Cuando llega un bebé a la familia, la felicidad y la ilusión desborda el hogar. Padres, abuelos, tíos… todos están emocionados. Todos… menos, en ocasiones, los hermanos del pequeñín… Los niños no siempre entienden por qué papá y mamá tienen que prestar tanta atención al recién nacido y por qué pasan menos tiempo con él desde que está en casa. Los celos son de lo más habituales y, con ellos, pueden aparecer situaciones de lo más inverosímiles, como que los hermanitos mayores pidan a sus papás que el nuevo miembro de la familia se vaya de casa…
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Una situación que podría resultar hasta entrañable, si no fuera por el malestar que suele provocar en los padres, que muchas veces interpretan los celos de su hijo mayor como rechazo hacia el bebé o incluso, odio. Por suerte, esto no tiene nada que ver con la realidad, tal y como asegura Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia, adolescencia y pareja, que acaba de publicar el libro infantil Mamá, ¿por qué tengo celos? (Penguin Kids), que sale a la venta este jueves y que es el tercero de la colección iniciada con Mamá, ¿por qué me enfado?y Mamá, ¿por qué me porto mal?, los tres, una herramienta perfecta para acompañar y potenciar el desarrollo emocional de los más pequeños.
Jiménez, que es también un referente en Disciplina Positiva, no solo manda un mensaje tranquilizador al respecto en esta entrevista, sino que también da pautas muy sencillas y eficaces para ayudar a los niños a calmar esos celos y a ver al bebé como parte fundamental de la familia. Y, sobre todo, ayuda a los padres a entender que los celos de sus hijos no solo no son malos, sino que incluso son necesarios. Por eso, gestionarlos de manera adecuada puede ser una oportunidad maravillosa, nos dice, para fortalecer el vínculo padre/madre-hijo.
Los celos es un temor a perder algo que se tenía, y esto es bueno, es la manera que tienen los niños de decirnos “estoy aquí, no te olvides de mí, tenme en centra”
¿Por qué muchos niños sienten celos ante la llegada de un hermanito?
Porque los niños necesitan sentir que pertenecen, y la llegada de un nuevo miembro a la familia altera esa pertenencia. Es como si en su “libreta imaginaria” fueran anotando lo que está ocurriendo: ahora papá y mamá tienen menos tiempo, están más cansados, me dicen que tengo que esperar, que no haga ruido, que ya soy mayor… Y van “atando cabos” hasta llegar a la conclusión de “¿a ver si todo esto va a ser por el hermanito?”.
Toda la dinámica familiar cambia y se reajusta, hay que dar espacio al nuevo miembro, ajustar horarios, repartir tareas… y los niños, que son muy buenos observadores, no lo pasan por alto.
Es una situación que a muchos papás y mamás les genera mucho malestar, pero ¿es normal que los niños sientan celos?
Genera malestar porque tenemos asociado celos con envidia y con algo negativo que nuestro niño no puede sentir… Los celos es un temor a perder algo que se tenía, y esto es bueno, es la manera que tienen los niños de decirnos “estoy aquí, no te olvides de mí, tenme en centra”. Si, como papás, no somos capaces de leer más allá de la punta del iceberg, nos perderemos una oportunidad preciosa de trabajar la relación y, sobre todo, de que cada niño encuentre su lugar de pertenencia sin sentirse rechazado, apartado, dolido…
¿Cómo pueden los padres y las madres gestionar este malestar de sus hijos mayores?
Cada niño y cada familia debe afrontarlo teniendo en cuenta sus circunstancias, sus valores, estilo de crianza, etc. Es importante que conozcamos al niño, el sistema familiar y, desde ahí, intervengamos. Sin embargo, en líneas generales, es importante dar espacio a la posibilidad de que los celos aparezcan, no como algo a negar u ocultar, sino como algo esperable y saludable.
Como decíamos antes, lo celos aparecen como una emoción adaptativa que nos indica que algo valioso (el amor de mamá y papá) podría estar en riesgo. Lo mejor es premitir que los exprese, dar lugar a un espacio seguro en el que pueda manifestar lo que está sintiendo sin herir a otros y sin herirse a él mismo. Negarlos solo hará que los exprese de manera inadecuada y los intensifique.
Algunas pautas: sacar tiempo especial con el niño. Aunque va a depender de la edad, saber que tendrá un tiempo o actividad a solas con su padre o su madre le ayudará a gestionar mejor la llegada del hermanito; evitar caer en la tentación de etiquetarlo “tu ya eres el mayor…” y, por supuesto, afianzar su pertenencia (“sigues siendo valioso en esta familia”).
¿Cómo ayudar a los niños a entender lo que están sintiendo y por qué lo están sintiendo?
