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Conduciendo por las carreteras que cruzan esta barrera montañosa entre España y Francia se van descubriendo la brutal naturaleza de este espacio sin fronteras: parques nacionales, naturales, reservas, puertos de montaña, pequeños pueblos medievales, sitios Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, miles de senderos, pero también balnearios donde relajar cuerpo y mente y un sinfín de actividades para hacer. Para que no te pierdas entre tanta maravilla natural, te contamos los imprescindibles.

AÍNSA Y ALQUÉZAR, DOS PUEBLOS MUY BONITOS

Dos pueblos medievales pequeños, de piedra e impecables figuran entre los más bonitos de Aragón. El primero, en la encrucijada de todos los caminos que llevan al corazón del Pirineo oscense, es como de postal. Solo tiene dos plazas, dos calles, una iglesia románica y un castillo, en uno de los extremos de esta villa, pero no le hace nada más para derrochar encanto. Para ver la mejor panorámica de Alquézar, el pueblo mejor conservado de la sierra de Guara, hay que asomarse desde el mirador de la carretera y ver cómo el cañón del río Vero rodea esta villa medieval de calles estrechas con arcadas que tiene en su colegiata su principal monumento / © Shutterstock.

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RESERVA NATURAL DE NÉOUVILLE

Siguiendo la ruta de los lagos de alta montaña se alcanza esta reserva natural en la que las puntiagudas cumbres de granito contrastan con un suave y bucólico paisaje salpicado de abetos y de 70 lagos, en cuyas aguas se mezclan todas las tonalidades del verde y el azul. Por su orientación al sur, aquí la vegetación crece muchísimo, como los pinos, que llegan a alcanzar los 2.600 m de altura. Algo único. Para amantes de la fauna hay que buscar al euprocte de los Pirineos, un gran tritón coetáneo de la época de los dinosaurios, aunque más fácil será ver en este jardín natural a zorros, rebecos, marmotas, buitres o quebrantahuesos / © Shutterstock.

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BALNÉA

Sumergidos en las aguas de una fuente caliente y beneficiosa, con la mirada puesta en las montañas y los pulmones llenos del aire puro de las cumbres, la montaña se ve de otra forma. ¿Hay un lugar mejor para relajarte? En los Pirineos hay hasta ocho centros de balneoterapia que ofrecen lagunas, jacuzzis, hammam, sauna, masajes con piedras calientes, camas de agua, masajes ayurvédicos, baño musical… Uno de ellos es Balnéa, a orillas del lago de Génos-Loudenvielle, un espacio que ofrece bienestar cuerpo-mente, además de placer para la vista. © hpte-Balnea-Cedric Tosoni.

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CAÑÓN DE AÑISCLO

El río Bellós, un afluente del Cinca, forma en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido uno de los desfiladeros más largos y atractivos de la comarca del Sobrarbe. La carretera va ascendiendo entre encinas, tilos, avellanos, arces, pinos y bojes hasta llegar, a 13 kilómetros de Escalona, a un espectacular puente de piedra, a partir de cual se le conocerá como Cañón de Añisclo. Es menos conocido que el de Ordesa, pero es también más salvaje. La excursión, de dificultad baja y de unas tres horas de duración, comienza en el aparcamiento del cañón y tras la ermita de San Úrbez, pasa por las ruinas del molino de Aso, y, más adelante, por la bella cascada de la Fuen Blanca, un buen lugar para descansar antes de seguir hasta el nacimiento del Bellós.

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PIC DU MIDI

En la vertiente norte de los Pirineos se distingue un pico prominente con dos alicientes sobre el resto de las cumbres y cimas. Uno de ellos es que no hace falta ser un experimento montañero para alcanzar su cumbre, ya que un teleférico deja en lo más alto sin esfuerzo alguno. El segundo es que, por su situación, regala unas vistas de 360º de este lado de la cordillera, ya que se alcanzan a ver más de 300 kilómetros a la redonda. Los telescopios situados en su cumbre permiten observar el sol y un cielo nocturno fuera de lo común, por algo está considerado Reserva Internacional de Cielo estrellado / © Hpte-crt-Patrice Thebault.

