Durante más de cuatro siglos, la Madonna della Rosa fue considerada una obra íntegra de Rafael. Colgada en España desde el siglo XVII y hoy expuesta en el Museo del Prado, apenas había dudas sobre su autoría. Hasta que una inteligencia artificial, entrenada para analizar pinturas a un nivel invisible para el ojo humano, detectó algo inquietante: uno de los rostros del cuadro no encaja con la mano del maestro.
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El hallazgo no es una ocurrencia tecnológica ni una provocación. Es el resultado de un análisis minucioso que ha reabierto uno de los debates más delicados del arte del Renacimiento: ¿pintó Rafael todas las figuras de la Madonna della Rosa o intervino su taller?
Un misterio antiguo que nunca se cerró del todo
La obra —pintada entre 1518 y 1520— representa a la Virgen María con el Niño Jesús, San Juan Bautista y San José. Se sabe que en 1667 ya colgaba en un monasterio español, aunque su historia anterior sigue siendo un enigma. Desde que ingresó en las colecciones nacionales en el siglo XIX, en España se ha atribuido siempre a Rafael sin apenas discusión.
Sin embargo, fuera de nuestras fronteras, algunos historiadores del arte llevaban décadas señalando una anomalía: la figura de San José parece distinta. La paleta, el sombreado y la ejecución del rostro no tienen la misma sutileza que las demás figuras. Para algunos expertos, podía tratarse de una intervención del taller del pintor, una práctica habitual en la época, que no llegaba a trascender.
Durante mucho tiempo, esas sospechas quedaron en el terreno de la intuición experta, quedándose en meras opiniones y conjeturas. Hasta que llegó la inteligencia artificial.
Cuando la IA se convierte en el inspector más minucioso del arte
En 2023, un equipo de investigadores del Reino Unido y Estados Unidos desarrolló un algoritmo capaz de reconocer el estilo de Rafael con una precisión cercana al 98 %. El sistema fue entrenado con 49 obras indiscutidas del pintor, aprendiendo a identificar miles de parámetros: desde la dirección de las pinceladas hasta las transiciones de colores más sutiles.
El proyecto estuvo liderado por Hassan Ugail, matemático e informático especializado en computación visual. Su explicación es clave para entender por qué esta tecnología marca un antes y un después: La computadora ve mucho más profundamente que el ojo humano, a nivel casi microscópico. Analiza la pintura en miles de dimensiones.
El algoritmo no se limita a “mirar” una imagen completa. Puede descomponerla por partes y analizar elementos concretos, como rostros individuales, convirtiéndose así en el auténtico CSI del arte.
El detalle que delata una mano distinta
Cuando el sistema examinó la Madonna della Rosa como conjunto, los resultados no fueron concluyentes. Pero al analizar cada figura por separado, el veredicto fue claro: La Virgen, el Niño y San Juan Bautista encajan perfectamente con la mano de Rafael. El rostro de San José, no.
Según el análisis, ese rostro fue pintado probablemente por otra persona del taller, quizá por Giulio Romano, uno de los alumnos más destacados del maestro. No es una certeza absoluta, pero sí una probabilidad respaldada por datos objetivos.
El estudio, publicado en la revista científica Heritage Science, refuerza una sospecha que llevaba más de un siglo sobre la mesa, pero nunca se había podido demostrar con esta precisión.
No es un caso aislado: la IA también “rescata” a Rafael
El mismo equipo utilizó esta tecnología para analizar otra obra controvertida: el Tondo de Brécy, durante años considerado por algunos expertos una copia victoriana. La comparación facial con la Madonna Sixtina arrojó resultados sorprendentes:
- Coincidencia del 97 % en los rostros de la Virgen
- Coincidencia del 86 % en el Niño
En análisis de este tipo, una similitud superior al 75 % se considera prácticamente idéntica. Para los investigadores, la conclusión fue clara: ambas obras fueron realizadas por el mismo artista.
¿La IA reemplaza a los expertos? No exactamente
El avance ha generado debate en el mundo del arte. Algunos historiadores se muestran cautos, incluso recelosos. Pero los propios científicos insisten en que la IA no viene a sustituir el criterio humano, sino a complementarlo y a ser una herramienta más.
La autentificación de una obra sigue requiriendo estudiar la procedencia, los pigmentos, el soporte, el estado de conservación y el contexto histórico. La inteligencia artificial aporta algo nuevo: una lupa extrema, capaz de detectar patrones invisibles incluso para los mejores ojos entrenados.
Como resume Ugail, esta tecnología sirve para responder una pregunta clave: ¿Merece la pena investigar esta obra más a fondo?
