Cuando Margot Robbie aterriza en una alfombra roja, rara vez lo hace de manera casual. Pero con Cumbres Borrascosas, la actriz ha llevado esa conciencia estilística un paso más allá: no se está vistiendo para promocionar una película, se está vistiendo como si Catherine Earnshaw hubiera escapado del libro de Emily Brontë y caminara por el siglo XXI. La nueva adaptación de Wuthering Heights —la novela publicada en 1847— dirigida por Emerald Fennell y protagonizada por Margot junto a Jacob Elordi, se estrena el 13 de febrero, y su gira promocional se ha convertido en una lección magistral de lo que hoy entendemos como method dressing.
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Tras el fenómeno cultural de Barbie, donde cada look funcionó como un guiño directo al universo de la muñeca más famosa de la historia, la actriz repite estrategia, pero cambia radicalmente de tono: del rosa brillante al romanticismo oscuro, del pop al drama literario, del juego a la obsesión.
Catherine Earnshaw: un personaje fuera del tiempo
Uno de los puntos clave de esta nueva adaptación de Cumbres Borrascosas es que no es una reconstrucción histórica estricta. Y eso se refleja tanto en la película como en la forma en la que se está comunicando visualmente. La diseñadora de vestuario Jacqueline Durran —también responsable del vestuario de Barbie— explicó que el enfoque fue deliberadamente híbrido: “Nuestras referencias iban desde lo isabelino hasta lo georgiano y victoriano, pasando por pinturas, moda contemporánea y representaciones del vestuario de época en el cine del siglo XX. El reto era destilarlo todo en una visión estilizada”. Ese mismo planteamiento ha sido trasladado, casi sin fisuras, al armario promocional de Margot Robbie.
De la ficción a la alfombra roja
En manos de Andrew Mukamal, estilista y colaborador clave de la actriz, el vestuario de la gira promocional no se limita a evocar una época: interpreta emociones, citas literarias y rasgos psicológicos del personaje. Mukamal, historiador de formación, se empapó del proceso creativo desde dentro: visitó el set durante el rodaje y trabajó codo con codo con Durran, algo poco habitual en este tipo de producciones. Margot lo explicó así: “Andrew es un apasionado de la historia. Pasó tiempo con Jacqueline en el set, algo que normalmente no ocurre, y eso se nota en el resultado”.
Rojo burdeos, plumas y París: Margot Robbie culmina su method dressing
Para el estreno en París —la ciudad donde la tragedia romántica siempre encuentra eco— Margot Robbie pisó la alfombra roja con un Chanel a medida diseñado por Matthieu Blazy, en lo que marca un momento especialmente significativo dentro de su relación con la maison. Aunque la actriz lleva años siendo una de las embajadoras más fieles de la casa, este look tiene algo de hito: es el primer diseño de Blazy que luce en una alfombra roja, y lo hace, además, ligado a Cumbres Borrascosas, “un proyecto muy especial” para ella. “No podía imaginar una ocasión más adecuada”, confesaba.
El vestido, de silueta corsetera y caída drapeada, estaba confeccionado en una sofisticada combinación de seda burdeos, terciopelo y faille, con una sobrefalda interior de seda en marfil que aportaba contraste y profundidad. El tono oscuro, casi sanguíneo, dialogaba tanto con el dramatismo del personaje como con el propio entorno. Según explicaba la actriz, los colores fueron cuidadosamente seleccionados para armonizar con la alfombra roja del estreno parisino, en un guiño casi metanarrativo: un look concebido a partir del propio escenario, como si el vestido naciera del suelo que pisa.
Los detalles elevan el conjunto a otro nivel. Plumas y pétalos de seda recorren el diseño de forma orgánica, reforzando esa tensión constante entre belleza y desgarro que atraviesa la novela de Emily Brontë. Las plumas —un motivo recurrente a lo largo de esta gira— vuelven a funcionar como símbolo de lo indómito, de lo visceral, de una feminidad que se resiste a ser domesticada.
El estreno mundial: rojo sangre, alta costura y una joya cargada de tragedia
Para el estreno mundial de Cumbres Borrascosas en Los Ángeles, Margot Robbie eligió un vestido a medida de Schiaparelli, recién salido de la pasarela de alta costura primavera/verano 2026. El diseño había debutado en la colección en color azul cobalto, pero para esta ocasión fue reinterpretado en un rojo profundo, casi sanguíneo, un tono que atraviesa toda la película y que, como explicó Jacqueline Durran, acompaña a Catherine Earnshaw como un hilo emocional constante.
El cuerpo del vestido, construido en encaje estructurado, remite directamente al siglo XIX y al periodo en el que Emily Brontë escribió la novela, con un guiño claro a la silueta victoriana. Completó el look con el legendario collar Taj Mahal de Cartier, una pieza icónica con un pasado marcado por el amor obsesivo y la tragedia. El collar fue regalado por Richard Burton a Elizabeth Taylor en 1972, pero su historia se remonta al siglo XVII, cuando perteneció al emperador mogol Shah Jahan, quien mandó grabar el nombre de su esposa y más tarde construyó el Taj Mahal en memoria de su muerte. Una cadena de pasiones absolutas, pérdidas irreparables y romanticismo desbordado que dialoga de forma casi literal con la relación entre Cathy y Heathcliff.
