Interiorismo

Tres siglos de historia reinterpretados en clave contemporánea en un caserío situado en el corazón de Urdaibai


Entre los robles centenarios del valle de Oma, un antiguo caserío vasco del siglo XVIII renace con una nueva vida. Una vivienda familiar de 310 m² convertido en un refugio de diseño actual sin romper el hilo que la une a su pasado: piedra, madera y memoria.


Un caserío de 300 años rehabilitado
30 de noviembre de 2025 - 8:00 CET

En pleno corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, en Oma, en la provincia de Bizkaia, el estudio BAT firma la renovación de OMA Baserria, un caserío con más de 300 años de historia que ha pasado de generación en generación. El proyecto —una de las dos viviendas que conforman la construcción original— reinterpreta la arquitectura vernácula vasca desde una mirada contemporánea: respetuosa, cálida y funcional. 

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La intervención equilibra tecnología y tradición, abriendo grandes ventanales al paisaje y dotando al interior de luz, confort y una sensibilidad especial para un hogar de fin de semana. "Esta renovación traza un diálogo sutil entre herencia y contemporaneidad. Un ejemplo de cómo la arquitectura puede custodiar la memoria y, al mismo tiempo, abrirse a lo que está por venir", adelanta Peru Cañada, socio fundador de BAT.

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© aitor estevez

Un caserío entre el bosque y la historia

Situado en Oma, en pleno Urdaibai, este baserri familiar conserva la volumetría, la piedra y la esencia del caserío vasco original. El estudio BAT Architecture (www.bat.archi/es) interviene solo donde es necesario, respetando los muros de carga, los recercados de piedra rosa de Ereño y la estructura de madera que ha resistido tres siglos de vida rural.

"El proyecto aborda la rehabilitación integral de una de las dos viviendas que conforman esta construcción simétrica. Se trata de una casa de campo tradicional que ha resistido al paso del tiempo con una dignidad silenciosa, custodiando entre sus muros de carga de piedra y vigas centenarias la memoria viva de la cultura rural vasca", explican los responsables del proyecto. 

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© aitor estevez

El gran ventanal que abre la casa al paisaje

La fachada lateral se abre en un hueco de 3,20 × 4,30 metros que conecta visualmente el salón principal con el bosque. Una mirada al exterior que inunda el interior de luz y redefine la experiencia de habitar en el campo.

La distribución de la vivienda se organiza en tres plantas. En la primera planta se ubican la cocina, el salón que se ve en esta imagen, una habitación con baño propio y otro baño exterior. En el segundo nivel queda el salón más pequeño con acceso a dos habitaciones (una doble y otra infantil) y acceso a un balcón. Y en el último nivel hay un gran salón abuhardillado, zona de lectura y despacho con balcón. 

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© aitor estevez

El salón con doble altura y estructura vista

El nuevo salón cuenta con techos altos y estructura vista y se rinde a la nobleza de las vigas centenarias. La luz natural enfatiza las texturas de los materiales naturales que se dan cita en el espacio, como la madera y la piedra, generando una atmósfera que combina serenidad rural y modernidad arquitectónica. 

"En la rehabilitación, los elementos más deteriorados han sido sustituidos por otros realizados con madera autóctona de la época, previamente almacenada en el propio caserío", detallan desde BAT Arquitecture. "Gracias a una intervención precisa y respetuosa, se transforma hoy en un hogar contemporáneo sin renunciar a su esencia". 

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© aitor estevez

De cuadras a zona de día

En la planta baja, donde antaño se guardaban los animales, ahora se despliegan la cocina y el salón principal. Un espacio luminoso y abierto que combina muros de piedra, suelo radiante y carpinterías contemporáneas en un equilibrio perfecto entre rusticidad y confort. Como explican desde BAT: "Este proyecto demuestra que tradición y modernidad no son conceptos opuestos, sino aliados cuando se trabajan con rigor, sensibilidad y visión". 

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© aitor estevez

La escalera que vertebra la casa

Realizada en ebanistería de roble, la escalera se convierte en el eje vertical del hogar. Une las tres plantas del caserío —de las antiguas cuadras al desván— y simboliza el hilo que conecta el pasado con el presente. "La reorganización espacial se ha planteado con profundo respeto hacia la lógica constructiva original, limitando las transformaciones a aquellas que mejoran el confort y la calidad de vida sin comprometer la estructura del edificio", matizan los arquitectos.

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© aitor estevez

Una lección de arquitectura emocional

Más allá de la técnica, este proyecto es un ejemplo de sensibilidad arquitectónica. BAT demuestra que modernizar no significa borrar: custodiar la memoria es también proyectar futuro. Una casa que emociona tanto por lo que conserva como por lo que se atreve a reinventar. Esta imagen muestra cómo el gran ventanal abierto en fachada llena de luz el primer nivel, con barandilla de cristal y vistas al salón.

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© aitor estevez

Materiales que cuentan una historia

Piedra caliza, madera de pino y roble local, y acabados hechos a mano confieren coherencia al conjunto. Cada elemento respira autenticidad, como si el caserío hubiera absorbido la reforma sin perder su alma. Y ante la idea de recuperar y mantener, se incorporan también estándares contemporáneos como suelo radiante, mejoras en la envolvente térmica e instalaciones renovadas. 

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© aitor estevez

El arte de habitar la luz

La paleta interior juega con tonos neutros, blancos y arenas que potencian la luminosidad. Con el contraste de la madera oscura. Los nuevos materiales conviven con los antiguos sin estridencias, y la madera local aporta calidez en cada rincón. Las vigas y muros originales son elementos que aportan carácter en todas las plantas. 

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© aitor estevez

Un salón abuhardillado en la última planta

La tercera planta, antaño destinada al secado del grano, se convierte en un salón de lectura y descanso. El techo abuhardillado y el balcón exterior invitan a desconectar con vistas al valle de Oma.

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© aitor estevez

Desde el exterior

La fachada principal de mampostería se ha restaurado cuidadosamente, al igual que los recercados de piedra caliza rosa de Ereño, las vigas, los pilares y parte de los forjados originales. Los nuevos elementos constructivos se han resuelto con madera de roble y pino de origen local, respetando así la coherencia material del conjunto.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.