Naruhito y Masako de Japón, en compañía de su única hija, la princesa Aiko, de 24 años, han acudido a un inusual acto. Por primera vez en seis años han presenciado un espectáculo de sumo: el Gran Trofeo en el Kojugikan, el estadio ubicado en Tokio abierto desde 1909 y todo 'un templo' para los amantes del deporte nacional nipón.
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Vestidas con kimono y las tradicionales sandalias de madera con calcetines, la emperatriz y su hija acompañaron a Naruhito y los tres ocuparon sus asientos en el palco VIP. Es la segunda vez, desde que subió al trono, que la Familia Imperial actual acude a un evento de este tipo. El anterior fue en enero de 2020, cuando presenciaron la decimocuarta jornada de la competición. A su llegada fueron recibidos, entre ovaciones del público puesto en pie, por el presidente de la Asociación de Sumo de Japón, Hakkaku, otros funcionarios de la entidad y luchadores de sumo.
La princesa Aiko está interesada en este arte marcial desde que era una niña. Cuando era pequeña, y según informa la prensa japonesa, observaba los combates mientras tomaba notas. Esta nueva e inesperada aparición pública le ha servido para volver a revivir todos los rituales en los que están envueltas estas luchas milenarias.
Tras el combate final que dio la victoria a Hakunofuji, quien lográ sacar del círculo a Yokozuna Onosato, la Familia Imperial mantuvo conversaciones con los yokozuna ( los campeones) y los ozeki (los aspirantes, el segundo rango más alto del sumo) y se interesaron por algunas lesiones que arrastraban, incluso uno de los luchadores dijo que los había conocido cuando era niño.
Siempre princesa, nunca heredera
A pesar de que la princesa Aiko es la única hija del emperador, nunca será heredera porque la Ley de la Casa Imperial (1947) establece que solo los varones pueden acceder al Trono del Crisantemo, lo que ha convertido a su primo carnal, Hisahito en el próximo heredero.
