El secreto para que una alfombra transforme tu salón, tu dormitorio o tu pasillo sin esfuerzo
El truco más común para que una casa se vea “de revista” es elegir la alfombra adecuada. Y es que una alfombra bien elegida mejora la comodidad, el ruido y hasta la proporción visual de la estancia.
La alfombra es un complemento decorativo textil silencioso que puede cambiar un ambiente. A veces basta con colocarla bien para que el salón se ordene, el dormitorio se sienta más cálido y el recibidor gane intención. Pero —y aquí está el quid— decorar con alfombras no es cuestión de intuición, sino de decisiones sencillas bien tomadas: proporción, textura, uso real y un par de trucos que evitan los fallos típicos (la alfombra diminuta, la que se mueve, la que no encaja con la luz o la que sufre con el trajín). Esta es la guía definitiva, pensada para una casa vivida y bonita. Sobre estas líneas, proyecto de Ingrid Matheu.
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Si dudas entre dos tamaños, casi siempre gana el mayor: una alfombra generosa hace que la estancia parezca más proporcionada y rematada. En el salón, la recomendación más repetida es que la alfombra sea más ancha que el sofá y que, como mínimo, las patas delanteras del sofá y butacas queden sobre ella para unir visualmente el conjunto. Proyecto de la interiorista Raquel González con estilismo de Cristina Rodríguez Goitia.
Una alfombra en el dormitorio no es solo estética: es comodidad. Una pauta clara es asegurarte de que haya aproximadamente 50 cm de alfombra a cada lado de la cama, para pisar tejido al levantarte. También funciona muy bien la colocación de dos tercios, es decir, que la alfombra empiece bajo la cama y sobresalga por los laterales y, sobre todo, por el pie. Propuesta de Westwing.
En pasillos, una alfombra rectangular bien puesta alarga y ordena. La clave está en dejar suelo visto a ambos lados: como guía, 10–15 cm por cada lado suele dar ese efecto de alfombra centrada y elegante, sin que parezca moqueta. Y en longitud, busca que cubra gran parte del recorrido, pero sin pegarse a los extremos; dejar unos centímetros al inicio y al final ayuda a que respire. Proyecto de Albert Ramoneda Studio.
Lana: un clásico por tacto y resistencia; agradece un aspirado correcto y tratar las manchas sin frotar.
Fibras naturales tipo yute, sisal o seagrass: aportan textura y un look natural muy agradable, pero ojo con la humedad: se recomienda evitar limpiezas que empapen la fibra.
Sintéticas/lavables: prácticas para zonas de mucho trajín (entrada, cocina, casas con peques o mascotas).
En la imagen, detalle de la alfombra modelo Scales River, de The Rug Company.
Pelo, altura y comodidad: lo que nadie te cuenta hasta que la alfombra tropieza con la puerta
El pelo alto (tipo shag o mullido) es muy gustoso en zonas de descanso, pero suele requerir más cuidados. Para entradas y pasillos, suele funcionar mejor pelo bajo: es más fácil para puertas y acumula menos suciedad. Y un tip de cuidado: aspirar con suavidad y evitando cepillos agresivos en ciertos tejidos puede alargar la vida de la alfombra. Comedor diseñado por la interiorista Silvia Trigueros con estilismo de Cristina Rodríguez Goitia.
Formas: qué alfombra le sienta mejor a cada espacio
Rectangular: la más versátil (salón y dormitorio, casi siempre).
Pasillera: el aliado del pasillo y del recibidor estrecho.
Redonda/ovalada: ideal para suavizar un rincón (bajo una butaca) o acompañar mesas redondas.
Y un recordatorio útil para colocar una alfombra en el comedor: para que las sillas no se enganchen, suele recomendarse que la alfombra sobresalga 60–75 cm alrededor de la mesa. En la imagen, un modelo de forma orgánica de Westwing.
Si la estancia ya tiene mucho estampado, la alfombra puede ser el fondo (lisa o textura sutil). Si todo es neutro, una alfombra con dibujoaporta personalidad sin necesidad de reformar nada. En tendencias recientes, se repiten los materiales naturales, los acabados con textura, los geométricos y abstractos, y el regreso de looksvintage y patrones tipo cuadros reinterpretados. Proyecto con una alfombra de estampado floral en tonos lavados, de Nitra Estudio.
Sí, se pueden superponer alfombras (muy de tendencia) y queda bien cuando se hace con intención. La fórmula más fácil para hacerlo bien es elegir una alfombra de base, que sea neutra y resistente (por ejemplo, una fibra natural) y sumar una capa superior más suave o con dibujo (vintage, geométrico, color). Funciona especialmente bien para dar profundidad a un ambiente neutro y para agrandar visualmente una zona de estar sin cambiar muebles. Con la superposición se puede cubrir más suelo. Textiles de Alhambra Fabrics, de venta en Pepe Peñalver.
Que no se mueva, que no resbale y que dure: el 'kit' de mantenimiento
La solución más eficaz para que una alfombra no camine suele ser una base antideslizante; también existen cintas o fijadores para esquinas según el suelo y el tipo de alfombra.
Para cuidarla: aspirado regular (más frecuente en zonas de paso) y, ante una mancha, absorber y presionar suave, sin frotar. Y un gesto simple que alarga su vida: rotarla cada cierto tiempo para repartir el desgaste y la luz. Alfombra de la firma Massimo Copenhagen, disponible en Espacio con Hache.