La muerte de Irene de Grecia cierra el círculo de una vida marcada por los exilios y los destinos cruzados. Su nacimiento en Sudáfrica durante la Segunda Guerra Mundial, mientras la monarquía helena se encontraba lejos de su tierra, alimentó una leyenda que todavía resuena en su lugar de nacimiento y, sobre todo, en una localidad cerca de Pretoria que, casualmente o no, se llama Irene. Allí, los lugareños repiten a los turistas, sobre todo a los españoles, que la hermana de la reina Sofía recibió su nombre en homenaje a ese enclave, como si el lugar hubiera anunciado su llegada. Puede que no sea del todo cierto, pero como ocurre con las historias que sobreviven al tiempo, algo en ese relato parece verdad. Porque "Irene", más que un nombre que deriva de la mitología griega, se presenta como parte de la memoria heredada que pasa entre generaciones. No hay que olvidar que la infanta Cristina, eligió ese nombre para su única hija, Irene Urdangarin. Así nació y así partió Irene de Grecia: sin estridencias, pero rodeada de símbolos que siguen hablando de ella.
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"La nueva casa que alquilé por tres meses era muy bonita. Al menos, Irene nació en un grato ambiente"
Hay que recordar que durante los cinco años que duró el exilio que emprendió la reina Federica con sus dos hijos, la reina Sofía y el rey Constantino, cambiaron de país dos veces, de Egipto a Sudáfrica, y de casa veintidós veces, por lo que biográficamente es complicado seguir la pista de lo que fue la infancia de la princesa griega que terminaría convirtiéndose en reina de España y de sus dos hermanos, el rey Constantino II y la princesa Irene. Sin embargo, la reina Federica sí dejó escritas sus memorias y también compartió muchas de las cartas que durante el exilio se intercambió con su marido, el rey Pablo, que permaneció la mayoría del tiempo en Inglaterra.
El general Smuts: un personaje crucial del final del siglo XX, el padrino de la princesa Irene y el amigo de los griegos en el exilio
La Familia Real griega se asentó en Ciudad del Cabo en 1941 como huéspedes del Gobierno y allí estrecharon su relación con un personaje que resultó crucial en su historia, tanto es así que la reina Federica le dedicó un capítulo entero de sus memorias, se trató del Jean Christiaan Smuts, más conocido como el General Smuts, un prominente estadista y militar que sirvió de mariscal de campo para el Ejército Británico durante las dos guerras mundiales y después tuvo un papel crucial en la independencia de Sudáfrica. Él fue uno de los ideólogos de las Naciones Unidas, de hecho escribió su preámbulo, y fue el inventor del término y la idea de la Commonwealth (Mancomunidad Británica de Naciones), buscando una evolución de un Imperio Británico que comenzaba a debilitarse.
Con el tiempo, el general Smuts y la reina Federica se hicieron muy amigos, pero cuando la princesa Irene nació, el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo su amistad no había comenzado y esto es importante para seguir esta historia. Así lo recordaba la reina Federica en sus memorias: "La nueva casa que alquilé por tres meses era muy bonita. Al menos, Irene nació en un grato ambiente. Pedimos al general Smuts que fuese el padrino de nuestra hija. Aunque solo le habíamos visto una vez a nuestra llegada, estábamos muy agradecidos de la hospitalidad que nos dispensó. El general Smuts era un gran hombre. Tuvo a Irene en sus brazos durante la ceremonia del bautizo. Quiero creer que el mejor de los regalos recibidos por mi hija pequeña fue el de la grandeza de alma de su padrino".
Una finca llamada Irene
A juzgar por las palabras de la reina Federica y por los acontecimientos políticos, la elección de general Smuts como padrino de la princesa Irene parece que fue más bien un gesto de cortesía y gratitud por parte de los Reyes de Grecia con el hombre que les había brindado amistad, protección y residencia en el país, todo a través de los vínculos con el Reino Unido, al tiempo que el gobierno egipcio les había invitado a marcharse. Sin embargo, en los años posteriores, esa relación sí fue importante y fue el general Smuts el que les invitó a instalarse en Pretoria, en la residencia que el propio Smuts había comprado a comienzos del siglo y que ya se conocía por el nombre de Irene Estate cuando él adquirió un tercio de esos terrenos y que destinó tanto a fines oficiales y militares como personales. Smuts falleció en 1950 en esa granja a la edad de 80 años y allí fueron esparcidas sus cenizas.
