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La menopausia no solo marca el final de la vida reproductiva, también inaugura una fase de cambios en el metabolismo. Con la caída de estrógenos, aumenta la tendencia a la adiposidad central (esa grasa que se acumula en el abdomen), se deteriora la salud vascular y puede crecer el riesgo cardiovascular a medio y largo plazo. No es casualidad que el exceso de peso sea una de las grandes preocupaciones en esta etapa, incluso por encima de los sofocos o las alteraciones del sueño.
En este contexto, hablamos con la Dra. Guadalupe Blay Cortés, responsable del Grupo de Endocrinología y Nutrición de la SEMG, para separar mitos de evidencias y poner el foco donde de verdad importa: la salud, el seguimiento médico y un abordaje realista.
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Obesidad: una enfermedad crónica y compleja, no solo un problema estético
Para empezar, conviene nombrarla bien. “La obesidad es una enfermedad crónica, es multifactorial: influyen genética, epigenética, entorno alimentario, actividad física, sueño, microbiota, factores socioeconómicos y aspectos psicológicos”, explica la doctora.
Este cambio de marco es más que semántica. “La obesidad es a la vez una enfermedad y un factor de riesgo para muchas otras enfermedades”, recuerda, y por eso “un problema estético no causa todo eso. Una enfermedad crónica sí”. En su lista aparecen, entre otras, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, apnea del sueño, hígado graso, hipertensión, osteoartritis o algunos tipos de cáncer. Y remata con una frase que resume el porqué del asunto: “La obesidad es la causa, las otras enfermedades son las consecuencias”.
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Por qué tiene múltiples caras (y por qué eso cambia el abordaje)
“La obesidad tiene ‘múltiples caras’ porque no es igual en todas las personas”, señala la doctora. La razón está en que hay “diferentes tipos de grasa, distintos perfiles metabólicos y causas en cada persona”, añade. Traducido a la práctica, no todo el mundo desarrolla las mismas complicaciones ni en el mismo orden. “No todas estas enfermedades aparecen en todas las personas, pero el riesgo aumenta consistentemente”, advierte. De ahí que el abordaje no pueda seguir un único guion para todas las mujeres y deba ser individualizado, planificado y sostenido.
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Menopausia, grasa abdominal y salud cardiovascular: lo que conviene vigilar
En esta etapa, el cuerpo tiende a redistribuir la grasa hacia el abdomen. Y más allá de lo estético, esa adiposidad central suele asociarse con cambios metabólicos que pueden influir en la resistencia a la insulina, la tensión arterial y los niveles de lípidos en sangre. Dicho de otra manera y para que se entienda mejor, es un momento vital que merece la pena–y se recomienda– prestar atención a los marcadores que realmente hablan de salud.
Por eso, el foco en consulta no debería ser perseguir una pérdida de peso rápida, sino trabajar con objetivos clínicos sostenibles. “Es prioritario pensar en la obesidad como una enfermedad metabólica crónica e inflamatoria” y orientar el abordaje a “reducir el riesgo cardiovascular y metabólico derivado, evitando la estigmatización y fomentando el bienestar emocional”, plantea la Dra. Guadalupe Blay. En la práctica, eso implica revisar la tensión, la glucosa, el perfil lipídico, el perímetro de cintura, la calidad del sueño y, por supuesto, tomar decisiones con seguimiento médico.
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El “termostato” del cuerpo y el entorno que no ayuda
Uno de los mitos más extendidos es que la obesidad se resuelve con voluntad. La doctora lo desmonta desde la biología: “El cuerpo regula el peso como si fuera un termostato”. El cerebro, las hormonas y el tejido adiposo regulan el hambre, la saciedad, el gasto energético, el almacenamiento de grasa y la respuesta al estrés. A eso se suma lo emocional, que en el propio bienestar es clave. “La comida no solo es nutrición, también es regulador emocional, hábito, recompensa y escape”, asegura la doctora.
Y, además, el contexto tampoco ayuda, ya que, según la experta, “vivimos en un ‘entorno obesogénico’”, con ultraprocesados accesibles y diseñados para ser hiperpalatables, con publicidad constante y un sedentarismo inducido por el trabajo y la tecnología, así como un descanso insuficiente y disponibilidad de comida constantemente.
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Señales de alerta: cuándo pedir ayuda antes de que vaya a más
Hay una idea que conviene repetir. No hace falta esperar a “estar peor” para ir al médico. A veces el cuerpo avisa bajito —con cambios que se normalizan o se van tapando con resignación— y ahí es cuando una revisión a tiempo marca la diferencia. La Dra. Guadalupe Blay lo concreta con señales muy claras. Por un lado, una “subida de peso, unos 2 o 3 kg en pocas semanas o meses sin cambio aparente”. Por otro, algo igual de frecuente (y frustrante) es la “imposibilidad de perder peso a pesar de hacer esfuerzos razonables”, añade la doctora.
Si a eso se suman cifras que empiezan a moverse —tensión arterial alta, triglicéridos elevados o hiperglucemia—, conviene no mirar hacia otro lado. También hay señales que tienen que ver con el descanso: ronquidos intensos y pausas respiratorias durante el sueño, levantarse con cansancio o arrastrar somnolencia durante el día. Y otras que se notan en el día a día, aunque no siempre se relacionen con el peso, como tener una sed excesiva, ir al baño con más frecuencia y la fatiga persistente.
Y, por último, lo que muchas veces se queda fuera del relato, pero está dentro del problema, es el impacto emocional. La doctora menciona depresión, ansiedad y baja autoestima, además de patrones como el “picoteo emocional” y atracones. Si la comida se convierte en una vía de escape o la preocupación por el peso empieza a ocupar demasiado espacio mental, también es motivo para consultar. No para recibir una regañina, sino para ponerle nombre a lo que pasa y empezar con un plan de acompañamiento y ajustado a cada caso.
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Atención Primaria y estigma: el punto de partida que lo cambia todo
En la consulta de Atención Primaria se ve el conjunto desde donde puede abordarse: antecedentes, analíticas, medicación, sueño, estado de ánimo, hábitos y contexto vital. Esa continuidad es la que marca la diferencia en una enfermedad crónica. Permite ir ajustando objetivos realistas, detectar señales de alerta y coordinarse con otros especialistas cuando hace falta. Y, además, ayuda a romper un bloqueo muy común: el miedo a ser juzgada.
Por eso, abrir una conversación más informada importa. No se trata de suavizar el problema, sino de enfocarlo bien. Silvia Meije, directora de Acceso al Mercado y Relaciones Institucionales de Novo Nordisk España, apunta a este respecto: “En Novo Nordisk creemos que la obesidad debe abordarse como lo que es: una enfermedad que impacta en la salud y en la calidad de vida. Nuestro compromiso es acompañar a las personas en este camino, impulsando un diálogo informado y libre de estigma, para que puedan contar con un apoyo multidisciplinar cuanto antes. Solo así lograremos que cada mujer, en cualquier etapa de su vida, se sienta escuchada y cuidada”.