Niños

El éxito de las ‘Guerreras K-Pop’ entre las niñas: esto es lo que deben saber los padres


Dos neuroeducadoras nos explican si se trata o no de un contenido adecuado para el público infantil e indican qué tener en cuenta antes de permitir a los hijos que la vean


Las Guerreras K-Pop© WireImage
27 de enero de 2026 - 7:30 CET

El fenómeno fan también existe entre los más pequeños de la casa y, si no, que les pregunten a los padres de muchas (muchísimas) niñas que están verdaderamente emocionadas con Las Guerreras K-Pop, una película infantil que lleva meses arrasando. La presentamos como película infantil porque está recomendada para mayores de 7 años, pero la realidad es que muchos padres y madres, que hace nada ponían Bluey a sus hijas o, como mucho, Ladybug (ambas, de temática mucho más inocente, especialmente la primera), el paso a este tipo de contenido parece más propio de adolescentes. Sin embargo, es entre las más pequeñas entre las que de verdad triunfa. Pero… ¿es un contenido adecuado para ellas?

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Se lo hemos preguntado a dos expertas: Carmen Prieto Ribó (@carmenprieto__crianza), neuroeducadora, autora del libro No me grites, abrázame y experta en el desarrollo y comportamiento infantil en la primera infancia, y Paula Lacuesta, maestra experta en neuroeducación y fundadora de la Academia Educativa de la Pizarra de Paula (@lapizarradepaula_), ambas con visiones un tanto diferentes acerca del film. 

El uso constante de términos como matar, junto con escenas que normalizan la lucha, suponen una forma de apología de la violencia que los niños pequeños no tienen herramientas cognitivas ni emocionales para contextualizar.

Carmen Prieto Ribó, neuroeducadora experta en el desarrollo y comportamiento infantil en la primera infancia

“El mensaje en sí de la película es tremendamente positivo: sus diferencias no te hacen inferior, puedes luchar contra tus miedos y, para mí lo más importante, todas las personas tenemos inseguridades”, responde Paula Lacuesta, al tiempo que advierte de la parte más “peligrosa” de la película, que tiene que ver con su envoltorio: “cambios muy rápidos de escena, música muy enérgica, animaciones constantes… Esto puede sobreestimular el cerebro infantil, que aún no tiene suficientes mecanismos de autorregulación”, advierte.

Por su parte, Carmen Ribó, coincide en los riesgos de esa sobreestimulación, pero no ve tan adecuado el contenido para niñas de entre 7-9 años (y menores de esa edad) porque el mensaje viene de la mano de presencia reiterada de violencia, tanto visual como verbal; y esto, nos dice, no es un elemento neutro: “El uso constante de términos como matar, junto con escenas que normalizan el sufrimiento, la lucha y la destrucción, suponen una forma de apología de la violencia que los niños pequeños no tienen herramientas cognitivas ni emocionales para contextualizar”, según subraya. “A estas edades el pensamiento es fundamentalmente literal, y el aprendizaje se produce por imitación y desde la emoción, no desde el análisis crítico”.

De hecho, la propia productora avisa, al inicio de la película, de que puede incitar comportamientos imitables entre los menores que la visualicen. ¿Qué implica esta advertencia? “Antes de entrar a explicar qué significa que un contenido pueda incitar a comportamientos imitables, me parece importante detenernos en un dato previo: la propia plataforma advierte que la película contiene elementos de miedo, lenguaje soez y violencia”, resalta Ribó. “Solo con leer estas indicaciones, desde una mirada adulta y responsable, resulta bastante evidente que no estamos ante un contenido pensado para el público infantil”.

© AFP via Getty Images

Como indica la experta en crianza respetuosa, cuando se señala que una película puede incitar a comportamientos imitables, se está haciendo referencia a uno de los principales mecanismos de aprendizaje en la infancia: la imitación. Los niños aprenden observando y reproduciendo aquello que les impacta emocionalmente y, sobre todo, aquello que admiran. “En estas edades el cerebro aprende mucho a través de las neuronas espejo, especialmente cuando el contenido está cargado de movimiento, música y emoción”, añade Paula Lacuesta, que explica que el cerebro tiende a repetir aquello que ha generado una emoción intensa y placentera.

“Las niñas pueden mimetizarse con las guerreras porque se sienten identificadas con ellas y aparece un deseo de ser como ellas”, nos dice. La cuestión es que, en estas edades, “el cerebro aún no diferencia del todo entre ficción y realidad, por lo que, como ocurre en otras películas muy estimulantes, pueden emular conductas de lucha o guerra sin comprender aún el contexto simbólico”.

© CBS via Getty Images
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Cómo saber si nuestra hija o nuestro hijo está preparado para ver ‘Las Guerreras K-Pop’

Como sabemos, cada niño es un mundo y lo que a uno le afecta sobremanera, puede pasar desapercibido en otro de la misma edad. Por eso, y teniendo en cuenta las indicaciones de las dos neuroeducadoras, ¿cómo saber si tu hija o tu hijo está preparado para ver esta película?

Lo que nos dice Carmen Ribó, que parte de la base de que no se trata de un contenido adecuado para la infancia, es que hay que prestar especial atención a los preadolescentes y adolescentes con una autoestima frágil o en proceso de construcción. “En estos casos, la exposición a modelos muy intensos, idealizados o extremos puede generar comparación, inseguridad o una identificación poco saludable, afectando a la confianza en sí mismos”.

El mensaje en sí de la película es tremendamente positivo: sus diferencias no te hacen inferior, puedes luchar contra tus miedos y, para mí lo más importante, todas las personas tenemos inseguridades.

Paula Lacuesta, maestra experta en neuroeducación

Paula Lacuesta, por su parte, recomienda estar especialmente atentos en este sentido también a niños con alta sensibilidad emocional, episodios de ansiedad, dificultades de regulación (TDAH, TEA) y experiencias traumáticas previas. “En estos casos, siempre es mejor verla acompañados y, después, bajar la activación con juegos calmados o actividades reguladoras”. El motivo es, como indica Ribó, que el ritmo acelerado, la carga visual, la violencia y los elementos inquietantes que aparecen en la película pueden provocar una sobreactivación del sistema nervioso, aumentando el malestar emocional en lugar de ofrecer una experiencia enriquecedora.

Por eso asegura que también hay que valorar también si la película es adecuada para aquellos menores con dificultades para gestionar el miedo o especialmente sensibles a estímulos amenazantes, puesto que “pueden verse sobrepasados por determinadas escenas o criaturas visuales, generando angustia, inseguridad o miedos persistentes”.

“Por todo ello, más allá de la edad, es fundamental observar a cada niño o adolescente de manera individual, conocer su momento vital y emocional, y actuar desde la responsabilidad adulta”, subraya la autora de No me grites, abrázame. “Proteger no es censurar, y acompañar no es controlar: es estar presentes, anticiparnos a los posibles impactos y priorizar siempre el bienestar emocional y el desarrollo saludable por encima de la moda o la presión social”.

Paula Lacuesta hace hincapié, además, en un aspecto importante para todas las familias: “Esto no aplica solo a esta película. Estas pautas deberían tenerse en cuenta para gran parte del contenido audiovisual infantil actual”.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.