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Mapa de situación
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El espacio protegido de Malpaís de la Corona
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Plan de ruta
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En las entrañas de esta isla canaria tuvo lugar hace miles de años un curioso fenómeno geológico, fruto del cual se crearon una serie de cavernas y túneles. Siglos después el artista lanzaroteño, César Manrique transformó dos de estas grutas en un impresionante escenario donde naturaleza y arte van de la mano.
Ubicado en un conflictivo punto de la corteza terrestre, el archipiélago canario debe su origen a las fuerzas tectónicas del interior de la Tierra, y Lanzarote no es una excepción. De hecho, esta pequeña isla fue protagonista de las últimas grandes erupciones sucedidas en Canarias. Fruto de tanta actividad volcánica, hay repartidos por todo su territorio cientos de cráteres y calderas, responsables de su relieve y fisonomía actuales. Uno de estos montes malditos es el volcán Monte Corona, que ocupa el extremo Norte de la isla. Hace unos 3.000 años este volcán entró en erupción.
Las lavas y escorias expulsadas por el cráter cubrieron las tierras circundantes con un espeso manto que, al contacto con la atmósfera, se enfrió rápidamente. Bajo esta costra humeante fluyeron ríos de lava líquida que encontraron su final en el Atlántico. Tras la erupción y el vertido del magma en las profundidades marinas, quedó un complejo sistema de túneles orientados radialmente desde las alturas del volcán hacia el océano. Alguno de estos corredores sufrió violentos estallidos durante las emisiones volcánicas a causa de la presión de las rocas, reventando el techo y dejando al descubierto varias entradas, denominadas «jámeos» por los lanzaroteños.
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