Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén: el mecenazgo mexicano que conquistó Madrid


El matrimonio fue reconocido en los XI Premios Internacionales de Mecenazgo de la Fundación Callia por su trabajo cultural y social en Oaxaca. En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, compartieron un discurso íntimo sobre comunidad, raíces y la convicción que los guía desde hace más de tres décadas


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Marzo 4, 2026 5:42 PM EST

En una tarde marcada por la cultura y la filantropía, Alfredo Harp Helú y María Isabel Grañén Porrúa se llevaron uno de los momentos más emotivos de los XI Premios Internacionales de Mecenazgo de la Fundación Callia, celebrados el 3 de marzo de 2026 en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid.

Ellos recibieron el galardón en la categoría iberoamericana, un reconocimiento que pone el foco en un tipo de mecenazgo que no se queda solo en donaciones sino que construye, restaura y se compromete con el territorio. En su caso, ese territorio tiene nombre propio: Oaxaca.

El premio iberoamericano que pone a México en el centro

La Fundación Callia subrayó que la trayectoria del matrimonio ha estado guiada por una idea que repiten como lema: “La mejor inversión está en México” . Y lo han llevado a la práctica con proyectos en educación, salud, cultura, deporte y medio ambiente, creando museos, bibliotecas y centros culturales que fomentan convivencia y paz.

En el documento oficial, la fundación destaca que también han impulsado programas de conservación del patrimonio artístico, lingüístico y documental, con un impacto especialmente visible en Oaxaca, donde su trabajo “ha logrado fortalecer significativamente el tejido social”.

Alfredo Harp  Helu y Mar Isabel Grañén Porrúa durante su discurso de agradecimiento en los Premios Internacionales de Mecenazgo en Madrid.© Cortesía
Alfredo Harp Helu y Mar Isabel Grañén Porrúa durante su discurso de agradecimiento en los Premios Internacionales de Mecenazgo en Madrid.

Un discurso íntimo: “dedicarla a hacer brillar el corazón de México”

Ya en el escenario, Harp y Grañén hablaron en primera persona, con un tono emocional y de pareja: recordar a su familia, hablar del sentido de lo que hacen y de por qué siguen.

“Hace más de 30 años tomamos una decisión que transformó nuestra vida: dedicarla a hacer brillar el corazón de México. Especialmente el de Oaxaca”, dijo Alfredo Harp.

María Isabel puso el acento en el propósito social: “En cada proyecto… hemos buscado tejer comunidad. Ir a la raíz. Tocar la esencia”.

El mensaje se repitió en distintas formas: trabajo colectivo, raíces compartidas, memoria, identidad y la idea de que la filantropía —cuando es constante— puede cambiar vidas. “Nada florece en soledad. Trabajamos en equipo”, resumió Harp.

La iglesia y convento de Santo Domingo, en la ciudad de Oaxaca, epicentro de la labor altruista de Alfredo Harp © Getty Images
La iglesia y convento de Santo Domingo, en la ciudad de Oaxaca, epicentro de la labor altruista de Alfredo Harp

La Suerte de dar: lo que contaron sobre Oaxaca  

Más allá de la ceremonia, lo que dio un contexto más amplio sobre el premio fue la plática “La Suerte de Dar”, donde hablaron de decisiones concretas, proyectos y anécdotas que aterrizan su mecenazgo a historias muy humanas.

Alfredo contó que, aunque nació en la Ciudad de México, Oaxaca lo marcó desde niño: su familia libanesa llegó ahí por casualidad y se quedó por la belleza del lugar . Y explicó por qué eligió enfocarse en ese estado: “Escogiendo Oaxaca… era uno de los estados con mayores carencias… trabajamos principalmente en eso”.

María Isabel, historiadora del arte e investigadora, habló desde su relación con los libros y los archivos. “Vengo de una familia de libreros… traigo los libros en la sangre”, dijo al recordar cómo una biblioteca “tirada” la llevó a entender la urgencia de rescatar memoria . De ahí, explicó, nació una asociación civil que ha trabajado para rescatar archivos y bibliotecas en todo México: “El chiste es salvar la memoria de México”.

"Mis abuelos cuando salieron de Líbano, pensaban vivir en Boston, en Estados Unidos. Pero con la belleza de las montañas, los mercados y las frutas, se quedaron en Oaxaca". 

Alfredo Harp

​Proyectos con nombres y hechos: Santo Domingo, bibliotecas, conciertos y árboles

En esa misma plática se abordaron detalles que hicieron la conversación más viva y humana. Por ejemplo, el caso del Convento de Santo Domingo, que describen como un parteaguas para Oaxaca.

Alfredo recordó el momento en que lo restauraron y cómo eso detonó turismo: “Santo Domingo… se volvió un día más de turismo en la ciudad de Oaxaca” . María Isabel amplió el relato: explicó el trabajo conjunto entre gobiernos e iniciativa privada, y mencionó el rol de Francisco Toledo para que el espacio se convirtiera en un centro cultural con jardín etnobotánico.

También hablaron de acciones muy concretas que ayudan a dimensionar su impacto: bibliotecas fijas y móviles, telescopios en comunidades, y una agenda musical intensa. Alfredo lo dijo así: “Tenemos… bibliotecas móviles… prestan libros… tienen telescopio para mirar el universo… el año pasado tuvimos más de 70 conciertos”.

Y en medio ambiente, explicaron el trabajo comunitario detrás de la reforestación: el tequio como motor colectivo . María Isabel remató con una frase que funciona perfecto como quote de cierre: “Queremos compartirlos… todos tenemos que poner de nuestra parte para construir ese México que tanto necesitamos”.

María Isabel Grañén y Alfredo Harp fueron reconocidos en Madrid junto a Yannick y Ben Jakober y Batia Ofer© Cortesía
María Isabel Grañén y Alfredo Harp fueron reconocidos en Madrid junto a Yannick y Ben Jakober y Batia Ofer

Una noche en Madrid con sello de filantropía cultural

La ceremonia de los Premios Internacionales de Mecenazgo fue presidida por Tomás Marco, director de la Real Academia de San Fernando . Y, como parte del mismo contexto institucional, la Fundación Callia también informó que se realizó una audiencia de S.M. el Rey Felipe VI al Consejo Internacional de Mecenas de las Colecciones Reales, promovido por la fundación.

Pero si algo quedó claro esa noche es que, en el caso de Harp y Grañén, el mecenazgo se cuenta en bibliotecas que abren puertas, en edificios recuperados, en comunidad y en memoria. O como dijeron en su discurso, con una convicción diaria: “Cada mañana nos levantamos con la convicción de que siempre es posible hacer el bien”.

La ceremonia se llevó a cabo en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid© Cortesía
La ceremonia se llevó a cabo en el salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid