En Mónaco se respiraron aires de solemnidad a lo largo del pasado fin de semana, debido a la histórica visita del Papa León XIV, la primera de un pontífice católico al principado en casi 500 años. En este singular y simbólico escenario, la familia Grimaldi ofreció una muestra de unidad, tradición y refinada elegancia, expresada tanto en la moda como en la fe.
Al centro de la conversación estaban la princesa Carolina de Hannover y su hija Charlotte Casiraghi, quienes se ciñeron al estricto protocolo de El Vaticano. La tradición exige que las mujeres vistan de negro y se cubran el pelo con una mantilla en presencia del Papa.
Para la ocasión, Charlotte eligió un traje de falda de dos piezas de la colección Métiers d'Art 2026 de Chanel. La chaqueta destacaba por sus intrincados detalles florales en el corpiño, el ribete de cuerda en las solapas y los botones plateados de gran tamaño.
Para completar el atuendo, Charlotte lució una espectacular mantilla de encaje negro, medias oscuras semitransparentes y zapatos de tacón bajo de Chanel, así como un bolso a juego de la misma firma con sutiles detalles en rojo.
En cuanto al look de la princesa Carolina, esta eligió un abrigo negro de Giorgio Armani, combinado con guantes negros y unos tacones clásicos de Christian Louboutin.
Sin embargo, lo más conmovedor de su elección fue una mantilla que tenía una carga emocional, pues se cree que perteneció a su madre, la gran Grace Kelly. Esta reliquia familiar resaltaba un poderoso sentimiento de continuidad y recuerdo. Al usar la mantilla de su madre, Carolina rindió homenaje no solo al legado de Grace, sino también a su discreta devoción. Complementó el atuendo con un colgante de cruz de diamantes y rubíes.
Grace Kelly, a pesar de ser princesa católica, nunca se benefició de la exención especial del Vaticano conocida como el 'Privilegio del Blanco'. En aquel entonces, el protocolo de Mónaco aún exigía que las consortes vistieran de negro ante el Papa.
Aunque el negro predominaba, dos figuras destacaron por su luminoso contraste. La princesa Charlene de Mónaco y su hija, la princesa Gabriella de Mónaco, lucieron conjuntos completamente blancos de Elie Saab. Su elección no supuso una ruptura con la tradición, sino más bien su encarnación. El 'Privilegio del Blanco' es una concesión vaticana otorgada a las reinas y princesas católicas de estados soberanos católicos, que les permite vestir de blanco en presencia del Papa durante actos oficiales.
Por otro lado, también destacó Beatrice Borromeo, esposa de Pierre Casiraghi, quien reafirmó su posición como una de las mujeres más elegantes de la realeza europea. Beatrice optó por un conjunto Dior completamente en negro, apropiado para la solemne ocasión.
Su atuendo estaba formado por un vestido midi de manda larga sobre un abrigo de estructura definida, además de una mantilla e encaje que enmarcaba su rostro. El único toque de brillo provenía de un reloj Cartier Panthère de oro amarillo, una pieza que hacía contraste con lo sobrio de su conjunto.









