Lidia Molina, interiorista: "Los muebles que mejor envejecen son los que te hacen la vida más fácil"


La experta explica por qué algunas casas siguen viéndose actuales con el paso del tiempo y nos revela qué piezas sobreviven realmente a las modas


Interiorista Lidia Molina© Bacon Studio
27 de enero de 2026 - 7:05 CET

Todas hemos vivido ese momento en el que miramos una casa –a veces la nuestra– y pensamos: esto está completamente fuera de época. Y no porque sea vieja, sino porque nació atada a una moda concreta. Por eso resulta tan interesante la mirada de la interiorista Lidia Molina, que no diseña pensando en el impacto inmediato sino en cómo se vive un espacio con el paso de los años.

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Para ella, el problema está claro. "Una tendencia responde a criterios estéticos y, en muchas ocasiones, se olvida de lo que conlleva un diseño completo", explica. Y un hogar, insiste, no puede sostenerse solo desde lo visual.  En interiorismo, recuerda, la estética no es suficiente. "Un buen diseño tiene varias patas: debe responder al uso real de la vivienda, ser funcional, mejorar la experiencia diaria de quien la habita y mantener una coherencia estética. Cuando una de esas patas falla, el espacio deja de funcionar de verdad. Y ahí es cuando aparece esa sensación incómoda de estar viviendo en algo que ya no nos representa".

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© Caballero Fotografía/Estudio María del Valle

Cómo saber que una tendencia ya no funciona

Lidia detecta que una moda ha pasado no porque deje de verse en revistas o redes sociales, sino porque deja de tener sentido en nuestro día a día. Cuando un espacio obliga a adaptarte a él, es decir, cuando no responde a cómo se vive– algo se rompe. "La estética por sí sola no sostiene un espacio", insiste. Puede impactar, pero no acompaña. Según nos cuenta "cuando un elemento solo busca “quedar bien” y no cumple el resto de funciones, deja de ser diseño y pasa a ser una moda". Y las modas, por definición, no están hechas para durar.

La palillería de madera es un buen ejemplo: la hemos visto hasta la saciedad, pero en este recibidor diseñado por la interiorista María del Valle, donde actúa como un tabique que separa la entrada del salón sin bloquear la luz, sigue funcionando porque tiene un propósito real. No está ahí solo para decorar, sino para ordenar el espacio y hacerlo más habitable. Por eso, aunque sea un recurso muy usado, aquí no se siente pasado, sino bien pensado.

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© Treku

Más allá de modas

Cuando una tendencia cae, no se lleva todo por delante. Hay muebles que siguen funcionando igual de bien porque no nacieron para llamar la atención. Lidia lo tiene claro: resisten "aquellos que nacen desde la funcionalidad, la buena proporción y la calidad de los materiales y una estética acertada". Piezas que no dependen de un color viral ni de una forma extravagante. 

Para muestra este aparador de la colección Lauki, de la firma Treku, lacado en verde; sí, es tendencia, pero está bien diseñado y tiene una función clara de almacenaje. Eso hace que, aunque dentro de unos años el verde ya no esté en todas partes, la pieza seguirá teniendo sentido. Porque no depende únicamente de un tono de moda, sino de un diseño que se sostiene por sí mismo.

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© Jordi Miralles

El sofá casi nunca es el problema

Curiosamente, uno de los muebles que más se cuestiona con el tiempo suele ser el sofá. Pero Lidia lo tiene claro: "muchas veces lo que cansa no es la pieza, sino cómo se interpreta en un momento concreto. Si es cómodo y se usa a diario, rara vez una familia quiere deshacerse de él. En esos casos, cambiar la tapicería por un tejido más actual o tonos más neutros, es suficiente para actualizar por completo el sofá". 

Un buen ejemplo de esto es este sofá rinconera, tapizado en lino y algodón crudo, de un proyecto de Molins Design: se ve acogedor, invita a sentarse y su tapicería atemporal hace que encaje igual de bien hoy que dentro de diez años.

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© María Pujol

Tejidos que siempre se ven bien

Los textiles pueden delatar la época de una decoración. Por eso, Lidia apuesta por tejidos naturales, con textura y en tonos suaves. "Envejecen mucho mejor", afirma la interiorista. Será por eso que nos gusta tanto este dormitorio diseñado por Tinda's Project, con una decoración sobria y elegante en tonos neutros. Los cojines son de Harmony y Taller de las Indias, de donde procede también el plaid a los pies de la cama. En cambio, los materiales brillantes o muy estridentes se asocian rápidamente a un momento concreto. 

