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ALBEROBELLO

En la Puglia, este pueblo es famoso por sus trulli, unas sencillas construcciones cilíndricas que vieron la luz gracias a la picaresca de sus vecinos. Hoy son Patrimonio de la Humanidad.

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MANAROLA

Encerrado entre dos moles rocosas, Manarola se adorna de pintorescas callejuelas y casas-torre que protegían a sus habitantes, con su plaza y su iglesita y sus mil y una esquinas sublimes en las que aguardar a esos atardeceres gloriosos que se gasta cada uno de los pueblos de Le Cinque Terre.

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VARENNA

Entre los pueblos de italianísimos nombres y aspecto transalpino que merecen atención al borde del lago Como destaca especialmente Varenna, una antigua ciudad de pescadores que hoy es uno de los más pintorescos y encantadores de este entorno, en el que Clooney ha encontrado refugio y sus colegas del cine decorado para películas.

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MATERA

Pasear por el casco histórico de Matera, en Basilicata, al sur de Italia, significa dar un salto atrás en el tiempo y tener la impresión de estar paseando por un pesebre de cartón piedra. Escritores, artistas y directores han caído rendidos antes sus antiquísimas viviendas conocidas como sassi y sus iglesias rupestres excavadas en la roca volcánica, que son Patrimonio de la Humanidad.

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POSITANO

La fotogénica Positano, de abigarradas casitas de color pastel, atesora un trajín continuo de admiradores por ser desde la década de los 50 una de las mecas de los años licenciosos de la dolce vita. Es una parada obligada en la deliciosa carreterita encajonada entre el mar y la montaña que, de Sorrento y Salerno, recorre la Costa Amalfitana, o la Costiera, como le dicen aquí a este refugio de ricos y famosos.

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RAVELLO

Desde los jardines de mansiones como Villa Rufolo -que fue inspiración de Wagner- o Villa Cimbrone, las vistas de la Costa Amalfitana son todo un espectáculo. De ahí que sea uno de los lugares preferidos de vacaciones de la alta nobleza italiana, además de otros personajes célebres como Rostropovich, Ingrid Bergman, Humphrey Bogart, Paul Newman o Robert de Niro.

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PORTOFINO

Encajonado en un pequeño entrante entre un arbolado promontorio y el mar, Portofino presume, porque puede, de ser hoy uno de los rincones más chic de todo el Mediterráneo.

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SAN GIMIGNANO

En lo alto de las colinas de la Toscana y encerrado entre murallas, el pueblito medieval de San Gimignano, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, está salpicado de torres con las que alardeaban de poderío sus acaudaladas familias de mercaderes.

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VERNAZZA

Con una ensenada natural que sirve de refugio a los barcos, Vernazza fue antaño el más próspero de los Les Cinque Terre, los cinco fotogénicos pueblos medievales asomados al Golfo de Génova. Como quien tuvo retuvo, las empinadas callejuelas de su casco histórico se adornan de loggias y soportales, de mansiones y torreones y, en un extremo, del castillo de los Doria que defendía a sus gentes del peligro sarraceno.

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PITIGLIANO

El emplazamiento de este pequeño pueblo de la Toscana que domina sobre una peña volcánica la confluencia de dos ríos, el Lente y el Meleta, da pistas de lo que espera en esta antigua aldea etrusca de calles empedradas que aún conserva un barrio judío con su sinagoga, no en vano llegó a ser conocida como una pequeña Jerusalén.

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