¿Puede un perro sufrir ataques de epilepsia?

Se trata del trastorno neurológico crónico más común en los canes, afectando aproximadamente al 2,5% de los animales

Por Gtresonline

La epilepsia es una enfermedad crónica del sistema nervioso debida a la aparición de actividad eléctrica anormal en la corteza cerebral. Provoca ataques repentinos caracterizados por convulsiones violentas y pérdida del conocimiento y afecta a personas de todas las edades. Según la Organización de la Salud (OMS), alrededor de unos 50 millones de personas padecen epilepsia, lo que la convierte en uno de los trastornos neurológicos más comunes. Sin embargo, los humanos no son los únicos que están expuestos a sufrir esta enfermedad cerebral.

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Más frecuente en machos

La epilepsia es una patología frecuente en los perros, que se produce por una actividad cerebral anormal, siendo más habitual en machos de gran tamaño y en determinadas razas, como el pastor alemán, el beagle, el golden retriever y el labrador retriever. De hecho, se trata del trastorno neurológico crónico más común en los perros, afectando aproximadamente al 2,5% de los canes. A pesar de que cada animal puede manifestarla de forma diferente, las primeras muestras de estos ataques se dan cuando el can es un cachorro, entre los seis meses y los cinco años, aunque en algunos casos se produces más adelante. En cualquier caso, el dueño debe aprender a actuar ante un ataque de epilepsia para intentar mitigar al máximo el sufrimiento del perro.

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¿Cómo actuar ante un ataque?

Esta patología suele ser un episodio angustioso para los dueños, especialmente cuando se trata de la primera vez que le ocurre a su mascota. En primer lugar, es fundamental acudir al veterinario ante la mínima sospecha. El experto se encargará de informar sobre la enfermedad, así como de establecer unos patrones que contribuyan al bienestar del animal.

Cabe destacar que podemos 'vaticinar' cuándo va a sufrir un ataque nuestro perro, que presentará un comportamiento anormal. Se mostrará intranquilo, nervioso, buscará llamar la atención, ladrará sin motivo aparente e incluso podría orinarse de forma incontroladamente. Esta fase se conoce como 'aura'. Ante esta delicada y confusa situación, debes mantener la calma y no enfadarte con él para no asustarle aún más. La sintomatología es similar a la de las personas que sufren esta misma patología y se manifiesta a través de convulsiones, que pueden ser de dos tipos: generalizadas o focales. Mientras que en las primeras el ataque afecta a las cuatro extremidades y normalmente conlleva la pérdida de conciencia, en las segundas las convulsiones pueden involucrar solo un lado del cuerpo, una extremidad o la cara.

Cuando se produce un ataque, es decir, una descarga de energía en el cerebro que provoca que se ponga rígido y caiga al suelo con movimientos espasmódicos. Además, podrá no controlar los esfínteres. Primero, debes poner al animal a salvo colocándole en una postura que no se golpee o caiga de un lugar elevado. Es preferible situarle encima de una superficie mullida, pero siempre en el suelo, para que no se lastime en el momento de las contracciones musculares. Durante el ataque, no debes intentar sacar la lengua del perro. Tras el episodio, en la fase post-ictal, se sentirá agotada, intranquilo, confundido y desorientado, por lo que se debe dejarle descansar hasta que se recupere. Puede presentar ceguera y sordera temporal. En general, la fase ictal puede durar entre pocos segundos a varios minutos. En caso de que se prolongara, se debe acudir rápidamente al veterinario.

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