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© María Mía

Lámparas de las que difícilmente te cansarás

Cuando hablamos de iluminación, Lidia no se obsesiona tanto con la forma de la lámpara como con su función y su lugar. "Una pieza bien ubicada, bien dimensionada y coherente con el espacio –como el modelo que Lidia Molina escogió para este comedor– tiene muchas más posibilidades de resistir el paso del tiempo. A veces una lámpara debe convertirse en el centro visual de la estanciay otras simplemente acompañar. Cuando se elige solo por capricho estético, sin atender al contexto, es cuando más probable es que pierda su atractivo con los años", nos cuenta.

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© Heidi Cavazos

Mesas, muebles auxiliares y almacenaje: ¿qué funciona a largo plazo?

Las piezas que mejor envejecen son las que nos hacen la vida más cómoda, es decir, aquellos muebles que, tal y como nos cuenta Lidia, nos resultan prácticos. Mesas de comedor donde cabe toda la familia –como la que decora el comedor de este proyecto de Coblonal–, superficies resistentes y fáciles de mantener, estanterías con una distribución acorde a nuestras necesidades… "Esa funcionalidad es lo que los convierte en diseños duraderos. Y si son de líneas puras, sencillas, con cierto aire cálido y sin excesos, mucho mejor", afirma.

Pero incluso piezas que parecen muy marcadas pueden transformarse en clásicos. Además de los cambios de tapicería que comentábamos antes, Lidia señala que también pequeños ajustes de color, ubicación o acabado pueden transformar por completo un mueble. "Muchas veces no es el objeto en sí, sino dónde se coloca y de qué se rodea lo que marca la diferencia".

También resisten el paso del tiempo todos esos objetos con un significado especial. "Cada hogar debe reflejar a quien lo habita", recuerda. "Las casas más bonitas no son necesariamente las más perfectas, sino las que cuentan una historia y que, gracias a esos detalles, se sienten únicas y vividas".

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© Westwing

Cómo integrar piezas muy marcadas

Los muebles muy de su época no tienen por qué desaparecer. De hecho, bien usados pueden aportar muchísimo carácter. "La clave está en darles espacio. Un elemento con personalidad necesita respirar", afirma Lidia. La interiorista aconseja rodearlas de una arquitectura más neutra para que se perciban como acentos especiales, no como errores del pasado.

Lo mismo ocurre con los diseños de formas orgánicas o sinuosas como es el caso de la consola Melek de Westwing que, sí, es extravagante, pero en un recibidor con paredes en blanco cálido, destaca sin saturar. Además de su impacto visual, cumple una función real: sirve para dejar las llaves, el correo y pequeños objetos del día a día. Un mueble práctico y estéticamente muy atractivo.

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© María Mía

El peligro del exceso

"La acumulación y la falta de jerarquía visual generan espacios cargados, con mucho ruido y sin coherencia. Cuando todo llama la atención, nada destaca", dice. Lidia insiste en que saber elegir, y a veces renunciar, es esencial para un espacio que dure y que funcione. Este dormitorio, firmado por la interiorista, es una inspiración perfecta para lograr un ambiente sereno y equlibrado, donde cada elemento tiene su sitio y nada sobra.

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© Tikamoon

Materiales que son un valor seguro

Entre todos, hay uno que para Lidia es infalible: la madera. Aporta calidez, conecta con lo esencial y es increíblemente versátil. Bien trabajada, encaja en casi cualquier estilo, desde el más contemporáneo hasta el más clásico. Por eso es una de las mejores inversiones cuando se piensa a largo plazo. Lo vemos en esta zona de trabajo, decorada con un escritorio y una cajonera de la firma Tikamoon, de roble macizo.

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© Lupe Clemente

Colores que nunca fallan

En cuanto a paletas, los tonos neutros, cálidos y desaturados son los que mejor resisten: blancos rotos, arenas, grises suaves, tonos piedra o tierra. Gamas que no saturan y permiten que el espacio evolucione con pequeños cambios en textiles o accesorios.  "Después de décadas de combinaciones intensas y estridentes, hemos aprendido que no todos los colores ayudan a crear hogares serenos. Y vivir bien, al final, también tiene que ver con eso. 

Así, en la decoración del salón que vemos sobre estas líneas, los interioristas de Punto M partieron de una base neutra, con paredes en beis y tapicerías en distintas tonalidades de gris, y después añadieron contrapuntos cromáticos en rojo y verde a través de los complementos textiles y las obras de arte.

Si algo atraviesa toda la visión de Lidia Molina es que una casa no es un escaparate, sino un reflejo de quien la habita. Por eso insiste en que las piezas que siempre sobreviven a las tendencias son las que cumplen con todo lo que exige un buen diseño… y, sobre todo, las que tienen sentido para quien vive allí.

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