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CIRCO DE GAVARNIE

Uno se puede fatigar un poco si camina deprisa desde el pueblo de Gavarnie, a 230 kilómetros de Hendaya, hasta el circo glaciar del mismo nombre. O, una vez allí, puede sufrir tortícolis si no está acostumbrado a estos enormes y verticales paisajes de montaña que obligan a alzar el cuello y mirar continuamente hasta lo alto. No importa, Gavarnie, en el Pirineo central, es una escapada que merece, un anfiteatro natural de roca cincelado por los hielos glaciares y en la vertiente francesa del Monte Perdido, con precipicios coronados por impresionantes cumbres, desde donde se descuelga una de las cascadas más altas de Europa, con 422 m de altura. © hpte-Pierre Meyer.

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CAUTERETS-PONT D’ESPAGNE

Sin el agua, el valle de Cauterets, a 30 kilómetros al sur de Lourdes, no sería tan atractivo, pero está lleno de cascadas y manantiales termales que hacen de este lugar situado en la región de Midi-Pyrenees un destino ideal parar los amantes de la Naturaleza. Fuertes desniveles, ríos turbulentos y altas cumbres borrascosas realzan el paisaje del valle más profundo de los Pirineos. Cobijadas por formidables masas boscosas de abeto blanco surgen las cascadas de Lutour, Splumouse, Pont d’Esgne, Escane Gat… que bien merecen una caminata, que se puede hacer extensible a los oscuros lagos glaciares de Estom, Gaube, Estive Aute... / © HPTE-F.Laurens.

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LOURDES

Desde Cauterets se llega a Lourdes para vivir una experiencia única, la de unirse de noche con los millones de peregrinos venidos del mundo entero en una procesión, antorcha en mano. No es necesario ser creyente ni practicante para conocer Lourdes, uno viene a ver la Gruta donde una joven llamada Bernadette vio a la Virgen, acaricia la roca, recoge el agua de las fuentes, enciende una vela. Como tantos gestos religiosos, paganos, mágicos… y, a pesar de ello, la visita no deja indiferente. © P. Vicent www.lourdes.photo.

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GRAN CAÑÓN DE ORDESA

Tiene un aire a un Colorado pirenaico, con picos de más de 3.000 metros -entre los que sobresale el Monte Perdido–, acantilados vertiginosos, restos de glaciares, circos suspendidos, fajas aéreas, espectaculares cascadas. Ordesa es la expresión de la desmesura. En el pueblo de Torla arranca la excursión más clásica por este espacio natural cuyos paredones contrastan con una naturaleza exuberante formada por hayas, pinos, sauces, fresnos y álamos que cubren el fondo del cañón, recorrido por las aguas del río Arazas, que acaban despeñándose en espléndidas cascadas, sobre todo la de la Cola del Caballo. Al otro lado del espectacular cañón está el grandioso circo de Gavarnie. Dos vertientes diferentes de una misma montaña Gavarnie-Monte Perdido, clasificada como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco / © HPTE-F. Laurens.

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SAN JUAN DE LA PEÑA

No uno sino dos monasterios forman el conjunto de San Juan de la Peña en un espacio protegido del Pirineo aragonés. El Viejo es una joya de época medieval, construido aprovechando un eremitorio y con un original claustro románico en la oquedad de la roca, el primer panteón de los reyes aragoneses y una iglesia mozárabe. El Nuevo acoge dos centros de interpretación y la hospedería que brinda una tranquilidad atemporal / © hpte-hemis.

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FORAU DE D’AIGUALLUTS

Nada menos que 40 metros tiene este profundo precipicio en el que se precipitan las aguas de la fuente de los glaciares del Aneto, cumbre de los Pirineos. Un fenómeno natural impresionante, puesto que la montaña engulle, literalmente, el río. Las aguas se filtran bajo la tierra y desaparecen. Tres kilómetros después reaparecen en el valle de Arán / © HPTE-F. Laurens.

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PUERTO DEL TOURMALET

La cima del Tourmalet es el punto culminante de la gran ruta de los puertos de los Pirineos y de la más célebre de las carreras ciclistas del mundo entero, el Tour de Francia. A 2.115 m de altura, los aficionados a la bici, pero también senderistas y los que llegan en coche de unas hermosas vistas de las montañas pirenaicas. En el descenso hacia la estación de Barèges se puede visitar el jardín botánico del Tourmalet.

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