La mirada de Graciela Iturbide ha transformado nuestra forma de entender la fotografía y ha influido en cómo el mundo exterior percibe a México. Su obra ha encontrado un lugar en diversas exposiciones, colecciones y espacios, consolidando una narrativa sólida y poética que revela el lado más humano e íntimo de las comunidades que retrata.
Hoy, la fotógrafa mexicana vuelve a hacer historia al convertirse en la primera mexicana en formar parte del Leica Hall of Fame. Este reconocimiento no solo rinde homenaje a su trayectoria, sino que también la celebra a través de una retrospectiva que reúne algunas de las obras más influyentes de sus cinco décadas detrás del lente.
La mirada de Graciela Iturbide llega al Leica Hall of Fame
Creado por la marca de cámaras Leica Camera AG, este reconocimiento distingue de manera esporádica a fotógrafos de todo el mundo que han destacado por su trayectoria y aportaciones al medio. Este año, la mexicana Graciela Iturbide se incorpora oficialmente a este “paseo de la fama”, junto a figuras como Joel Meyerowitz, Walter Vogel y Ralph Gibson.
El galardón celebra las cinco décadas de trayectoria de Iturbide en el mundo de la fotografía y amplía este homenaje con una retrospectiva de alrededor de 50 imágenes, organizadas en cinco ejes temáticos: Juchitán, México Clásicas, Pájaros, Desierto de Sonora y Viajes. La muestra se presenta en la Leica Galerie Wetzlar, en Alemania, y permanecerá abierta al público hasta enero de 2027.
A este reconocimiento se suma la selección de su fotografía Na’ Lupe Pan como Leica Picture of the Year 2026. Tomada en 1986, durante una serie fotográfica que Iturbide realizó en Juchitán, Oaxaca, la imagen muestra a una mujer posando frente a un muro de patrones abstractos. Fiel a la mirada de la fotógrafa, la obra se aproxima a la vida cotidiana de las mujeres indígenas y a los matices de su entorno.
Graciela Iturbide: Cinco décadas tras el lente
Nacida en 1942, Graciela Iturbide ingresó al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México con la intención de convertirse en directora de cine. Sin embargo, fue la influencia de su profesor y fotógrafo Manuel Álvarez Bravo la que la llevó a encaminarse hacia la fotografía. Como su asistente, Iturbide recorrió México junto a él, una experiencia que marcaría el rumbo de su carrera.
En 1978, Graciela fue comisionada por el Archivo Etnográfico del Instituto Nacional Indigenista para documentar la vida de los pueblos indígenas de México. Fue entonces cuando comenzó a profundizar en la cotidianidad de distintas comunidades, acercándose a sus costumbres, sus espacios y sus formas de vida. Así retrató al pueblo Seri, una comunidad indígena de Sonora, y más tarde viajó a Juchitán junto al artista Francisco Toledo, donde capturaría algunas de sus fotografías más fascinantes e influyentes.
Aunque gran parte de su trabajo se ha centrado en México, Iturbide también ha viajado con su cámara para retratar otras realidades, desde países latinoamericanos como Cuba y Ecuador hasta lugares tan distantes como India y Madagascar. En cada uno de estos destinos, su mirada ha encontrado nuevas formas de explorar la relación entre las personas, su entorno y las tradiciones que dan forma a su identidad.
A lo largo de cinco décadas, Graciela Iturbide ha construido un archivo visual que va más allá del registro documental. Su fotografía nos invita a detenernos, observar y descubrir la belleza que habita en lo cotidiano, acercándonos a realidades que, aunque distintas a las nuestras, conservan una profunda dimensión humana.











