CULTURA

Viviana Basanta y Viviana Álvarez: El legado que baila


A 75 años de la fundación del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, su hija y nieta nos reciben en la casa que el arquitecto Agustín Hernández construyó para su hermana Amalia


Viviana Álvarez y Viviana Basanta © Esteban Calderón
Septiembre 14, 2026 3:02 PM EDT

Septiembre es, para México, el mes en que el país entero se detiene a mirar de dónde viene. Y pocas casas guardan esa pregunta con tanta intención como la que el arquitecto Agustín Hernández construyó, a finales de los sesenta, para su hermana Amalia Hernández, la bailarina y coreógrafa que en 1952 fundó el Ballet Folklórico de México. Inspirado en los conventos del siglo XVI, Agustín diseñó una casa de tres pisos, resuelta como un caracol, con tragaluces y aberturas oculares que él mismo describió como su interpretación de las ventanas conventuales. 

Ahí, entre esos muros, ¡HOLA! reunió a las siguientes generaciones de la familia: Viviana Amalia Basanta, hija de Amalia y directora artística del Ballet Folklórico de México, y Viviana Amalia Álvarez, nieta de la fundadora, hoy directora de Relaciones Públicas y subdirectora artística de la compañía. "Ha sido un gran legado desde que yo tenía tres años", recuerda Basanta, quien bailó 22 años con la compañía antes de asumir la dirección artística. "No podía faltar a mis clases de danza. Tomé clases de todo: contemporáneo, folclor, ballet. Tengo licenciatura y maestría en danza". 

Viviana Basanta luce un huipil de Higinia Cuevas Pérez de Huautla de Jiménez y una falda de 1/8 Takamura. Su hija con una falda de Iván Alexis Noriega Santiago de San Juan Guichicovi, Oaxaca.© ESTEBÁN CALDERÓN
Viviana Basanta luce un huipil de Higinia Cuevas Pérez de Huautla de Jiménez y una falda de 1/8 Takamura. Su hija con una falda de Iván Alexis Noriega Santiago de San Juan Guichicovi, Oaxaca.

Para Álvarez, formada en Relaciones Internacionales y con una maestría en Derechos Humanos, el legado se lee distinto: "Es traer al presente el homenaje que le hizo mi abuela a México. Hace 75 años, la idea que se tenía de México en el extranjero era una, y nada más una. Hoy, continuar con el legado es recordar quienes somos: nuestra cultura, nuestra gente y todo lo positivo". Esa idea de un espectáculo que se actualiza sin traicionar es, dicen ambas, el verdadero desafío de dirigir hoy lo que Amalia Hernández construyó. "Muchas coreografías son intactas, pero ponemos otra velocidad, otras luces; hay muchas más herramientas tecnológicas en los escenarios para complementar lo que estamos diseñando", explica Álvarez. Basanta añade que actualizar también pasa por la música: "Mi sobrino está haciendo nuevas grabaciones para darles una vida más contemporánea. El legado es tomar lo que nos entregaron como guarda y custodia. Es una joya que no es tuya, no te pertenece; la única responsabilidad real es que te sobreviva".

De la coreógrafa exigente a la abuela tierna 

Antes de la gran figura que fue Amalia Hernández, estuvo la madre y la abuela. Y ahí las dos coinciden en un mismo contraste: el de la mujer pública y la mujer de casa. "Llegábamos al ensayo en Bellas Artes y la gente se ponía en firmes, en silencio total, pero al mismo tiempo era la abuela más cariñosa y más dulce", recuerda Álvarez. "Por lo menos a mí me explicaba: 'Mira, mi hijita, lo que te pido en el ballet es una cosa porque soy la directora y tenemos que mantener el nivel; lo que te pido en la casa es otra, porque eres mi hija y te adoro'", cuenta Basanta, quien recuerda haber hecho una misma audición 15 veces frente a su madre. "Me decía: tú no te vas a ganar nada por ser mi hija, te lo vas a ganar porque tú te lo quieres ganar". 

Viviana posa en una blusa y pantalón de Alfredo Martínez.© Estebán Calderón
Viviana posa en una blusa y pantalón de Alfredo Martínez.

Por las noches, en cambio, ya en casa, Amalia tocaba la guitarra y cantaba corridos de la Revolución con una nostalgia que, dice Basanta, todavía la hace llorar. Esa doble naturaleza también vive en la casa. "A mí este espacio me representa demasiado, porque comíamos mucho juntas", dice Álvarez del comedor, uno de los rincones favoritos de ambas. El salón contiguo, cuentan, era el lugar donde Amalia se sentaba en la biblioteca para ver a sus nietas tomar clases de ballet desde pequeñas, un ritual que también incluía a las amigas del barrio, convocadas sin excepción a la barra. 

La sala principal de la casa© Estebán Calderón
La sala principal de la casa.

Amalia y su hermano Agustín eran muy cercanos y eso, dice la familia, se tradujo en un diálogo poco común entre danza y arquitectura. "Desayunaba mi tío Agustín aquí cuando la venía a ver, y platicaban, intercambiaban ideas", recuerda Basanta. Para un templo que construyó el arquitecto en Cuernavaca, Amalia sugirió que se reflejaran cruces en el piso; Agustín resolvió con ventanas en diagonal, en forma de cruz, para que el sol proyectara la figura al pasar. "Los dos pensaban muy fuera de la raya", afirma Álvarez.

