Pocos testimonios han sido tan esperados como el de Rocío Flores en ¡De Viernes! Tras un largo periodo de prudente silencio, marcado por procesos judiciales y una profunda reconstrucción personal, la joven ha vuelto a abrir su corazón en una de sus entrevistas más íntimas y desgarradoras. No lo hace desde el rencor, sino desde una serenidad herida, tras haber conseguido que la justicia le dé la razón en su demanda por revelación de secretos contra los creadores del documental que cambió su vida para siempre. Lo hizo recordando uno de sus momentos más complicados: cuando su madre grabó su documental Rocío, contar la verdad para seguir viva. Desde su paso por Supervivientes hasta su regreso al "subsuelo" y el estallido del programa, se ha sincerado por completo. Para entender el presente de Rocío, hay que viajar al momento en que todo comenzó a resquebrajarse, mientras ella se encontraba a miles de kilómetros, en Honduras. La joven recuerda con nitidez la incertidumbre previa a su partida: "Legalmente no lo sé. Antes de ir a Supervivientes te incomunican. No sabía nada". Sin embargo, unas palabras de su madre en una rueda de prensa previa al viaje quedaron grabadas en su mente como un presagio.
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Al ser preguntada sobre si vería el concurso de su hija, Rocío Carrasco respondió que "si eso se veía en Netflix…" y añadió una sentencia que hoy cobra un cariz doloroso: "dijo que quien callaba no siempre otorgaba". Ese fue el equipaje emocional con el que Rocío puso rumbo a la aventura. "En el aeropuerto rompo a llorar porque me hacen una pregunta, me preguntan por mi madre y mi padre… te vas cuatro meses a un concurso complicado y dos días antes escuchas a tu madre decir lo que dijo. Me pilló desprevenida y lo vi innecesario, me dio el bajón", confiesa. Lo que ella no imaginaba es que, mientras ella sobrevivía en la isla, en España se gestaba un relato que la situaría en el ojo del huracán.
Durante el concurso, su vulnerabilidad se hizo patente, especialmente cuando la pandemia de 2020 azotó el mundo. "Solo supe que estaba bien a través de terceras personas que fue lo que me dijeron… Fue mi momento más vulnerable y desgarrador de todo el concurso", relata. Incluso en el famoso "Puente de las emociones", Rocío empezó a intuir que algo no encajaba: "Es cuando empiezo a no entender lo que se me estaba preguntando… No entendía lo que pasaba… pero tampoco… yo que sé.... no le quise dar más vueltas, si hubiese dado más vueltas, me hubiera ido del concurso". Tenía claro que debía centrarse en la experiencia o su mente la obligaría a abandonar.
El estallido del documental
El regreso a España no fue el bálsamo esperado. "Miedo como tal no tuve, tuvo que venir mi abogada y explicarme la situación… De venir de sentirte orgullosa, de cómo has crecido a nivel personal… a de la nada estar en el subsuelo… hundida", admite con crudeza. Fue entonces cuando descubrió que se había publicado información sobre su pasado de cuando era menor, algo que ella siempre consideró una traición a su intimidad. Pero el verdadero golpe llegaría con la emisión de la serie documental. Rocío asegura que nadie la avisó: "Nadie. Me entero por la tele, como todo el mundo. No me imaginaba lo que iba a pasar… nada bueno iba a pasar. Pero nunca la visualicé así. Pero en su momento atrás algo me lo decía… no es la primera vez que me pasa… la conozco… Se me cayó el mundo encima".
Con la voz entrecortada, recuerda cómo intentó reaccionar en aquel primer directo: "Decido que quiero entrar en directo, que quiero hablar, y tender puentes. Y deciden que no, que no entraba, literalmente me censuraron. Decidí adelantarme y decir en mis redes que la noche anterior había intentado tender puentes". Para ella, aquel silencio impuesto fue clave: "Si llego a entrar ese día en directo no tienen documental. Para ellos era importante mantenerme en silencio, ganar el dineral que ganaron, y les dio igual escuchar a una persona por teléfono decir por favor, dejadme entrar, que quiero hablar con mi madre".
"Como si te apuñalaran"
El relato de los hechos ocurridos en julio de 2012, narrados por su madre en televisión, ha sido el capítulo más difícil de procesar. "Para mí es lo peor que me ha pasado en la vida. Y además creo que era una cosa tan privada, tan íntima… no sabría decirte la magnitud y si le sumas que es tu madre imagínate. Era como si te apuñalaran por dos a la vez… así… es lo más duro que he vivido". Rocío cuestiona firmemente la intención de su progenitora: "Si hubiese querido protegerme no lo hubiese hecho, la manera de protegerme era no haciéndolo. Pero lo hizo y le dio exactamente igual". A pesar de las críticas, ella se mantiene firme en su postura de no replicar públicamente punto por punto, al menos de momento: "No me siento preparada y considero que es una cosa que se debe llevar su cauce por vía judicial".
Un reencuentro gélido en los juzgados
Uno de los momentos más impactantes de su reciente testimonio es el relato de su último encuentro físico con su madre, ocurrido el pasado verano en sede judicial. La frialdad del escenario fue el fiel reflejo de su relación actual. "La primera vez que la vi la saludé, ella no me devolvió el saludo", explica. A escasos centímetros de la mujer que le dio la vida, el sentimiento no fue de conexión, sino de una absoluta ajenidad: "Me sentí como si fuese una desconocida. Se me removía absolutamente todo, porque al final no es nada fácil llevar tantos años sin verte y encontrarte en un juzgado. Creo que es una situación en la que nadie quisiera encontrarse con su madre". Aquel día, Rocío salió emocionalmente devastada. "Salí destruida, no quiero ser brusca pero no entendía nada de ese día, era surrealista la situación. Siento un vacío increíble".
Resiliencia y una promesa de futuro
A pesar del dolor, Rocío ha encontrado su norte en su círculo más íntimo: su padre y su hermano. "Mi hermano es una persona fundamental en mi vida, tiene una inteligencia emocional y una gestión que yo no tenía… Me dijo que sabía bien quién era yo, y que no tenía que estar sufriendo", relata con orgullo. Sobre su padre, destaca su capacidad de lucha: "Ahí sigue el tío luchando, me asombra y me siento orgullosa. He aprendido la resiliencia que tengo, he sobrevivido a eso, a lo mejor otra persona no podía decirlo".
Mirando al futuro, y tras ganar la batalla judicial que le ha otorgado una indemnización de 200.000 euros, Rocío solo busca justicia y paz. Aunque admite que las heridas no han cerrado: "Con la mano en el corazón, que no estoy recuperada lo sé a ciencia cierta, que no he sanado lo sé, pero que me vaya a recuperar de todo lo dudo mucho". Sin embargo, hay una determinación que nada podrá quebrar: su forma de entender la maternidad. Entre lágrimas, concluye con una promesa: "Lo que sí sé, y tengo súper claro, que si algún día tengo hijos es que jamás le haré a mis hijos lo que me han hecho a mí. Lo importante realmente es cómo criar a tus hijos, la felicidad y educación que les des, los valores, y nunca les haría pasar por lo que he pasado yo".