Serpientes, corsés y deseo
Para un photocall de la película en Los Ángeles, Margot Robbie apareció con un minivestido corsetado de Dilara Findikoglu, confeccionado en un estampado de serpiente en rojo y negro, perteneciente a la colección otoño/invierno 2025 de la diseñadora.
Andrew Mukamal citó explícitamente una de las frases más crudas de la novela: “Preferiría que me abrazara una serpiente”. El motivo serpentino funciona aquí como metáfora de peligro, seducción y desafío, tres rasgos esenciales del carácter de Catherine Earnshaw, y subraya las corrientes tóxicas y destructivas que recorren la historia.
La actriz completó el look con zapatos a medida de Manolo Blahnik, de efecto degradado, y joyas de Jessica McCormack, pero el elemento con más significado fue el anillo de sello dorado que lucía en el dedo: una pieza diseñada junto a Mukamal y creada por Cece Jewellery, idéntica a la que lleva Jacob Elordi. El anillo está grabado con la cita: “Whatever our souls are made of, his and mine are the same”, y presenta una ilustración gótica de dos esqueletos abrazados, rodeados por rosas y espinas. Un símbolo visual del amor inseparable, violento y fatalista.
El anillo como narrativa: joyería que cuenta la historia
En una aparición posterior, tanto ella como Jacob Elordi lucieron anillos de sello góticos a juego, también creados por Cece Jewellery, en un gesto íntimo que refuerza la idea de pareja simbiótica dentro y fuera de la ficción. Cada anillo está grabado a mano con la célebre frase de Brontë y decorado con dos esqueletos esmaltados entre rosas y espinas. En los laterales, aparecen las iniciales “C&H” y las fechas “1847–2026”, conectando el año de publicación de la novela con el estreno de esta nueva adaptación cinematográfica.
Margot combinó su anillo con un vestido corto de color negro de Roberto Cavalli, con mangas de estilo medieval, detalles en terciopelo, y zapatos de tacón de Christian Louboutin.
Plumas blancas: contención y locura latente
Durante su estancia en Los Ángeles, Margot lució dos looks de Victoria Beckham pertenecientes a la colección primavera/verano 2026, que funcionan como un díptico conceptual. El primero fue un minivestido blanco entallado, completamente cubierto de plumas blancas, de apariencia delicada y casi etérea.
Lejos de ser un adorno, las plumas remiten directamente a uno de los pasajes más inquietantes de la novela, en el que Cathy, presa de la fiebre y la locura, arranca las plumas de una almohada con los dientes. Aquí, la blancura y la ligereza esconden una tensión emocional contenida, un preludio de la violencia interior del personaje.
Plumas negras: el estallido
El segundo look de Victoria Beckham invierte el código: un bustier negro cubierto de plumas, combinado con pantalones negros de tiro bajo, también de la colección primavera/verano 2026. Andrew Mukamal acompañó las imágenes en redes sociales con la cita literal de Brontë: “Tossing about, she increased her feverish bewilderment to madness, and tore the pillow with her teeth…” En este contexto, las plumas dejan de ser delicadas y se convierten en un símbolo de ferocidad, descontrol y energía indomable. Es, probablemente, uno de los ejemplos más claros de method dressing de todo el tour.
Encaje gótico en prime time
Para su aparición en Jimmy Kimmel Live, Robbie volvió a uno de los motivos más constantes de la gira: el encaje. Eligió un minivestido de encaje transparente de McQueen, perteneciente a la colección primavera/verano 2026 ready-to-wear, con un marcado aire gótico y victoriano.
Lo combinó con pendientes de diamantes de Jessica McCormack y un peinado de rizos sueltos y naturales, reforzando la idea de heroína romántica salida de una novela decimonónica, reinterpretada para el presente.
Un respiro moderno: lencería contemporánea
Para su paso por SiriusXM’s The Julia Cunningham Show, Robbie apostó por un registro más contemporáneo, sin romper el hilo narrativo. Lució un vestido lencero rojo y blanco con superposición negra transparente, firmado por Mark Gong y perteneciente a su colección primavera 2026.
El diseño, de inspiración lencera, juega con tiras descolocadas, capas superpuestas y una sensualidad imperfecta, alejándose del siglo XIX pero manteniendo la fragilidad emocional del personaje. Lo completó con botas altas negras con lazadas y flecos, aportando un punto casi punk que actualiza la narrativa de Cathy para una audiencia contemporánea.
¿Qué es el method dressing y por qué importa?
El término method dressing, acuñado por el periodista André Wheeler, describe una práctica cada vez más habitual: usar la moda como extensión del universo narrativo de una película o serie antes de su estreno.
Aunque hoy parezca omnipresente, uno de los primeros ejemplos icónicos se remonta a 1992, cuando Geena Davis apareció en el estreno de A League of Their Own con un vestido decorado con costuras de béisbol. Desde entonces, la idea ha evolucionado: Zendaya, Jenna Ortega, Anya Taylor-Joy o Michelle Yeoh han utilizado la moda para sugerir —a veces de forma literal, otras más abstracta— los mundos que habitan en pantalla.
Como señala Wheeler, en un contexto de alfombras rojas cada vez más orquestadas, este tipo de estilización tiene todo el sentido: cada aparición es un titular potencial.
De Barbie a Brontë: una actriz que entiende el juego
Si Barbie fue un despliegue de nostalgia pop perfectamente calibrada, Cumbres Borrascosas es su reverso: oscuro, literario, obsesivo. Con la película a punto de estrenarse, todo indica que aún veremos más capítulos de esta narrativa estilística.
