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ENERO: SVALBARD Y LAS AURORAS BOREALES (NORUEGA)

No hay mejor manera de empezar el año que respirando el aire más puro del planeta. Y el de la isla de Spitsbergen, que los noruegos conocen como Svalbard, lo es.  Inmóvil en el océano Glaciar Ártico, entre el mar de Barents y Groenlandia, en la comunidad más aislada del planeta la atmósfera es limpia, el paisaje agreste, los glaciares extensos, la población escasa, la población de osos blancos, abundante, y la noche eterna. En medio de este silencio y soledad, en los meses de invierno se asiste a uno de los grandes espectáculos de la naturaleza: el baile de las auroras boreales, una excitación atómica para una vez en la vida.

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FEBRERO: ISLAS DE LA COSTA DEL GOLFO (TAILANDIA)

Aunque cualquier época es buena para viajar en Tailandia, mejor no demorarse en el calendario y evitando los meses de lluvias y monzones (más o menos de mayo a octubre) descubrir las islas de Ko Samui, Ko Pha-Ngan y Ko Tao. El triángulo isleño de la Costa del Golfo esconde paraísos tropicales ideales para el submarinismo, lujosos resorts, idílicas playas bordeadas por la selva, en la que se puede hacer trekking en elefante, y jardines de arrecifes. El contrapunto más natural a su incombustible vida nocturna.

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MARZO: POMPEYA (ITALIA)

Muy cerquita de Nápoles queda Pompeya, la que fuera una próspera y dinámica ciudad que acabó sepultada en el año 79 d.C. tras la erupción del Vesubio. Paradójicamente, gracias a quedar bajo las cenizas, sus principales edificios se conservaron en un increíble estado, hasta que fue redescubierta en el siglo XVI. Pasear entre sus ruinas es viajar en el tiempo y empaparte de un lugar cargado de historia.

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ABRIL: CHAOUEN Y LAS MONTAÑAS DEL RIF (MARRUECOS)

A unos 100 kilómetros de Ceuta, Chaouen o Chefchaouen es uno de los pueblos más coloridos de Marruecos, al que todos conocen popularmente como el pueblo azul, por los colores que lucen la mayoría de sus casas. Después de pasear por este laberíntico pueblo morisco, pasar por su plaza de Uta el Hamman y recorrer la antigua medina, lo que toca es descubrir su entorno inmediato, las montañas del Rif, que lo cercan y forman parte del Parque Nacional de Talassemtane.

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MAYO: AZORES (PORTUGAL)

A caballo entre Europa y América, las nueve islitas que integran las Azores fueron emergiendo sobre el Atlántico en sucesivas erupciones a lo largo de los siglos. La última, que tuvo lugar en Faial en los años cincuenta, duró más de un año y transformó dramáticamente su paisaje. No es la única lección de vulcanología que aguarda en este archipiélago ajeno al turismo de masas en el que emprender a bici o a pie mil y una ruta presididas por conos, cráteres o las fotogénicas lagunas que encierran sus calderas. De la isla de São Miguel a Terceira pasando por Pico. Azores es un viaje increíble por una naturaleza virgen.

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JUNIO: ARCHIPIÉLAGO DE LA MADDALENA (CERDEÑA)

En verano, Cerdeña vive un baño de multitudes, así que mejor finales de la primavera para descubrir, al noroeste de Cerdeña, el archipiélago de La Maddalena, declarado Parque Nacional. Siete islas principales, casi todas deshabitadas, y decenas de islotes entre los que navegar descubriendo sus calas de aguas azul verdoso, Cala di Volpe, la playa de arena rosada de la islita de Budello, puertos tan exclusivos como Porto Cervo, otros de ambiente más relajado, como Palau, y hasta dar el salto, ya en Córcega, a las callejuelas de Bonifacio.

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JULIO: LA COSTA DE HÚSAVIK DURANTE EL SOL DE MEDIANOCHE (ISLANDIA)

Islandia es el país de las maravillas naturales: volcanes, glaciares, cascadas, géiseres y lagos de agua caliente que se pueden admirar todo el año. Pero hay un espectáculo de la Naturaleza que solo ocurre en el mágico verano islandés, el del contemplar a las ballenas alimentándose frente a la costa de Húsavik mientras se disfruta del sol de medianoche. Una experiencia única y privilegiada a pocos kilómetros del Círculo Polar Ártico.

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AGOSTO: PENÍNSULA DE ISTRIA (CROACIA)

A esta península compartida croata a medio camino entre Venecia y Zagreb se la conoce como la Toscana croata y eso ya es decir mucho de ella. Para empezar que que entre su paisaje de colinas de olivos, viñedos y cipreses van apareciendo aldeas medievales que no pueden tener más encanto. Pero, Istria tiene dos caras y la combinación de ambas no puede resultar más perfecta, porque la Istria verde del interior no está reñida con la azul de playas frente al Adriático, puertos pesqueros y pueblitos ribereños. La joya fortificada de Rovinj, Groznjan, Motovun son algunos de sus tesoros para descubrir unas vacaciones de verano.

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SEPTIEMBRE: MORAVIA DEL SUR (REPÚBLICA CHECA)

Ya sea porque es una desconocida para muchos o porque, simplemente, se quiera ir más allá de Praga, a solo hora y media de esta, la región de Moravia del Sur reúne suficientes alicientes para una escapada en septiembre. Para empezar, sus extensos viñedos, pero también sus bosques, su cueva de Punkva, pueblos medievales, media docena de monumentos –como los palacios de Lednice y Valtice– que lucen la etiqueta de Patrimonio Mundial y una capital, Brno, que fue capital del Sacro imperio Romano Germánico.

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OCTUBRE: NORMANDÍA (FRANCIA)

A dos horas de París, Normandía es una región llena de lugares por descubrir. Seguramente te sonarán el Mont Saint Michel y las playas del Desembarco, los destinos más famosos de esta región del norte francés, colindante con Bretaña y Nord-Pas de Calais, pero esconde muchas otras bellezas naturales y culturales: Etretat y la costa de alabastro que tanto inspiró a los pintores impresionistas, el puerto de Honfleur, la villa playera de Trouville, la ciudad de Fécamp, Port-Audemer, la Venecia normanda, el pequeño Versalles de Champ de Bataille, Le Havre, la ciudad de hormigón protegida por la Unesco, o los jardines de Monet en Giverny.

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NOVIEMBRE: ISLA DE SHIKOKU (JAPÓN)

Si lo que te atrae es descubrir el Japón más rural tienes que viajar a la isla de Shikoku, la más pequeña de las cuatro principales del país, aunque suficientemente grande como para dedicarle un solo viaje. En ella todo conserva ese aire de otro tiempo, tan distinto y alejado del bullicio de las grandes ciudades japonesas. Unida por una cadena de puentes colgantes a la de Honshu, es el escenario de un peregrinaje milenario que recorre 88 templos budistas de la escuela Shingon. La ciudad de Matsuyama, el valle de Iya, el pueblo de Wakimachi, los templos de Kotohira o, en la ciudad portuaria de Takamatsu, el jardín Ritsurin, son algunos de sus tesoros.

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DICIEMBRE: YUNNAN (CHINA)

Despedir el año viajando a China es algo único. Pero más auténtico aún poner rumbo a la provincia de Yunnan, cuyas terrazas de arroz componen uno de los paisajes más espectaculares en los que ha intervenido el ser humano. Las laderas de los montes Alaio, territorio de la etnia hani, fueron modeladas con destreza hace ya varios siglos para dar forma a un solemne horizonte que hoy se disfruta desde la ruta de los miradores de Yuanyang.

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