La muerte de Valentino a sus 93 años ha conmocionado a toda la industria de la moda. Este 19 de enero hemos despedido a una leyenda de la aguja y el dedal, un revolucionario que entendía la moda como un arte y emocionaba con cada uno de sus diseños, fundiéndose con la eternidad con todas sus creaciones. Él comprendía los patrones como si fuera un idioma que tan solo él podía interpretar, elevando sus bocetos a verdaderas piezas de alta costura gracias a su innegable talento. El modisto comenzó profesionalmente a vestir a maniquís en 1962 y, si bien el estilo corría por sus venas —él mismo ha reconocido que "este sentido nació conmigo"—, fue gracias a su madre Teresa de Biaggi que se decidió a perseguir sus sueños.
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"Recuerdo a mi madre diciéndole a sus amigos, 'A este niño le gusta la belleza'", explicaba Valentino en una entrevista para el periódico El Mundo, donde recordaba que, desde una temprana edad, "me fijaba mucho en la ropa", sobre todo, "me llamaban mucho la atención los vestidos de las actrices: siempre me fascinó la elegancia". Unas declaraciones entrañables que, además de delatar la gran destreza que prometía desde pequeño, denotaban el fuerte vínculo que compartía con su madre y cómo está fue su apoyo incondicional antes y durante su desarrollo profesional. "Le decía siempre lo que quería vestir", admitió durante esa misma conversación.
Impulsó su formación
Además, tal y cómo recogen en uno de los tantos libros donde se homenajea su figura —Valentino: Themes and Variations, de la editorial Taschen—, Teresa siempre supo ver el talento de su hijo. "Mi madre siempre supo que yo no estaba hecho para una vida normal", admitió, subrayando que siempre "me protegió de todo". Según ha explicado en varias ocasiones, fue Teresa quien impulsó su desarrollo en la moda, insistiéndole que debería formarse profesionalmente para complementar sus habilidades.
A sus tempranísimos 17 años, Valentino Clemente Ludovico Garavani —su nombre de nacimiento— decía hasta luego al país de la bota para aterrizar en País, siguiendo el consejo de su madre, donde comenzó a estudiar moda. Ingresó en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes y, más tarde, hizo lo propio también en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne, donde continuó avanzando con su formación. Cuando terminó sus estudios en este último centro, ejerció de aprendiz en las casas de Guy Laroche o Jean Desses, dos de las figuras más emblemáticas de la moda gala de la década de los 50.
Su mayor apoyo
Si bien se ha convertido en uno de los modistos más aclamados, Valentino fue diseñador en una época donde los hombres que perseguían sus sueños en el mundo de la moda no era del todo aceptado. El diseñador nació el 11 de mayo de 1932 en Voghera, una pequeña localidad a una hora de Milán; y sus inicios fueron un poco rocambolescos debido al gobierno dictatorial de Mussolini —el cual duró hasta su ejecución en 1945—.
Sin embargo, las estrictas políticas del Duce no fueron impedimento para que Valentino soñara con alcanzar su sueño de dedicarse a la sastrería. Además, contaba con el apoyo de sus padres —siendo más inquebrantable el de su madre quien, tal y como recordaba el modisto, fue la primera persona que confió en su talento— y de una figura también clave en su desarrollo como diseñador: su tía Rosa.
Antes de mudarse a París, Valentino aprendió el oficio con su tía Rosa, quien era modista de profesión y, por ende, una figura muy admirada por el modisto. Trabajó en su taller durante una larga temporada donde, como aprendiz, se nutrió de unos conocimientos técnicos fundamentales los cuales supo fusionar con su innegable talento, forjando así creaciones inigualables desde sus primeras colecciones.
Una década después, en 1959 —el diseñador tenía ya 27 años—, Valentino regresaba a Italia para emprender su sueño y abrir su primera tienda en Roma. Para este gran hito contó con la ayuda de su padre, Mauro Garavani, quien apostó por el talento de su hijo y trató de brindarle todos sus conocimientos y apoyo. Sin embargo, los inicios de esta nueva etapa no fueron sencillos y, durante el primer año, estuvieron al borde de la bancarrota en varias ocasiones.
Fue gracias a Giancarlo Giammetti —por ese entonces, un joven estudiante de arquitectura— que consiguieron resurgir la empresa. La confianza del joven en el proyecto del modisto lo llevó a convertirse en cofundador de la maison, y, más tarde, en la pareja romántica y pilar fundamental de Valentino.
