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CABRERA
A solo media hora en barco desde el sur de Mallorca se encuentra esta pequeña isla de naturaleza generosa donde no hay hoteles –solo un refugio para pernoctar un máximo de dos noches–, tampoco restaurantes y no se puede bucear ni echar el ancla sin permiso. Todo, para no alterar el paisaje litoral mejor conservado de España, un archipiélago declarado Parque Nacional de poco más de 13 kilómetros cuadrados donde viven, igual que hace miles de años, más de 500 especies de plantas y 950 de animales marinos. Desde la colonia de Sant Jordi, en Mallorca, donde se encuentra el centro de visitantes, parten los barcos a Cabrera, una travesía que dura entre 30 y 45 minutos.

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CORFÚ (GRECIA)
Durante su viaje a Ítaca, Ulises hizo su última parada en esta isla griega situada en el mar Jónico. Hoy, pasa por ser una de las más turísticas del Mediterráneo. Guarda paisajes abruptos, como el Monte Pantocrátor, playas imprescindibles como Jalicunas, Marahias, Skudi, Bitalades, Perulades, el Canal D´Amour y una de las capitales más bellas de Grecia, que da nombre a la isla, cargada de iglesias bizantinas, monasterios y fortalezas venecianas en sus callejuelas medievales. 

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BELLE ÎLE (FRANCIA)
La isla bonita, es así como se llama la mayor de las islas bretonas, situada a 14 kilómetros de la península francesa de Quiberon. Es un destino de naturaleza exuberante salpicada de apacibles pueblos de casas de colores. De ella se enamoraron personajes tan sensibles a la belleza como Monet o la mítica actriz francesa Sara Bernhardt, quien pasó aquí innumerables veranos. Acantilados de vértigo y un mar desenfrenado contrastan con la calma de playas tan fantásticas como la de Grand Sables, de una finísima arena blanca. Localidades como Le Palais, con su encantador puerto pesquero y su fortaleza diseñada por Vauban, o Sauzon, con su muelle lleno de cafés y restaurantes, son dos buenos ejemplos de pueblos donde sentir el bon vivre de los bretones. No se equivocaba el gran pintor impresionista, toda la isla es una paleta de paisajes memorables. © Julia Hernández.

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DJERBA (TÚNEZ)
En el golfo de Gabés, frente a las costas de Túnez, la isla de Djerba es un paraíso de belleza singular en el que Homero situó uno de los pasajes más emocionantes de La Odisea. La preciosa medina y las mezquitas de su capital, Houmt Souk, pero también sus pintorescos cafés y restaurantes de pescados; el palmeral de Guellala, famosa por su cerámica artesanal; los mercadillos y la sinagoga de La Ghirba (la ‘Jerusalén de África’), las playas las de Sidi Bakur o las divertidas excursiones en camello aguardan hoy a los sucesores de Ulises.

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RAB (CROACIA)
El litoral croata es un paraíso para descubrir en barco e ir recalando en sus paraísos marítimos. En el tramo de costa que va desde Rijeka a Dubrovnik, además de Hvar, la bahía de Kvarner regala algunos de ellos, como las islas imprescindibles de Krk, Cres, Losinj, Pag o Rab, una de las islas con más encanto del norte del mar Adriático, que tiene una capital de arquitectura medieval y calles empinadas que merecen una foto en cada rincón, pueblos de pescadores como Kampor, altas montañas que la protegen de los vientos y una de las playas más afamadas de Croacia, la de Rajska. © Jean-Pierre Lescourret/Corbis.

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PONZA (ITALIA)
Está próxima a Roma y a la famosísima de Capri, pero la isla de Ponza no suena tanto y, sin embargo, posee una extraordinaria belleza, por algo es lugar de veraneo y escapada de fin de semana para los romanos. Si Porto conserva su belleza como pueblo de pescadores, con sus casas color pastel escalonadas en la ladera de una montaña, en Le Forna, al otro lado de la isla, se encuentran unas singulares piscinas naturales creadas por la erosión del mar y el viento que son uno de los lugares más especiales de la isla. A 10 kilómetros de Ponza, se encuentra otra isla espectacular y de belleza salvaje, Palmarola.

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