La reina Sofía tiene muchos recuerdos de su paso por ese lugar y del general Smuts: "Era un hombre magnífico. Cuando vivíamos en su residencia oficial Tatiana (Radziwill), Tino (Constantino II de Grecia) y yo nos levantábamos a las cuatro de la mañana para ir a su cama a que nos contara historias de tigres, leones y monos... Y él nos atendía como si fuéramos unos personajes muy importantes. Él tuvo que luchar cuerpo a cuerpo contra los ingleses, a los que tanto quería, por la independencia de Sudáfrica".
Según la historia escrita por europeos, el primero que se instaló en Irene fue un bóer en 1830 y fundo una granja que se llamaba Doornkloof, esa granja fue adquirida años después por industrial, Alois Hugo Nellmapius, que rebautizó la granja con el nombre de Irene Estate en honor a su hija, Irene Violet, para la que había elegido el nombre griego y que simbolizaba la paz, la riqueza y la primavera. Algo que deseaba el empresario que había llegado al país con el fin hacer fortuna a través de la ganadería, la agricultura y, sobre todo, la minería. Así que el nombre de Irene ya había llegado a esa zona mucho antes de que lo hiciera la Familia Real griega, lo que comenzó como una granja se terminó convirtiendo en una pequeña localidad a medida que se fueron construyendo todos los servicios. Actualmente, sigue en marcha esa granja primigenia, llamada Irene, que se puede visitar, tiene campo de golf y se organizan todo tipo de eventos, además sigue teniendo en marcha una ganadería lechera con las características vacas blancas y negras descendientes del primer rebaño que llevó allí Nellmapius en 1889.
Por otro lado, no hay que olvidar que el rey Pablo de Grecia tenía tres hermanas y una de ella se llamaba Irene, fue la que se casó en 1939 con el príncipe Aimón de Saboya (que durante dos años fue rey de Croacia) y no tuvo una vida demasiado cómoda. Las otras dos hermanas eran Elena, la que se casó con Carlos II, rey de Rumanía; y Catalina, que se casó con un miembro de alto rango del Ejército británico y fue elevada a Lady cuando su primo (Felipe, duque de Edimburgo) se casó con la que después sería la reina Isabel II.
Demetrio, Pablo, Alexia o Irene
La reina Federica sí contó que de haber sido varón su tercer hijo se llamaría Pablo o Demetrio. También comentó que siempre le gustó el nombre de Alexia, pero que no se atrevieron a ponérselo a la princesa Irene. "Pensábamos erróneamente que venía de Alexander, un nombre desafortunado para nosotros", cuenta la reina Federica en sus memorias sin explicar los motivos. ¿Es posible que fuera por el rey Alexander I, hermano mayor del rey Pablo? Este rey poco conocido fue el tercer miembro de la Casa Glücksburg que llegó a ser rey de los helenos, pero su tiempo fue breve y lleno de conflictos. Finalmente, murió sin descendencia por la mordedura de un mono en Tatoi y es posible que sea el tío más desconocido de la reina Sofía.
A pesar de que la reina Federica descartó el nombre de Alexia para su hija pequeña, sí cuenta que se alegró mucho cuando veintitrés años más tarde los reyes Constantino y Ana María lo eligieron para la que sería su primogénita, argumentando que Alexia deriva directamente del griego Alexio. Esa niña fue la princesa Alexia de Grecia, la que se casó con el canario Carlos Morales y a día de hoy tiene una estrechísima relación con sus primas, las infantas Elena y Cristina.
Regresando al tema del nombre de la fallecida Irene de Grecia, en algunas biografías se explica lo mismo que cuentan a los turistas españoles que recorren esa zona, que la princesa Irene se llama así, entre otras cosas, por la casa en la que nació. Sin embargo, esto no concuerda con las fechas que proporciona la reina Federica, además, hasta donde sabemos y con la poca información que se ha publicado por boca de los protagonistas, esa casa estaba en Pretoria y la princesa Irene nació en Ciudad del Cabo. No obstante, ya forma parte de su leyenda y de una vida que ahora ha llegado a su fin.
