Rubén Duque, veterinario: "El ciclo de la leishmaniosis es más complejo de lo que se pensaba y que no depende exclusivamente del perro"


Nuevos estudios confirman que conejos y liebres pueden actuar como reservorios del parásito, un hallazgo clave para entender por qué la enfermedad persiste en algunas zonas pese a la prevención en perros


Rubén Duque Moreno, director técnico del Hospital Veterinario Madrid Centro
16 de enero de 2026 - 8:01 CET

Durante años se ha señalado al perro como el gran protagonista de la leishmaniosis, una enfermedad grave y potencialmente mortal que cada temporada preocupa a miles de familias. Pero la ciencia acaba de añadir una pieza clave al puzle. Investigaciones recientes han descubierto que conejos y liebres pueden actuar como reservorios del parásito y favorecer que la enfermedad siga circulando en determinadas zonas de España.

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La leishmaniosis es una enfermedad grave causada por un parásito que se transmite por la picadura del mosquito flebótomo y que puede provocar daños severos en órganos vitales de los perros si no se detecta y trata a tiempo

“Este hallazgo es especialmente relevante porque confirma que el ciclo de la leishmaniosis es más complejo de lo que se pensaba y que no depende exclusivamente del perro”, explica Rubén Duque Moreno, director técnico del Hospital Veterinario Madrid Centro. Los animales silvestres no contagian directamente, pero pueden mantener activo al parásito en el entorno a través del mosquito flebótomo. ¿Qué implica este hallazgo para los perros, las personas y la prevención diaria? El experto aclara qué ha cambiado realmente y por qué ahora conviene no bajar la guardia.

¿Qué han descubierto exactamente los científicos españoles sobre el papel de conejos y liebres en la transmisión de la leishmaniosis?

Lo que han puesto de manifiesto estos estudios es que tanto conejos como liebres pueden actuar como reservorios naturales del parásito Leishmania infantum, es decir, pueden albergarlo en su organismo sin mostrar signos clínicos evidentes y servir como fuente de infección para el mosquito flebótomo. Este hallazgo es especialmente relevante porque confirma que el ciclo de la leishmaniosis es más complejo de lo que se pensaba y que no depende exclusivamente del perro. En determinadas condiciones ambientales, estas especies silvestres pueden mantener el parásito circulando en la naturaleza y favorecer su persistencia en zonas concretas.

Para que quede claro al lector: ¿pueden conejos y liebres contagiar directamente la leishmaniosis a perros o humanos, o es imprescindible la picadura del mosquito flebótomo?

Es muy importante aclarar este punto para evitar confusiones. La leishmaniosis no se transmite por contacto directo entre animales ni de estos a las personas. El único mecanismo de transmisión demostrado es la picadura del mosquito flebótomo. Lo que ocurre es que, si este mosquito se alimenta de un conejo o una liebre infectados, puede adquirir el parásito y, posteriormente, transmitirlo al picar a un perro o a una persona. Sin mosquito, no hay contagio. Esto es clave para entender el riesgo real y evitar alarmismos innecesarios.

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El mosquito flebótomo es el único transmisor de la leishmaniosis: sin su picadura no hay contagio, ni entre animales ni a las personas

¿Este descubrimiento cambia lo que sabíamos hasta ahora sobre cómo se propaga la leishmaniosis en España, tradicionalmente asociada al perro como principal reservorio?

Más que cambiarlo por completo, lo que hace es ampliar nuestra visión. Durante décadas se ha considerado al perro como el principal reservorio doméstico, y eso sigue siendo cierto en muchos contextos. Sin embargo, ahora sabemos que existen reservorios silvestres que pueden tener un papel muy relevante, especialmente en entornos periurbanos o rurales donde la fauna salvaje convive cerca de núcleos urbanos. Esto ayuda a explicar por qué, en algunas zonas, la enfermedad persiste incluso cuando la población canina está bien controlada desde el punto de vista sanitario.

