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Madeira es el vergel del Atlántico, un vergel en medio del océano de reservas protegidas, impresionantes acantilados, bosques de laurisilva donde realizar las más bellas caminatas, miradores de vértigo, coquetos pueblos en las laderas de montañas y valles, fascinantes jardines… Pero, sobre todo, es belleza, la que ofrece una isla donde disfrutar del contraste entre el verde y azul más intenso que hayas visto nunca, por algo ha sido elegida Mejor Destino Insular del Mundo durante 3 años consecutivos.

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1. DESCUBRIR FUNCHAL, LA CAPITAL

La capital de la preciosa isla de Madeira sorprende desde el momento en que te aproximas a ella, desparramada en la montaña, con sus barrios ascendiendo por la ladera desde el puerto. Descubrir su centro histórico, hacer una cata en alguna de sus bodegas, estimular los sentidos en el Mercado dos Lavradores, subir en teleférico para luego bajar en sus famosísimos carros de cesto o sentarse en sus frondosos jardines, son solo algunos de sus imprescindibles.

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2. CAMINAR POR UN BOSQUE DE LAURISILVA

Reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, los bosques de laurisilva de Madeira ocupan nada menos que dos tercios de la superficie de la isla. La vereda do Fanal, situada al norte, es un espacio perfecto para disfrutar y conocer estos bosques centenarios de árboles retorcidos y realizar una caminata hasta espectaculares miradores naturales. Aquí el silencio es el rey y el contraste entre el tupido manto de sus verdes prados y montañas y el increíble azul del océano es embriagador.

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3. DARTE UN BAÑO EN LAS PISCINAS NATURALES DE PORTO MONIZ

En el noreste de la isla encontramos estas piscinas naturales formadas por lava volcánica donde el mar entra de forma natural. Las hay gratuitas, sin servicios, o de pago (la entrada de adulto cuesta 1,50 €), con vestuarios, tumbonas, aseos... La experiencia es como bañarse en medio del océano, pero con mayor comodidad y sin oleaje. El agua está realmente fría, pero el entorno es tan bello que merece la pena la experiencia.

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4. DEDICAR UN TIEMPO A PONTA DO SOL

Hasta el sur de Madeira hay que ir a descubrir este municipio costero que dicen es el más cálido de toda la isla. En él se impone darse un baño en la playa (que aquí no son de arena, si no de grandes piedras), pasear por su centro histórico y cenar en el restaurante Estalagem Ponta do Sol (pontadosol.com), ubicado en lo alto de un acantilado, al que asciendes en ascensor y donde las espectaculares vistas desde su terraza y la puesta de sol son magníficas.

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5. ACERCARSE A CÁMARA DE LOBOS

También en la zona sur de la isla, cercano a Funchal, Cámara de Lobos es un típico pueblo de pescadores junto al Cabo Girao, con algunos de los acantilados más altos de Europa. Aquí se impone un paseo por su pequeño centro histórico, acercarse a su puerto, degustar bacalao en alguno de sus restaurantes (aquí conocido como «gata») o hacerse una foto junto a la estatua que homenajea a Winston Churchill, que pasó por aquí y hasta plasmó la localidad en un cuadro. También hay un mirador que lleva su nombre con magníficas panorámicas de la bahía.

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5. DESCENDER A FAJA DOS PADRES

El teleférico que desciende en apenas 4 minutos a Faja dos Padres salvando 250 metros de un impresionante acantilado no es apto para personas con vértigo, pero la experiencia merece mucho la pena. Abajo, un encantador paisaje de plantaciones de plataneras, cultivos ecológicos de papayas, mangos o aguacates, una playa con enormes guijarros y una zona habilitada para tomar el sol y darse un baño y un encantador restaurante (fajadospadres.com), donde degustar un arroz o un pescado. Para los que quieran alargar la experiencia existen unas pequeñas casas de alquiler, antiguas casas de colonos y graneros rehabilitados, donde pasar la noche en un entorno maravilloso.

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6. VER LA ARQUITECTURA DE SANTANA

El municipio de Santana, ubicado al norte de la isla de Madeira y reconocido como Reserva de la Biosfera, tiene su rasgo más característico en la arquitectura de sus casas, con fachadas triangulares en blanco, rojo y azul, y tejados de paja que llegan hasta el suelo. En Santana se encuentra, además, el punto más alto de la isla, el pico Ruivo, con 1861 metros, y de la localidad parten numerosos Senderos de la Biosfera para descubrir su patrimonio natural.

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7. IR EN BUSCA DE DELFINES Y BALLENAS

En el archipiélago de Madeira es posible avistar cetáceos prácticamente en cualquier época del año. Delfín común, delfín pintado, delfín mular, cachalotes, calderones o rorcuales surcan sus aguas ofreciéndonos la oportunidad de observarlos desde una embarcación. Acercarse a las Islas Desiertas, tres pequeñas islas completamente deshabitadas que forman parte del archipiélago y son reserva natural, permite además la observación de focas monge, tortugas y hasta ballenas.

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8. CAMINAR POR SUS LEVADAS O ATRAVESAR EL CENTRO DE LA ISLA EN JEEP

Las levadas, o canales de irrigación, que se construyeron en el siglo XVI para transportar agua ocupan hoy una red de 3000 kilómetros por toda la isla que pueden abordarse a pie o en bicicleta. De las más recomendables, la vereda da Ilha o la levada do Moinho. Si prefieres no caminar, lo mejor será hacer una excursión en jeep, atravesando la isla de norte a sur partiendo desde Funchal, por carreteras de cuestas imposibles, caminos sin asfaltar y paisajes hermosos de naturaleza primigenia.

Empresas como Mountain Madeira Expeditions (mountainexpedition.pt) realiza estas excursiones por toda la isla, de media jornada o jornada completa, con precios desde 35 € por persona.

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9. ASOMARTE A LOS MIRADORES DE MADEIRA

Como no podía ser de otra manera en una isla de empinadas montañas y vertiginosos acantilados, los miradores son uno de sus principales atractivos. Los hay por toda la isla para asomarte a sus montañas o a la inmensidad del océano. Entre los más espectaculares el de Cabo Girão (en la imagen), con su plataforma transparente bajo los pies a 580 metros de altura sobre el mar, el del pico Ruivo, el más alto de la isla, donde disfrutar sobre un mar de nubes, o el mirador dos Balcões, con unas magníficas vistas del valle de Ribeira da Metade.

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10. HACER UNA ESCAPADA A PORTO SANTO, LA «ISLA INTELIGENTE»

El complemento perfecto a Madeira es la pequeña isla de Porto Santo, perteneciente al mismo archipiélago y a poco más de 2 horas en ferry desde Funchal (o en avión en un vuelo de apenas 20 minutos). A ella se va a disfrutar de su magnífica playa de arena dorada de 9 kilómetros, de sus aguas color turquesa con propiedades terapéuticas, y, sobre todo, a respirar su aire puro libre de contaminación, porque Porto Santo es una isla libre de combustibles fósiles, en busca de cero emisiones, que quiere convertirse en un referente mundial como «la isla inteligente» con el uso de vehículos eléctricos. En la capital, Vila Baleria, podrás visitar el Museo de Cristóbal Colón (de aquí era su mujer) y, a las afueras, un campo de golf proyectado por el mismísimo Severiano Ballesteros. Otra buena opción es hacer un tour guiado para descubrir los rincones más hermosos de la isla en 4x4. Empresas como Lazermar (lazermar.com) realizan estos circuitos todos los días del año.

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