A sus 22 años, Ingrid Alexandra de Noruega empieza a escribir, casi sin hacer ruido, los primeros capítulos de un reinado que se vislumbra histórico. Segunda en la línea de sucesión y futura primera reina de Noruega en 600 años, la princesa ha realizado su primer viaje oficial en solitario al norte del país, una visita cargada de simbolismo que la ha llevado hasta Finnmark, bajo las auroras boreales, para convivir con comunidades sami y conocer de primera mano la realidad del pastoreo de renos. Para la ocasión, Ingrid, una de las herederas del siglo XXI, ha elegido un look sobrio y funcional: un abrigo heredado de su madre, la princesa Mette-Marit, y unos pendientes-amuletos de profundo significado cultural.
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Un look heredado con estilo lady
Lejos de cualquier exceso, Ingrid Alexandra, que ha pasado de tímida adolescente a heredera elegante, ha apostado por un look pensado para el clima, el contexto y el mensaje que quería transmitir. El protagonista es un abrigo color arena de By Malina, una pieza que pertenece al armario de su madre, Mette-Marit. De líneas amplias, solapas oversize y cierre frontal, se trata de un abrigo cálido y cómodo, perfecto para las temperaturas invernales del norte de Noruega y, al mismo tiempo, una elección que refuerza esa idea de elegancia discreta que define a la heredera.
Bajo el abrigo, Ingrid ha llevado un vestido-abrigo azul marino de Ganni, una pieza que ya había lucido el año pasado y que confirma su gusto por prendas atemporales y bien construidas. Entallado, con falda ligeramente evasé y botones frontales, el diseño encaja con esa estética “lady” que la princesa adopta cuando quiere verse formal sin resultar rígida. El conjunto se completa con botas altas de piel marrón con tacón, un clutch de piel marrón tostado de Pia Katarina —regalo del Parlamento Sami por su 18.º cumpleaños— y una coleta pulida y natural que dejaba todo el protagonismo a unos pendientes muy especiales.
Los pendientes que funcionan como amuleto protector
Los pendientes que ha llevado Ingrid Alexandra no son un simple accesorio. Se trata de las Komsekule, unas piezas de plata de la firma Juhls, de Bergen, profundamente ligadas a la tradición sami. Estos pequeños amuletos tienen su origen en la Edad Media, cuando llegaron al norte a través del comercio desde el sur y el oeste de Europa y se utilizaban como protección contra enfermedades, especialmente durante la peste del siglo XIV.
Con el tiempo, la Komsekule adquirió un significado aún más profundo dentro de la cultura sami. En la creencia tradicional, los espíritus del inframundo podían poner en peligro a los recién nacidos, por lo que estos amuletos se colgaban en la cuna —el komse— para proteger al bebé de ser dañado o sustituido por seres invisibles. En lengua sami del norte, el amuleto recibe el nombre de Šiella, que significa literalmente “protección”.
Hoy en día, la Komsekule sigue siendo un símbolo vivo de herencia, cuidado y pertenencia cultural, y es habitual regalarla tanto a niñas como a niños en bautizos. En algunas regiones, estas piezas forman parte de collares de plata tradicionales, los Silbaráhka. Al elegir estos pendientes para su visita, Ingrid Alexandra no solo ha mostrado sensibilidad cultural, sino también una comprensión profunda del lugar y de las personas a las que iba a conocer.
Una visita marcada por el contacto directo y la curiosidad
Durante su estancia en Finnmark, la princesa convivió con la familia Sara en el Parque Nacional Anárjohka, tras recorrer varios kilómetros en moto de nieve hasta su cabaña de pastores. Allí pasó la noche, ayudó en tareas relacionadas con el cuidado de los renos y mostró un interés genuino por el oficio. “Parece que realmente le importa”, señaló Grethe Máret en declaraciones a la televisión pública NRK, destacando la cantidad de preguntas que hizo Ingrid Alexandra sobre el trabajo.
La propia princesa reconoció después que la experiencia la había marcado: “Fue increíblemente bonito. Es algo que recordaré el resto de mi vida”. También destacó lo importante que había sido para ella conocer a jóvenes orgullosos de sus raíces sami.
Educación, cultura y palabras en sami
El viaje continuó con una visita a la escuela de Karasjok, donde Ingrid Alexandra se dirigió a los estudiantes —desde infantil hasta secundaria— y sorprendió al público al hablar en lengua sami, agradeciendo la cálida bienvenida. “Es lo que hacemos juntos lo que construye la sociedad en la que vivimos”, afirmó, subrayando la importancia de la comunidad, la cultura y el respeto mutuo.
La princesa también visitó el Parlamento Sami, donde se reunió con sus representantes y conoció de cerca su labor para proteger la lengua, la cultura y los derechos del pueblo indígena. Un gesto que refuerza la idea de una heredera comprometida, atenta y consciente del peso simbólico de cada paso.
Una heredera menos mediática
Menos expuesta mediáticamente que otras herederas europeas, Ingrid Alexandra representa una aproximación orgánica al estilo y al papel institucional. En su día a día apuesta por vaqueros, jerséis de punto y prendas funcionales; en actos oficiales, no duda en recurrir al traje regional noruego. Ha debutado con tiara, sí, pero todavía se percibe una búsqueda honesta entre tradición y personalidad.
En este primer viaje en solitario, Ingrid Alexandra no solo ha estrenado agenda propia, sino que ha dejado claro que su forma de reinar —cuando llegue el momento— empezará desde el respeto, la cercanía y los pequeños gestos.
