Sensación de plenitud con poca comida, vientre hinchado, ardor o una pesadez persistente en la parte alta del abdomen. Muchas personas conviven con estas molestias digestivas casi a diario, normalizándolas como algo sin importancia, cuando en realidad pueden estar detrás de un trastorno funcional digestivo: la dispepsia funcional.
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La dispepsia funcional se caracteriza por molestias digestivas altas sin que exista una lesión visible en el estómago o el intestino. De hecho, en la mayoría de los casos, las pruebas médicas no muestran alteraciones estructurales. El malestar aparece porque el estómago no se mueve como debería, porque se vuelve más sensible a la distensión o porque la digestión se vuelve más lenta de lo habitual.
Cuando el estómago se siente lleno sin haber comido mucho
Como decíamos, uno de los rasgos más característicos de la dispepsia funcional es la saciedad precoz: la persona se siente llena con pequeñas cantidades de comida. A esto se suman presión abdominal, ardor o dolor en la parte superior del abdomen, náuseas y distensión.
Tal como explica Enrique Rey, profesor titular de Medicina y especialista en Aparato Digestivo de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de Schwabe, “una plenitud normal desaparece pocas horas después de comer y está claramente relacionada con la cantidad ingerida. En cambio, cuando alguien se siente lleno de forma frecuente, incluso con porciones pequeñas, o presenta molestias que se repiten, conviene prestar atención”.
Menta y alcaravea: dos plantas que pueden ayudarte
Entre las plantas con mayor respaldo clínico para tratar estos síntomas destacan la menta y la alcaravea, que pueden encontrarse en algunos productos de venta en farmacia.
“Los estudios apuntan que aceites de menta y alcaravea tienen beneficios demostrados en el dolor abdominal, la presión, los gases y la sensación de plenitud”, señala el doctor Rey. Estas plantas actúan relajando la musculatura del tracto digestivo, reduciendo los espasmos y facilitando el paso del contenido gástrico e intestinal.
La menta destaca por su efecto carminativo y antiespasmódico, ayudando a aliviar la sensación de hinchazón y los gases. La alcaravea, por su parte, contribuye a mejorar la digestión y a reducir la fermentación intestinal, una de las causas habituales del vientre distendido.
Otras plantas digestivas que también ayudan con los gases
Además de la menta y la alcaravea, existen otras plantas tradicionalmente utilizadas para aliviar molestias digestivas y que pueden ser útiles en casos de gases y pesadez leve.
- El hinojo es una de las más conocidas. Sus semillas ayudan a reducir la formación de gases y favorecen la eliminación del aire acumulado en el intestino, siendo especialmente útil cuando hay distensión abdominal.
- El anís verde comparte propiedades carminativas y digestivas. Ayuda a disminuir los espasmos intestinales y suele recomendarse cuando la hinchazón se acompaña de ruidos digestivos o sensación de presión.
- La manzanilla destaca por su efecto calmante y antiinflamatorio suave sobre la mucosa digestiva. Resulta útil cuando la pesadez se acompaña de sensación de ardor o molestias tras las comidas.
- Por último, el jengibre, en dosis moderadas, puede favorecer el vaciamiento gástrico y aliviar las náuseas, aunque no siempre es adecuado para personas con estómagos especialmente sensibles.
Aunque estas plantas pueden ser de gran ayuda, no conviene utilizarlas de forma indiscriminada ni asumir que todo malestar digestivo es “normal”. De hecho, tal como recuerda el especialista, cuando las molestias son recurrentes, aparecen con poca comida o interfieren en la calidad de vida, es importante consultar.
“Con un diagnóstico adecuado y un abordaje integral que incluya una alimentación equilibrada y el tratamiento apropiado, las personas con dispepsia funcional pueden mejorar notablemente. Lo importante es no normalizar un malestar que aparece de forma recurrente, incluso cuando no hay excesos”, recalca el doctor Enrique Rey.
Hinchazón o distensión abdominal, ¿cómo diferenciarlas?
La dispepsia también pueden producir una mayor sensibilidad a la distensión abdominal. Sin embargo, es importante diferenciar cuándo es hinchazón y cuándo distensión. Julyssa Cobián, médico especialista en Aparato Digestivo, de Policlínica Gipuzkoa, explica que el primer paso es aclarar conceptos que a menudo se confunden. “La hinchazón abdominal es una sensación subjetiva; el paciente nota tensión o presión en el abdomen. En cambio, la distensión abdominal implica un aumento real y medible del perímetro abdominal”, señala. Aunque son fenómenos distintos, en la práctica clínica es frecuente que ambos aparezcan de forma simultánea en una misma persona.
En la mayoría de los casos, estas molestias tienen un origen funcional, es decir, no se deben a una enfermedad orgánica visible. Dentro de este grupo existen distintos perfiles. Por un lado, personas con dificultad para eliminar gases, como ocurre en algunos casos de estreñimiento asociado a una sinergia pélvica, donde la maniobra de defecación no se realiza de forma eficaz. Por otro, pacientes con hipersensibilidad abdominal, que experimentan hinchazón incluso tras ingerir cantidades normales de comida o bebida, no porque haya más gas, sino porque el organismo percibe de forma exagerada esa distensión.
La especialista también describe alteraciones en la acomodación abdominal, un mecanismo en el que el diafragma y la musculatura abdominal deberían adaptarse para evitar que el abdomen sobresalga tras las comidas. Cuando este sistema falla, puede aparecer distensión sin que exista un aumento real del contenido abdominal.
Aunque estos cuadros funcionales son los más habituales, Cobián recuerda que hay que permanecer atentos a causas orgánicas menos frecuentes, como tumores o acumulación de líquido en el abdomen, que suelen provocar una distensión más persistente y estable a lo largo del día.
Ejercicio y buena alimentación
Además de las plantas ya comentadas, que pueden ayudar en caso de dispepsia los hábitos cotidianos juegan un papel clave para aliviar la distensión abdominal. La especialista recomienda realizar ejercicio físico de forma regular, practicar respiraciones diafragmáticas, comer despacio y mantener horarios de comida estables para reducir la entrada de aire durante las ingestas. También aconseja optar por porciones más pequeñas y variadas.
La alimentación influye, pero no siempre es determinante: “Muchos pacientes no identifican un alimento concreto como desencadenante, porque el problema no está tanto en lo que comen, sino en cómo su cuerpo maneja ese contenido”. Por eso, cuando la distensión es constante y afecta a la calidad de vida, la recomendación es consultar con un especialista para una valoración adecuada.
