Durante años, el lápiz de ojos azul zafiro fue casi una extensión del rostro de Diana de Gales. Un gesto convertido en armadura, repetido acto tras acto, fotografía tras fotografía. Hasta que una mujer se atrevió a cuestionarlo. “El delineador azul la envejecía y apagaba el color natural de sus ojos”, diría tiempo después. Aquella mujer era Mary Greenwell, una de las maquilladoras más influyentes del último medio siglo y la responsable de uno de los cambios de imagen más sutiles —y decisivos— en la historia de la realeza contemporánea. Décadas después de aquel gesto casi revolucionario, la propia familia real británica ha querido rendirle homenaje: Greenwell ha sido condecorada como Miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE) en una ceremonia celebrada en el palacio de St. James, presidida por la princesa Ana.
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Una condecoración con historia (y belleza)
“Fue un honor inmenso estar frente a ella. Fue increíblemente amable y hablamos de maquillaje y belleza”, escribía Greenwell emocionada en su cuenta de Instagram tras recoger la insignia de manos de la hija de Isabel II. En su mensaje, la maquilladora confesaba haberle dicho a la princesa Ana lo guapa que le parecía, y cómo su sonrisa terminó por conquistarla. Vestida con un diseño de Beulah London y acompañada por su sobrino y dos grandes amigos, Mary Greenwell describía el momento como “un día verdaderamente especial e inolvidable”. No es solo una condecoración: es el reconocimiento oficial a una carrera que ha sabido moverse entre palacios, editoriales de moda y alfombras rojas sin perder nunca la elegancia.
De Brooke Shields a Diana: el inicio de una carrera legendaria
La trayectoria de Mary Greenwell comenzó a despegar en los años setenta, cuando maquilló a Brooke Shields, y se consolidó definitivamente en París, trabajando con los grandes fotógrafos y las supermodelos de los noventa, de Kate Moss a Naomi Campbell. Su sello siempre fue el mismo: pieles luminosas, sofisticación sencilla y una belleza que no eclipsa. Esa sensibilidad fue la que, en 1991, llamó la atención de Diana de Gales durante una sesión para una revista británica fotografiada por Patrick Demarchelier. A partir de ahí, nació una relación profesional —y de confianza— que marcaría un antes y un después en la imagen pública de la princesa.
“Lo que más cambié fue el delineador azul”
“Lo que más cambié del look de la princesa Diana fue el delineador azul, que la envejecía”, explicó Greenwell en más de una ocasión. Bajo su batuta, Diana adoptó una paleta más neutra, sombras suaves en tonos tierra y una mirada más descansada, que realzaba su belleza natural. Ese maquillaje más depurado acompañó a la princesa en momentos clave de su vida, incluido el icónico vestido de la venganza.
Los secretos de belleza de Lady Di, según Mary Greenwell
Greenwell compartió años después algunos de los trucos que aplicaba con Lady Di.
- Empezar siempre por los labios. “Siempre hidrato los labios al principio, porque cuando llegas a ellos al final suelen estar secos”, explicaba en un tutorial junto a Lisa Eldridge. Un gesto sencillo, pero clave para una apariencia fresca.
- La piel lo es todo. Diana adoraba hablar de cuidado facial. Para Greenwell, una piel bien cuidada es la base de cualquier maquillaje: “Con una buena piel, todo es más fácil”.
- Ojos al natural. Para portadas y actos importantes, la maquilladora optaba por sombras café y delineador marrón difuminado, para potenciar el azul de los ojos sin endurecerlos.
- El difuminado como regla de oro. Desde la base hasta las sombras, todo debía estar perfectamente integrado. El resultado: un maquillaje luminoso y sin rastro de exceso.
- Pestañas protagonistas. “Diana tenía unas pestañas increíbles. Nunca le habría puesto pestañas postizas”, confesó. Gruesas arriba, finas abajo, sin grumos.
- Nada de contouring. La princesa tenía una estructura ósea perfecta. Greenwell prefería un toque de bronceador o iluminador en puntos estratégicos, nunca esculpir en exceso.
De Diana a Cate Blanchett (y Meghan Markle)
La lista de mujeres que han confiado en Mary Greenwell es tan extensa como ilustre: Cate Blanchett, Elizabeth Hurley, Rania de Jordania —a quien maquilló durante su visita a París en 2022— y también Meghan Markle, para su icónica portada poco antes de su compromiso con el príncipe Harry. Un hilo invisible une a todas ellas: una belleza elegante y sin estridencias. Justo la filosofía que hoy la Corona británica ha querido reconocer oficialmente.
