Desde su llegada a ¿Apostarías por mí?, Jim Velásquez y Alina Lozano no han pasado desapercibidos. La pareja, que se lleva más de 30 años de diferencia, ha vivido de todo en los primeros días del reality: desde la tensión de una nominación temprana hasta el respaldo creciente del público, que comienza a verlos como uno de los vínculos más auténticos del encierro. En medio de la polémica y las miradas inquisitivas, ambos decidieron abrir su historia y contar, sin filtros, cómo nació un amor que rompió esquemas y desató conversación dentro y fuera de la pantalla.
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Ya instalados en la casa, Jim fue quien tomó la palabra para explicar que, antes de convertirse en matrimonio, lo suyo fue una amistad sólida y una complicidad creativa que se trasladó a las redes sociales. “Le decíamos a todo el mundo que era mentira”, confesó al recordar la etapa en la que hacían contenido de pareja sin admitir que entre ellos comenzaban a surgir sentimientos reales. Fue entonces cuando el creador de contenido reveló que Alina había sido su “amor platónico desde chiquito”, pues creció viéndola en televisión, sin imaginar que algún día compartirían algo más que trabajo.
Con el paso del tiempo y el trato cotidiano, Jim comenzó a experimentar emociones que lo descolocaron. “Comencé a sentir cosas”, explicó, admitiendo que ese sentimiento le generó miedo y confusión, al punto de alejarse de Alina durante un mes para intentar aclarar lo que le estaba ocurriendo. Ese silencio inesperado tuvo un impacto profundo en la actriz, quien recordó ese momento con franqueza: “Él no me quiso volver a hablar, yo no le hice absolutamente nada; yo me conseguí otro novio de ficción, era un modelo”.
Paradójicamente, ese distanciamiento marcó un antes y un después. Jim decidió invitarla a salir para confesarle que se había enamorado de ella. Aunque Alina negó inicialmente sentir lo mismo, aceptó grabar un beso para redes sociales como parte de un video, sin saber que aquel gesto formaba parte de un plan más amplio: un viaje juntos que los mantendría todo un fin de semana compartiendo tiempo y conversaciones clave.
Sobre ese primer acercamiento, Alina recordó con humor y detalle: “Sentí una cosa rara porque él estaba muy nervioso y tenía brackets”. Para Jim, en cambio, fue una especie de evaluación total. Se sintió “a prueba en todos los aspectos”, especialmente en el terreno económico, antes de definir si lo suyo podía convertirse en algo serio o quedarse en un romance pasajero.
Así consolidaron su relación
La charla definitiva llegó pronto y fue clara. Ambos coincidieron en que querían un noviazgo formal y sin esconderse, aun sabiendo lo que vendría después. “Ahí se vino esa avalancha tan terrible”, recordaron al evocar el alud de críticas que enfrentaron por la diferencia de edad y los supuestos intereses ocultos. Jim fue directo al enumerar los señalamientos: “Todo el mundo encima, a mí me decían que yo me iba a quedar con la pensión, que era un aprovechado, que iba detrás de la plata; a Alina (le decían) que me estaba robando la juventud y todavía me lo dicen”.
En el plano familiar, Jim explicó que su entorno ya conocía a Alina desde años atrás, gracias al contenido que realizaban juntos, lo que facilitó que, con el tiempo, encontraran apoyo. Aun así, reconoció que no fue un proceso sencillo. “Sin embargo, yo siento que sí tuvieron una etapa en la que igual, les dio duro. No me dijeron nunca nada, pero mi papá no decía nunca ni está bien, ni está mal”, relató, señalando que fue hasta el día de su boda cuando su padre convivió plenamente con ellos, un momento que vivió con nervios ante la posibilidad de que no asistiera.
