazo el juicio social, pero también creo que todas las personas merecemos nuevas oportunidades”, concluía.