 De bailar bajo su mirada a dirigir sin ella

Basanta describe a su madre como una "generala": disciplina no negociable, clases de ballet, flamenco, folclor, piano, pintura y escultura como algo "intocable" desde niña. Dirigir hoy, dice, es distinto. "Ha cambiado la forma de comunicarnos. Hice un diplomado en Laban, en Inglaterra, sobre cómo contemporaneizar el lenguaje de la danza como maestros y coreógrafos: no es un lenguaje de corregir siempre, de decir que algo está mal, sino de construir sobre el cuerpo y el espacio del artista". La disciplina, eso sí, se mantiene intacta: "En el ballet eso sí se sostiene. No es negociable", coincide Álvarez. 

Nuestra protagonista luce un vestido de 1/8 Takamura en la terraza que da al jardín.© Estebán Calderón
Viviana Basanta luce un vestido de 1/8 Takamura en la terraza que da al jardín.

El mes patrio llega, para esta familia, en un año particularmente cargado: el Ballet Folklórico de México cumple 75 años desde su fundación en 1952 y prepara una temporada conmemorativa que incluye funciones con la Orquesta Sinfónica Nacional y con la Compañía Nacional de Danza, además de una nueva temporada de Día de Muertos que abre con "Dioses", la coreografía sobre la creación del hombre según Quetzalcóatl. "Es un recorrido por México en una hora con 45 minutos", resume Álvarez. "Cuando vas al ballet no es ir a ver qué fue México, es quiénes seguimos siendo". 

La investigación de campo que Amalia Hernández inició —viajar a cada región, aprender sus fiestas, su música, su vestuario— sigue siendo, dicen, el corazón del trabajo. Basanta acaba de volver de Iguala; Álvarez, de las fiestas de la Cuenca en Michoacán y de Temazcalcingo, donde documentó la danza de los viejos del Corpus Christi. "Quien diga que conoce todo México miente", dice Álvarez. "Es imposible, nadie puede haber pisado todas las fiestas de este país".

Espacio que muestra los tragaluces y aberturas oculares de la casa.© ESTEBÁN CALDERÓN
Espacio que muestra los tragaluces y aberturas oculares de la casa.

"Es una joya que no es tuya, no te pertenece; la única responsabilidad real es que te sobreviva, que otra generación pueda acercarse a la cultura a través  del ballet".

Viviana Amalia Álvarez

El legado, insisten ambas, nunca ha sido cosa de dos. Mientras Basanta bailaba, su hermana Norma dirigía y coordinaba las dos compañías que dejó Amalia Hernández; hoy es Salvador López, sobrino de Basanta, quien ocupa la dirección general, y también él trabaja en nuevas grabaciones musicales para el repertorio. "Hoy somos varias personas trabajando por el ballet y su continuidad, Salvador mi primo, Salvador su hijo (mi sobrino), mi hermana Tatiana y muchas personas más comprometidas en proteger y seguir llevando a México a los mejores escenarios y darle vida en ellos con la riqueza cultural de nuestro país", asegura Álvarez. "Todos de alguna manera tuvimos la habilidad y la certeza", dice Basanta. "Mi mamá quiso que siguiera vivo su legado, porque hoy vemos muchas compañías que se han perdido porque sus directivos no generaron ese legado profundo". 

Madre e hija nos regalan una postal única: Viviana Álvarez en un vestido Simorra, rebozo de Jilberto Núñez Cruz de San Cristóbal de las Casas, Chiapas; y su madre, en una blusa de Arturo Pérez Valdez de Huebachi, Bocoyna, Chihuahua, abrigo de Fábrica Social y falda de 1/8 Takamura.© Estebán Calderón
Madre e hija nos regalan una postal única: Viviana Álvarez en un vestido Simorra, rebozo de Jilberto Núñez Cruz de San Cristóbal de las Casas, Chiapas; y su madre, en una blusa de Arturo Pérez Valdez de Huebachi, Bocoyna, Chihuahua, abrigo de Fábrica Social y falda de 1/8 Takamura.

Para Álvarez, esa mirada de familia extendida —y su propia formación en relaciones internacionales— es también una forma de leer el oficio: "La diplomacia cultural es y debe ser el lenguaje que comunica las naciones. Es la mejor forma de interpretar y conocer un pueblo, porque las emociones que se generan en todos los países son las mismas. Eliminamos barreras de comunicación a través del arte". Para cerrar el encuentro, ¡HOLA! les preguntó qué le dirían a Amalia si pudiera ver hoy a su familia al frente del ballet. "Le agradecería que abrió tantas puertas", dice Basanta. "Y le demostraría la admiración que tenemos a su gran labor, por nosotros, por el país y por el mundo", completa Álvarez. Entre los muros que su hermano diseñó pensando en la luz de un convento, la respuesta parece ya estar dada: 75 años después, el homenaje que Amalia Hernández le hizo a México sigue de gira, en la voz de su hija y, ahora, de su nieta.

Créditos: 
Foto: Esteban Calderón
Estilismo: Alonso Murillo
Peinado: Karla Arias
Maquillaje: Brenda Dorado
Asistente de foto: Juan Luis Hernández Lemus, Val Schnack