La reina Isabel II se ha convertido en una de las figuras más relevantes del mundo de la realeza. Su legado no solo atravesó la transformación del Imperio Británico, sino que también se convirtió en la monarca más longeva de la historia –se convirtió en reina a los 25 años tras la inesperada muerte de su padre, el rey Jorge VI, y continuó gobernando hasta su lamentable fallecimiento en 2022–. Es por eso que su tiempo en el poder estuvo marcado por importantes cambios políticos, sociales y culturales.
Sin embargo, a pesar de ser reconocida a nivel mundial por su legado en el ámbito político, su papel como “madre” de cuatro hijos no pasó nunca desapercibido, pues la monarca optó por romper reglas del protocolo real para criar a sus hijos, en especial cuando se trató de alimentarlos.
Y es que, después de cientos de años de tradición en los que la lactancia no era parte del día a día o la rutina de las mujeres en la realeza, Isabel II decidió dejar atrás lo “establecido” para cambiar para siempre la historia de la maternidad en su nación.
Años de historia y tradición: el protocolo transformado por Isabel II
Actualmente existe mucha información e impulso en torno a la leche materna. Si bien existen muchas maneras de alimentar a los bebés –lactancia materna exclusiva, mixta, diferida o totalmente con fórmula–, cada vez se busca que existan espacios y estrategias que permitan que las mujeres amamanten a sus bebés si así lo desean. Pero, ¿qué sucede con las mujeres de la realeza?
A pesar de ser sumamente común y esperado que las mujeres que lo decidan puedan alimentar a sus bebés con leche materna, las monarcas y mujeres de la Familia Real no siempre tuvieron esa libertad. De hecho, fue la misma reina Victoria –tatarabuela de la reina Isabel II– quien describió la lactancia como “la ruina de las mujeres jóvenes inteligentes y refinadas”.
Lo que se acostumbraba era que las royals contaran con un equipo de nodrizas para apoyarlas. Ellas se encargaban de amamantar a sus bebés para que ellas no descuidaran sus cargos reales y políticos y pudieran gobernar con tranquilidad. Además, dado que se ha comprobado que la prolactina –hormona encargada de producir la leche–, así como la succión del bebé en el pecho, disminuyen la posibilidad de embarazarse, el protocolo pedía a las mujeres no amamantar para poder continuar rápidamente con la sucesión real.
Sin embargo, cuando Carlos III nació, la reina Isabel decidió dejar atrás el protocolo y optó por amamantar ella misma a sus hijos. De hecho, contra lo esperado y establecido, también tomó una baja de maternidad larga –de casi siete meses–. Esta decisión fue determinante para las futuras mujeres del mundo de la realeza, pues logró demostrar públicamente que cualquiera debería ser capaz de elegir cómo alimentar a sus hijos.
Aunque su hermana, la princesa Margarita, se opuso en 1961 a amamantar a sus bebés, mujeres como la princesa Diana o Kate Middleton continuaron con el legado de la reina Isabel II y se inclinaron por la lactancia materna.