Explicárselo de manera adecuada a su edad. No hacen faltan largas explicaciones o “charlas” complicadas, sino palabras sencillas, ponerle nombre a lo que ocurre: “veo que estás triste, ¿puede ser porque ahora mamá tiene que atender mucho al bebé?”. Indagar también en cómo se puede estar sintiendo. Una vez que les permitimos hablar de ello, aparece el entendimiento, la compresión y, sobre todo, aumenta su capacidad de regulación. La conducta “desadaptativa” ya no es tan necesaria porque el niño entiende el sentido de sus miedos y baja la intensidad de la emoción.
¿Es habitual que el hijo mayor llegue a desear que el pequeño no existiera o que, como en el caso del protagonista de tu libro, viva fuera de casa?
Sí, sí, es más habitual de lo que los adultos imaginan. De hecho, hay muchas anécdotas y situaciones graciosas (para los adultos) en las que se ve cómo los celos están presentes. Niños que dicen cosas como “¿cuándo lo devolvéis al hospital?”, “de día no me importa, pero ¿por la noche lo podéis llevar con sus padres?” y frases de este tipo, que nos demuestran que no hay maldad, hay miedo, sentimiento de pérdida de valor, de su lugar de pertenencia. Y, si escuchamos bien, nos daremos cuenta que lo que realmente anhela es “que todo vuelva a ser como antes”.
Es importante dar espacio a la posibilidad de que los celos aparezcan, no como algo a negar u ocultar, sino como algo esperable y saludable.
¿Qué hacer en esos casos?
Es muy importante no impresionarse, ni exagerar o dramatizar. No significa que sea malo, que no quiera a su hermano; significa que aún no sabe qué hacer con lo que está sintiendo. Lo ideal es: validar la emoción que está sintiendo, reconocerla; supervisar para que no haya conductas agresivas ni hacia el nuevo miembro de la familia ni hacia el niño. Ayudar a reforzar el vínculo entre hermanos, sin forzar, pero dando lugar a crear momentos nuevos. Y, por supuesto, no obligar a “querer” al hermanito. Esto llegará poco a poco sin imposiciones y construyendo momentos de seguridad emocional.
Utilizar los cuentos para estos momentos ayuda mucho, porque pueden ver reflejados en otros lo que están sintiendo sin verse atacados. Con la actividad que se propone en el cuento Mamá, ¿por qué tengo celos?, los niños pueden ver cómo el amor de mamá y papá no se pierde, sino que se transforma y amplía.
¿Por qué los enfados entre hermanos pueden llegar a ser explosivos? Incluso en niños con buen carácter en general, pueden llegar a ser como un volcán en erupción con su hermano o hermana…
Resulta que, hacia los padres, la manera de reaccionar suele estar más contenida. Con respecto a los hermanos, los iguales, el sistema nervioso se desregula más, es como si pudieran volcar más fácilmente sobre los hermanos aquello que no se permiten con tanta intensidad con los padres: rabia, miedos, frustración, celos…
¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos a tolerarse mejor entre ellos?
Como veníamos diciendo antes, la manera de intervenir de los adultos será muy importante: de padres, de abuelos… Ayudando a desarrollar habilidades de convivencia: no comparar, no etiquetar, no tomar partido a la hora de intervenir (se media, no se hace de jueces), enseñar a pedir turnos, a ceder, a negociar, a expresar sin agredir, a reparar… En el fondo, todo lo que aprenden con sus hermanos serán habilidades valiosas para la vida.
En el libro utilizas una metáfora con unas velas. ¿En qué consiste exactamente?
Uso la imagen de las velas para explicar que el amor no se divide, se multiplica. Cuando encendemos una vela con otra, la primera no pierde luz; al contrario, ahora hay más luz en la habitación.
El mensaje es sencillo, pero muy potente para un niño: el amor de mamá y papá no se gasta por querer a otro hijo, sino que se amplía. Usar además ese símil con la habitación iluminada no solo tiene fuerza visual, sino que deja una huella de recuerdo de que todos tienen una parte importante en la familia.
¿Cómo ayuda a los niños esa metáfora?
Los niños piensan en imágenes, no en conceptos. La metáfora les permite reducir el miedo a perder el vínculo, entender que no están siendo sustituidos, sentirse seguros en su lugar dentro de la familia y, cuando baja el miedo, bajan también los celos y la necesidad de llamar la atención con conductas difíciles.
Es muy bonito cuando los niños hablan de “su vela del amor” y, además, a los niños cuando son pequeños les llama mucho la atención las velas, el humo, soplar, el color de la llama… Es un cuento que invita a hacer después una actividad con nuestros hijos que quedará en su memoria para siempre.
