Una vez más, Anya Taylor-Joy volvió a demostrar que no necesita una alfombra roja para ser toda una trendsetter. La actriz fue vista saliendo de San Vicente Bungalows en Los Ángeles junto a su esposo, y bastó una sola fotografía para llamar la atención de los paparazzi. Un look con el que hace una oda impecable al minimalismo noventero que ha vuelto a dominar el moodboard colectivo.
Su estilismo parecía sacado directamente de una campaña de finales de los 90 con una torera tejida en beige que llevó sobre una tank top blanca y ligeramente translúcida. Esa transparencia sutil —casi accidental— es precisamente uno de los códigos más reconocibles del minimalismo de la época: es sensual, effortless y de corte limpio.
El statement piece del conjunto
La prenda protagonista fue, sin duda, la falda satinada color menta. Una pieza de corte recto, caída fluida y largo midi con una discreta abertura frontal, evocaba inmediatamente esa estética pulida y funcional que firmas como Prada convirtieron en uniforme urbano a finales del siglo XX. El satén, lejos de sentirse como un elemento decorativo, funcionaba como un textil práctico y sofisticado a la vez, sí con brillo pero con una silueta simple y un movimiento natural.
En cuanto a calzado, la actriz apostó por unos mules negros de punta cuadrada que reforzaban el discurso minimalista. Nada de tiras complicadas ni plataformas exageradas. Una silueta simple que transmitía esa elegancia discreta que no busca aprobación de nadie.
La ola del minimalismo noventero
Este regreso del minimalismo noventero no es casualidad. Tras el lanzamiento de American Love Story, la conversación alrededor del estilo de Carolyn Bessette-Kennedy, ha resurgido con fuerza. Su fórmula de colores neutros, siluetas rectas y nada de drama la convirtieron en toda una musa del estilo sencillo y sofisticado. Anya parece haber entendido perfectamente esa narrativa y adaptarla a 2026 sin que se sienta como un disfraz nostálgico.
Lo interesante del look no es solo la referencia histórica, sino la naturalidad con la que lo lleva. No hay exceso de accesorios, no hay un sólo statement evidente. Todo se balancea a través de proporciones y textura. Esa es la verdadera sofisticación del minimalismo: cuando cada prenda parece sencilla por separado, pero en conjunto construyen una imagen más interesante.
En un momento donde el maximalismo convive con tendencias virales efímeras, el regreso a lo esencial se siente casi rebelde. Y Anya Taylor-Joy, con esta aparición casual en Los Ángeles, confirma que el minimalismo noventero no solo está de vuelta, sino que es reinterpretado.







