Como uno de los últimos desfiles de esta temporada, Louis Vuitton cerró un frenético mes para la industria en París con la presentación de su colección otoño-invierno 2026 en la Cour Carrée del Museo del Louvre, donde transportó a los asistentes a un mundo natural visto desde un lente casi de ciencia ficción.
Con grandes personalidades como sus exclusivos invitados, entre los que destacaron Zendaya, Ana de Armas, Alysa Liu, Lisa y Jaden Smith, Nicolas Ghesquière presentó una colección con una firme misión, la de crear unidad y pertenencia a través de piezas inspiradas por distintas culturas alrededor del mundo y su relación con los espacios naturales: “Quería destacar que la naturaleza es la mayor diseñadora”, dijo ante un grupo de periodistas previo al desfile. “Queríamos trabajar en prendas arquitectónicas que pudieran expresar distintas culturas alrededor del mundo… ropa que nos reúna, una antropología de la moda”, continuó. “Pensé que era muy interesante para Louis Vuitton emprender ese viaje”.
Un viaje a un universo natural
Y con ese viaje en mente, el diseñador francés —con un poco más de una década al frente de la maison— presentó un paisaje creado con prismas verde intenso que parece salido de un videojuego, ideado por el diseñador de producción Jeremy Hindle (Severance, 2022, 2025), donde una abstracción de lo natural transformó el recorrido de las modelos.
Siluetas arquitectónicas, geométricas y futuristas abrieron el desfile con abrigos texturizados, seguidos de formas, estampados y materiales que evocaron paisajes vivos. Las propuestas más singulares incluyeron rompers de patchwork, sombreros cónicos, capas estructuradas, chaquetas de cuero cropped, capas impermeables acampanadas que recordaban envolturas de caramelo y coloridos conjuntos de lana con paisajes animados integrados. Además de una notable variedad de texturas a lo largo de la colección.
En paralelo, el legado de marroquinería de la maison cobró protagonismo: el icónico bolso Noé regresó a sus proporciones originales de 1932 en contraste con originales bolsos en forma de cabañas, troncos y calderos.
Con el savoir-fair de la casa reinterpretado en cada detalle, en conjunto con la visión del diseñador, Louis Vuitton nos transportó a un mundo donde la imaginación cobra vida —entre ovejas bordadas y sombreros de piratas— como si hubiéramos entrado a un cuento de hadas por unas horas, un respiro que parece necesario hoy en día, y que creadores como Ghesquière parecen tener muy claro.




















