No hay nadie que sepa vestir mejor que Sabrina Carpenter dentro y fuera del escenario. La cantante de “House Tour” ha sabido construir una narrativa a través de las piezas que viste, y es que el secreto detrás se su éxito está escondido en la coherencia y estrategia detrás de todos y cada uno de sus looks.
De la mano de Jared Ellner, su estilista de confianza, Sabrina ha creado un universo que celebra la feminidad y su presentación en el festival de Coachella no fue la excepción. La cantante portó una serie de looks hechos a la medida que derrochaban brillo y glamour. Su vestuario fue cortesía de Dior por Jonathan Anderson, quien nos transportó al imaginario de la cantante a la perfección.
Sabrina: La reina de las referencias
La cantante de Short N´Sweet es experta en referencias a personajes del pasado. La hemos visto portar vestidos que en su momento estuvieron hechos para divas como Madonna y Cher, sin embargo, su estética profundamente femenina y sensual hace referencia también a importantes figuras femeninas del siglo XX. En el caso de Coachella, la vimos hacer lip sync al monólogo de Natalie Wood en Sex & The Single Girls, así como bailar una coreografía con guiños a Dirty Dancing y hasta Chicago.
Estas referencias no se quedaron en la puesta en escena, sino que también en sus atuendos, mismos que funcionaron como pequeños guiños a la clásica estética femenina que dominó durante el siglo XX. Si bien la hemos visto apostar por piezas como corsets, baby dolls y piezas que simulan lencería para crear ese efecto femenino y provocador que tanto ha definido a la estrella de pop, en el caso del festival, los atuendos y la escenografía funcionaron como un recorrido en el tiempo, desde la década de los 60 hasta el día de hoy.
Las piezas diseñadas por Jonathan Anderson
La actriz hizo de su escenario Sabrinaworld, inundando absolutamente todo con elementos que evocaban el ADN de su personalidad y sus atuendos —bien merecidos— fueron diseñador por Jonathan Anderson de Dior. La cantante inició su show con un vestido rojo vibrante con cinto a la cadera y escote en V, todo en lentejuelas que bajo el reflector hacían que fuera imposible perderla de vista.
Eso no fue todo pues, 20 minutos más tarde, cambió de vestuario a un minivestido dorado que evocaba el Hollywood de los 60s-70s, un atuendo que si bien tenía un toque boho, no dejaba de ser súper glamoroso. Sabrina dejó las lentejuelas atrás para después bailar al son de Sugar talking con un cuello de tortuga azul y un par de medias negras que evocaban la estética de las bailarinas ochenteras.
Eso no fue todo, ya que después llevó un conjunto de flecos y cuentas blanco, mismo que aportaba mucho movimiento cada que la cantante bailaba en el escenario. Finalmente, Sabrina cerró su show con un bodysuit de encaje y lentejuelas negro, su quinto y último cambio con el que cantó sus tres hits más icónicos: Juno, Espresso y Goodbye.
La cantante acabó su show con broche de oro luego de ser levantada de un auto clásico que se convirtió en una fuente, todo para reforzar su estática opulenta y llamativa. La cantante manejó uno de los automóviles de utilería para salir del escenario de manera icónica e inusual. En total, fueron cinco looks hechos a la medida y pensados para la ocasión.