La leishmaniosis no se transmite por contacto directo entre animales ni de estos a las personas. El único mecanismo de transmisión demostrado es la picadura del mosquito flebótomo

Rubén Duque Moreno, director técnico del Hospital Veterinario Madrid Centro

¿En qué zonas de España puede tener más impacto este hallazgo y por qué se habla especialmente de áreas con alta densidad de conejos y liebres?

El impacto es mayor en zonas donde coinciden varios factores: alta densidad de conejos y liebres, presencia abundante de flebótomos y condiciones climáticas favorables para el mosquito, como temperaturas suaves y humedad. Áreas del centro peninsular, como la Comunidad de Madrid y algunas regiones de Castilla-La Mancha, ya habían mostrado una incidencia elevada de leishmaniosis humana y canina. En estos lugares, la abundancia de estos animales silvestres puede facilitar que el parásito se mantenga activo en el entorno durante largos periodos.

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Los conejos y las liebres no transmiten directamente la leishmaniosis, pero pueden actuar como reservorios naturales del parásito y favorecer su permanencia en el entorno

Si tengo perro, ¿debo preocuparme más a partir de ahora? ¿Qué riesgo real existe en el día a día para los animales que viven o pasean en estas zonas?

No se trata de alarmarse, pero sí de ser conscientes del entorno. El riesgo no aparece de repente con este descubrimiento; en realidad, siempre ha estado ahí. Lo que ahora entendemos mejor es por qué en determinadas zonas el riesgo es más persistente. Para un perro que vive o pasea en áreas con presencia de flebótomos, el peligro sigue siendo la picadura del mosquito, especialmente al atardecer y durante la noche en los meses cálidos. Con una prevención adecuada, el riesgo se reduce de forma muy significativa.

¿Este nuevo conocimiento obliga a cambiar las medidas de prevención habituales en perros, como collares repelentes, pipetas o vacunas?

No obliga a cambiarlas, pero sí refuerza su importancia. Las medidas de prevención que ya recomendamos siguen siendo válidas y fundamentales: el uso constante de repelentes externos eficaces frente al flebótomo, la vacunación cuando está indicada y los controles veterinarios periódicos. Lo que sí cambia es el mensaje: incluso en zonas donde se pensaba que el riesgo estaba controlado, no conviene bajar la guardia, porque el parásito puede mantenerse en el medio gracias a estos reservorios silvestres.

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La prevención sigue siendo la principal herramienta para proteger a los perros frente a una enfermedad que puede ser mortal

¿Existe algún riesgo añadido para las personas, especialmente niños, mayores o personas inmunodeprimidas, con este nuevo ciclo de transmisión?

Desde el punto de vista de salud pública, este hallazgo no implica un riesgo añadido inmediato para la población general, pero sí subraya la necesidad de vigilancia epidemiológica. Las personas más vulnerables, como niños pequeños, personas mayores o inmunodeprimidas, siempre han sido más susceptibles a desarrollar formas clínicas de la enfermedad si se infectan. De nuevo, el factor clave es la exposición al mosquito. Medidas como evitar las picaduras, el control ambiental y la información adecuada siguen siendo las herramientas más eficaces.

En algunas zonas, la enfermedad persiste incluso cuando la población canina está bien controlada desde el punto de vista sanitario (gracias a los reservorios silvestres)

Rubén Duque Moreno, director técnico del Hospital Veterinario Madrid Centro

¿Qué mitos o errores conviene desmontar ahora mismo para evitar miedos injustificados sobre los conejos, las liebres o la convivencia con ellos?

El principal mito es pensar que estos animales transmiten la enfermedad directamente o que su presencia supone un peligro inmediato. No es así. Los conejos y las liebres no “contagian” leishmaniosis por contacto, ni deben ser demonizados. El problema no es la fauna silvestre en sí, sino el desequilibrio ecológico y la proliferación del mosquito vector. Entender esto nos permite abordar la enfermedad desde una perspectiva más racional, basada en la prevención, el conocimiento científico y la convivencia responsable con el entorno.

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