Exótica, resistente y siempre brillante: la planta tropical que mejor se adapta al interior del hogar
El anturio (‘Anthurium’) combina una imagen exótica con una sorprendente capacidad de adaptación al interior del hogar. A su inconfundible presencia se suman exigencias de cultivo razonables, siempre que se eviten los excesos. Entender su relación con el agua, la luz y la humedad es la clave para disfrutarlo durante años.
El anturio (Anthurium) es una de las plantas ornamentales más reconocibles y apreciadas por su estética llamativa: hojas brillantes con forma de corazón y una ‘flor’ cerosa que destaca por su color intenso y su aspecto casi escultórico.
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Procede de regiones tropicales, donde crece en ambientes cálidos y húmedos, y esa naturaleza explica tanto su belleza como las necesidades específicas que presenta cultivada en casa. A continuación, te contamos cómo cuidar esta exótica planta de interior para que luzca siempre en su mejor versión.
Las llamativas ‘flores’ del anturio no son flores en sentido estricto, del mismo modo que ocurre con la flor de Pascua. En realidad, esos colores intensos pertenecen a una hoja modificada, una bráctea que actúa como reclamo visual y que rodea la verdadera floración, mucho más discreta.
Esta bráctea es la auténtica protagonista de la planta. Ahora bien, no permanece siempre en su máximo esplendor: su duración depende de la luz, la temperatura y los cuidados. Para potenciar su color y favorecer que aparezcan nuevas brácteas, conviene ofrecerle luz abundante pero indirecta, un ambiente cálido y húmedo, y un abonado regular durante la época de crecimiento.
La llamada ‘flor’ del anturio presenta una notable diversidad cromática, aunque la variedad roja es la más común y reconocible. Este tono intenso y brillante, es el que ha convertido al anturio en un icono de la planta ornamental de interior.
Junto al rojo clásico, muy extendido en la variedad Anthurium andraeanum, existen cultivares con espatas rosas, blancas, crema, verdes e incluso bicolores, que han ganado popularidad en los últimos años gracias a la mejora genética.
La luz filtrada, aliada imprescindible del anturio
El anturio es una planta queen su hábitat natural crece bajo la protección de los grandes árboles de las selvas tropicales de América Central y del Sur. Allí recibe una claridad constante, pero siempre tamizada por el follaje, nunca luz directa. Ello explica perfectamente sus necesidades cuando lo cultivamos en interiores: requiere mucha luz, pero filtrada, sin que los rayos del sol incidan de forma directa sobre sus hojas. Así se expone este ejemplar adquirido en April Plants.
¿Problemas de luz? Si es insuficiente, el anturio florecerá menos, mientras que si es excesiva las hojas pueden quemarse o amarillear.
Agua justa y humedad constante: así tendrás un anturio feliz
El aporte de agua del anturio debe ser moderado y preciso: necesita un sustrato ligeramente húmedo, pero nunca empapado. Lo ideal es regar solo cuando los primeros 2 o 3 centímetros de tierra estén secos al tacto, permitiendo que el exceso de agua drene completamente. El encharcamiento es uno de sus principales enemigos, ya que favorece la podredumbre de raíces, un problema frecuente y difícil de revertir.
En cuanto a la humedad ambiental, conviene recurrir a soluciones eficaces como humidificadores o la agrupación de plantas para generar pequeños microclimas estables. Pulverizar agua sobre las hojas apenas contribuye a aumentar la humedad real del ambiente y resulta insuficiente para cubrir las necesidades de esta especie.
El anturio no es una planta especialmente exigente en cuanto a la riqueza del suelo. De hecho, puede vivir sin problemas en sustratos relativamente pobres siempre que este sea ligero, aireado y con buen drenaje, tres condiciones esenciales para que sus raíces respiren y no se encharquen.
¿Esto significa que no es obligatorio abonar? Sí, aunque es muy recomendable si se quiere un anturio más frondoso y con floraciones más generosas. Se aconseja aplicar fertilizante líquido en el agua de riego (para que los nutrientes lleguen de forma rápida y homogénea a las raíces) cada 15 días en primavera y verano, que es cuando está en plena actividad vegetativa. A medida que llega el otoño, su ritmo de crecimiento disminuye y basta con fertilizar una vez al mes. Interrumpe esta labor en invierno, pues la planta entra en un periodo de reposo y no aprovechará el aporte extra de nutrientes.
