Hay historias que llegan sin hacer ruido y acaban convirtiéndose en tema de conversación global y Más que rivales es una de ellas. La serie canadiense que ha conquistado a miles de espectadores fuera de nuestras fronteras aterriza en España el 5 de febrero en Movistar Plus+ envuelta en un fenómeno fan difícil de ignorar y con una premisa que mezcla deporte, deseo, apariencias y sentimientos a flor de piel. Un romance intenso ambientado en el mundo del hockey que invita a mirar más allá de la competitividad deportiva.
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Creada por Jacob Tierney y basada en el superventas Heated Rivalry, segunda novela de la saga Game Changers de Rachel Reid, la serie pone el foco en una relación apasionada y complicada a partes iguales: la que surge entre Shane Hollander e Ilya Rozanov, dos jóvenes estrellas del hockey sobre hielo, rivales sobre la pista y amantes en secreto fuera de ella. El primero es canadiense, el segundo ruso, pero ambos persiguen el mismo sueño profesional en un entorno ferozmente competitivo que deja poco espacio para la vulnerabilidad.
La trama arranca cuando ambos son todavía novatos y lo que comienza como una aventura clandestina se va transformando, con el paso de los años, en un profundo vínculo marcado por el miedo, la negación y el autodescubrimiento. A lo largo de casi una década, Shane e Ilya se reencuentran de forma intermitente, siempre condicionados por el calendario deportivo, por las expectativas externas y por una pregunta que sobrevuela toda la serie: ¿hay lugar para algo tan frágil como el amor verdadero en un mundo que exige dureza constante?
Más que rivales no es solo una historia romántica ambientada en el deporte, sino, como señala su autora, “es una historia sobre el miedo a ser visto y la valentía de amar”. Una idea que atraviesa cada episodio y conecta con los espectadores que buscan relatos donde la identidad y la emoción ocupan un lugar central. La serie refleja la realidad del colectivo LGTBI+, de ahí que muchos la comparen con títulos como Heartstopper, Love, Victor, Jóvenes altezas o Rojo, blanco y sangre azul, aunque aquí el tono es más adulto y la tensión emocional —y física— es mucho más explícita.
La ficción está protagonizada por Hudson Williams y Connor Storrie, dos jóvenes actores que, hasta ahora, tenían trayectorias discretas que compatibilizaban con trabajos en bares y restaurantes mientras iban de casting en casting esperando la llamada que les cambiaría la vida. Así ha sucedido y, de la noche a la mañana, se han convertido en los nuevos iconos del romance televisivo.
Williams da vida a Hollander, un hombre reservado, competitivo y muy enfocado en su imagen pública, que lidia con sus propios límites emocionales. “Me enamoré de Shane inmediatamente”, explica el actor, confesando que al terminar de leer el sexto episodio estaba llorando y sentía que necesitaba interpretarlo. Storrie, por su parte, encarna a Ilya, impulsivo, desafiante, carismático y reservado en público, pero muy apasionado en su relación secreta. “Para creer en ellos juntos, hay que creer primero en ellos por separado”, señala el intérprete al hablar de la complejidad de su personaje.
Uno de los puntos fuertes de Más que rivales es la química entre sus protagonistas, un elemento clave para que el espectador se implique en su historia de amor. Esa conexión —y sus explícitas escenas subidas de tono— ha sido, en buena parte, responsable de que la serie se haya convertido en un fenómeno viral impulsado por el boca a boca y por una comunidad de fans especialmente activa en redes sociales. El interés que han despertado es tan grande que muchos seguidores ya sueñan con que su romance trascienda la pantalla y quieren saber más sobre la vida privada de los intérpretes y su orientación sexual. Tanto es así que el creador de la serie ha expresado la necesidad de respetar los límites y el derecho a la intimidad de los actores. “No creo que exista ninguna razón para meternos en ese tema”, ha dicho Tierney a Variety.
En países como Canadá o Estados Unidos, la ficción ha logrado cifras de audiencia sorprendentes y una recepción muy entusiasta por parte del público. Su impacto cultural es evidente: se habla de ella, se comparten escenas, se comentan los personajes y genera conversación. Incluso figuras públicas —como Pedro Pascal, Ayo Edebiri, Hannah Einbinder, Orville Peck, Melanie Lynskey, Kevin McHale y los presentadores Andy Cohen y Anderson Cooper, entre otros— han mostrado su apoyo de forma espontánea, reforzando la sensación de que Más que rivales trasciende la etiqueta de “serie romántica” para convertirse en todo un fenómeno de la pequeña pantalla.
“Quiero que sea algo icónico, algo especial”, afirma Jacob Tierney al hablar del proyecto, asegurando que su intención era mostrar el amor desde un lugar poco habitual en televisión. Y quizá ahí resida la clave de su éxito: en contar este complicado romance sin suavizarlo, sin esconderlo y sin pedir permiso. La adaptación televisiva respeta el espíritu de las novelas de Reid, una saga que cuenta ya con seis libros publicados y una base de lectores muy fiel. De hecho, el estreno de la serie ha provocado un renovado interés por los títulos originales con un aumento notable de ventas y préstamos en bibliotecas, especialmente en Norteamérica, llegando incluso a agotarse.
Con solo seis episodios en su primera temporada y una segunda entrega ya confirmada —señal de que la historia de Shane e Ilya todavía tiene mucho que contar—, Más que rivales llega a España dispuesta a demostrar que, incluso sobre el hielo, hay historias capaces de derretir a los espectadores más fríos.
