El salmón es uno de los pescados más recomendados dentro de una alimentación saludable. Y su fama no es casualidad, sino que viene luego de entender todos los beneficios que este tiene en la salud. El salmón es una excelente fuente no solo de proteínas, pero también de ácidos grasos como el omega 3, vitaminas del complejo B y minerales esenciales como el selenio.
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Sin embargo, no todo el salmón es igual. Antes de incluirlo de forma regular en tu dieta, es importante entender las diferencias entre el salmón salvaje y el salmón de criadero, ya que su origen influye directamente en su perfil nutricional, su sabor, su aspecto y hasta el impacto que tiene en el ambiente.
¿Cuál es la diferencia entre el salmón salvaje y de criadero?
Una de las diferencias más visibles entre ambos tipos de salmón es el color. El salmón salvaje suele tener un tono rosado más intenso y natural, mientras que el de criadero presenta un color más uniforme y, en muchos casos, más pálido o hasta naranja claro. Esto se debe a la alimentación: el salmón salvaje obtiene su color de forma natural al consumir crustáceos ricos en antioxidantes. Por otro lado, el salmón de criadero suele recibir suplementos de pigmentos en su dieta para imitar ese color característico.
Desde el punto de vista nutricional, el salmón salvaje destaca por tener un mayor contenido de omega 3 —grasas saludables básicas para la salud— mismas que benefician el sistema cardiovascular, el cerebro y la reducen la inflamación. Además, el salmón salvaje, suele contener menos grasas totales y menos calorías, ya que su vida en libertad implica mayor actividad física. El salmón de criadero, por otro lado, tiende a tener más grasa total y un perfil de ácidos grasos distinto, con una proporción mayor de omega 6, que en exceso puede tener efectos inflamatorios.
Además, el sabor y la textura también varían. El salmón salvaje suele tener una carne más firme y un sabor más intenso a pescado, mientras que aquel crecido en criadero es más suave y graso, lo que puede resultar atractivo para aquellos que prefieren un sabor más suave y tenue.
La cadena de alimento que nos afecta sin darnos cuenta
Otro aspecto clave a considerar es la alimentación y el uso de antibióticos en el salmón que consumimos. En los sistemas de acuicultura, los salmones viven en espacios reducidos, lo que puede aumentar el riesgo de enfermedades. Es por eso que en algunos casos se utilizan antibióticos y otros químicos, algo que no ocurre con el salmón salvaje. Si bien muchas granjas hoy cuentan con regulaciones estrictas sobre el cuidado de los peces, sigue siendo un factor relevante para quienes buscan opciones lo más naturales posibles.
Además, impacto ambiental también juega un papel importante. El salmón salvaje proviene de pesquerías reguladas y generalmente se importa de países como Noruega y Chile o en general del océano pacífico, aunque su disponibilidad es limitada y depende de temporadas específicas. El salmón de criadero, en cambio, es más accesible y económico, pero puede generar efectos negativos en los ecosistemas marinos si no se maneja de forma responsable, como contaminación del agua o afectación a especies locales.
Aunque incluir salmón en la dieta es benéfico para la salud, elegir de forma informada puede hacer la diferencia. Considerar su origen, perfil nutricional, impacto ambiental y calidad te permitirá aprovechar al máximo sus beneficios.