Retirar hojas amarillas o secas: Eliminarlas no solo permite que la planta concentre su energía en producir follaje nuevo y sano, además mejorar su aspecto general.
Cortar las ‘flores’ marchitas para estimular nuevas:Cuando una espata pierde color o empieza a decaer, conviene retirarla desde la base. Este gesto favorece que la planta siga floreciendo y mantiene un aspecto fresco.
Limpiar las hojas con un paño húmedo para mantener su brillo: El anturio destaca por su follaje brillante, pero el polvo puede opacarlo. Pasar un paño suave y ligeramente humedecido realza su belleza, al tiempo que ayuda a que la planta respire mejor y reduce la aparición de plagas.
El anturio no es una planta de crecimiento especialmente rápido, pero sí lo suficiente como para que, con el tiempo, sus raíces ocupen toda la maceta. Por eso conviene planificar el trasplante cada dos o tres años, o antes si la planta muestra signos de que el espacio se le ha quedado pequeño. La primavera es la mejor época para hacerlo: coincide con el inicio de su fase de crecimiento activo, lo que facilita que se recupere con rapidez, sin estrés y se adapte al nuevo sustrato.
El proceso es sencillo: basta con elegir una maceta con buen drenaje y solo un tamaño ligeramente mayor que la anterior; ten en cuenta que un recipiente demasiado grande puede frenar la floración. Al extraer el anturio, conviene manipularlo con suavidad para no dañar los nudos de raíces. Después, se coloca en un sustrato aireado, renovado y rico en materiales ligeros como corteza o fibra de coco. Un riego moderado al finalizar ayuda a asentar la tierra sin compactarla.
La propia planta suele avisar cuando necesita un hogar más amplio. Las señales más claras son raíces que asoman por los orificios de drenaje, un crecimiento que se vuelve lento sin motivo aparente o un sustrato que se seca con demasiada rapidez. Si observas alguno de estos indicios, es el momento de ofrecerle un tiesto mayor.
¿Deseas disfrutar de nuevos anturios para decorar con más plantas la casa? La multiplicación es un proceso relativamente sencillo mediante la técnica de la división de mata, que se lleva a cabo aprovechando el trasplante de la planta, preferentemente en primavera.
Frente a ello, la reproducción por semillas es un proceso lento y exigente respecto a las condiciones de humedad y temperatura, por lo que no se recomienda para jardineros aficionados.
Aunque el anturio es una planta tropical resistente, no se libra de que le puedan atacar plagas. Sus enemigos más comunes son las cochinillas, los pulgones, las arañas rojas y las moscas blancas, sobre todo en ambientes secos. En condiciones opuestas, cuando hay demasiada humedad, es más vulnerable a hongos que provocan pudrición de raíces.
La buena noticia es que la prevención es de lo más sencilla: buena ventilación, riegos moderados y una revisión periódica de las hojas para detectar cualquier señal a tiempo.
Por qué el anturio es ideal para cultivarse en kokedama
A pesar de que, por norma general, las plantas con flor no suelen ser las más adecuadas para hacer una kokedama, el anturio se adapta sorprendentemente bien a este formato gracias a su sistema radicular compacto y a su afinidad natural con ambientes húmedos.
En el caso de las kokedamas (al no cultivarse la planta en maceta) el riego cambia por completo: se realiza por inmersión, sumergiendo la bola de musgo en un recipiente con agua durante unos minutos hasta que quede bien hidratada. Después, se deja escurrir el exceso antes de volver a colocarla en su soporte.
En el lenguaje de las plantas el anturio es símbolo de…
La elección de una flor nunca es casual: cada especie comunica emociones distintas y añade matices al mensaje que queremos transmitir. En el caso del anturio, su presencia imponente y su estética casi escultórica lo han convertido en un símbolo universal de hospitalidad, armonía y fortaleza emocional.
Sus hojas con forma de corazón y su asombrosa capacidad para mantenerse bello durante largo tiempo han convertido al anturio en un símbolo de amor que perdura, de vínculos firmes y cuidados con constancia. No es una flor efímera, sino una presencia que acompaña, crece y se renueva. Con San Valentín a la vuelta de la esquina, esta planta tropical se presenta como un regalo distinto y cargado de significado para tu pareja: una declaración silenciosa de afecto que va más allá del momento y apuesta por la permanencia.