Alan Tacher habla de apuestas con la serenidad de quien ya ha tomado las decisiones más importantes de su vida. A punto de estrenar ¿Apostarías por mí?, el nuevo reality que lo coloca al frente de una de las propuestas más ambiciosas de TelevisaUnivision, el conductor conversó con ¡HOLA! en Brasil sobre el proyecto que inicia este domingo 18 de enero y sobre la única apuesta que, asegura, haría siempre sin dudar: la vida que ha construido con Cristy Bernal.
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El formato no es menor. Durante ocho semanas, varias celebridades vivirán completamente aisladas del mundo exterior, sin contacto con el público y bajo vigilancia permanente, compartiendo una villa de ensueño en Brasil. En ese entorno, lujoso pero de rutinas limitadas, las parejas enfrentarán desafíos físicos, mentales y emocionales que pondrán a prueba no solo su resistencia individual, sino la dinámica más íntima de sus relaciones. Alan conduce esta experiencia junto a Alejandra Espinoza, consciente de que lo que ocurre frente a las cámaras dialoga, inevitablemente, con las tensiones, acuerdos y silencios que también existen puertas adentro.
No somos la pareja perfecta y yo siempre lo he dicho
Una apuesta que va más allá del juego
Antes de asumir el rol de conductor, el proyecto lo colocó frente a una pregunta inesperada. Cuando recibió la llamada, Alan pensó que la invitación era para participar junto a su esposa, una posibilidad que lo llevó a imaginarse expuesto, observado y evaluado no como presentador, sino como pareja. Para Cristy, la idea fue impensable desde el primer momento; para él, un ejercicio honesto de introspección sobre los límites de la intimidad.
“Si no hubiera pasado eso, yo hubiera dicho que sí, yo lo sé. Pero bueno, resulta que al día siguiente, a los dos días, me dicen: ‘No, no es para participar, es para que lo presentes, para que lo conduzcas’. Entonces, bueno, ya cambió, ya se relajó y entonces ya pasó. Pero si me hubieras preguntado, yo hubiera participado con Cristy en este reality show, porque le veo de mucha esperanza, lo veo diferente, lo veo de pareja, lo veo de complicidad, lo veo de amor, lo veo también de desamor, de peleas. Está muy divertido porque nadie convive 24 horas con tu pareja. Nadie. O sea, yo con Cristy la amo, me ama y nos llevamos increíble, y es mi cómplice en todo. Pero yo creo que ella no me aguantaría ni yo, ella 24 horas al día… Pero ya 24/7 encerrado, entonces hay muchas cosas que pueden pasar”.
El amor sin idealizar: convivir también es resistir
La conversación inevitablemente se desplaza del programa a la vida real. Alan no habla del amor desde la idealización, sino desde la experiencia de los años compartidos, con sus acuerdos y fricciones. Apostar por el otro, explica, no significa pensar que todo será perfecto, sino aceptar que las imperfecciones también forman parte del vínculo.
“No somos la pareja perfecta y yo siempre lo he dicho, claro. La otra vez hasta me preguntaron: ‘¿Han dormido en camas separadas en algunas ocasiones por una pelea?’ Seguro, no me acuerdo. O sea, ¿hace cuánto? Pero seguro, no hay una sola pareja que no se pelee, que no tenga una discusión, que de repente no se acueste enojada o enojado. Yo no conozco a ninguna”.
La familia como eje de todo
En su caso, el equilibrio ha venido de la comunicación y del respeto por los espacios individuales. Alan habla de una relación que se construye en el diálogo, incluso cuando no están de acuerdo, y en una visión compartida que pone a la familia como centro.
“Entonces, claro, hay comunicación, hay todo. Y finalmente sabemos que nos amamos y al final lo platicamos y entendemos ella a su manera, yo a la mía. Ella sabe cómo yo soy, entonces me da mi espacio y luego yo sé cómo es ella y le doy su espacio. Y así es como es la relación y por eso duran años muchas de las parejas y se llevan increíble. Hay otras que no. Pero sí, no nos gusta estar. Nos gusta siempre estar positivos, nos gusta estar siempre tranquilos, nos consideramos buenas personas, buena pareja y lo más importante para nosotros es la familia. Entonces, yo creo que este programa también es muy familiar, porque vas a hablar mucho de los hijos y de la relación”.
Apostar dinero, apostar confianza
El concepto del reality lleva esa confianza a una situación límite: poner dinero sobre la mesa cuando la persona que más quieres está en juego. Alan describe cómo las apuestas no solo miden habilidades, sino percepciones, miedos y expectativas dentro de la pareja.
“Aquí hay mucho dinero de por medio. Y van a apostar. Y acuérdate que yo, por ejemplo, si yo estuviera dentro y Cristy va a hacer un reto o una prueba, yo voy a tener una cantidad semanal a la cual tengo que apostar. Si yo creo que mi mujer es capaz de realizar ese reto, ya sea mental, físico o el que sea… Capaz que no confió en ella. Capaz que digo: ‘No voy a apostar por decir algo mucho dinero, porque sé que no lo va a lograr’. Pero, ¿qué pasa si lo logra? ¿Qué pasa si lo logra? Y en realidad no ganaste ese dinero que deberías de haber ganado cuando llegue ella. O porque la había subestimado. O piensas que sí lo va a hacer, apuestas mucho dinero y resulta que no lo hizo. Y entonces ella regresa toda triste y tú todavía más enojado porque: ‘Hoy aposté mucho dinero, mi amor, no manches’”.
Siento que, y no lo digo de antes para afuera, que Cristy va a ser con la mujer con la que me voy a morir
Alan apuesta todo por Cristy
Cuando se le pregunta por el secreto de una relación duradera, Alan no recurre a fórmulas ni a frases hechas. Habla desde una convicción profunda, una certeza que lo acompaña desde que conoció a Cristy y que, asegura, ha marcado todas sus decisiones.
“Las relaciones de verdad no son fáciles. Si con un amigo o con un familiar es difícil, ahora imagínate con tu pareja. Entonces, ¿qué me ha funcionado con Cristy de verdad? Pues no sé. Yo siempre lo dije cuando conocí a Cristy, en mi caso, siento que, y no lo digo de antes para afuera, creo que va a ser con la mujer con la que me voy a morir. Así lo percibo yo”.
El Ying y el Yang: una relación de contrastes
Esa seguridad no elimina los conflictos, pero sí define la manera en la que los enfrentan. Alan reconoce su carácter fuerte y contrasta su forma de ser con la templanza de Cristy, una diferencia que, lejos de separarlos, ha sido un punto de equilibrio.
“Entonces, yo creo que sí habrá dimes y diretes y peleas y regaños y gritos a veces, pero al final de cuentas, sé que con ella es con la que me voy a morir. Entonces, tengo que seguir este camino, no enojado, ni resignado, tienes que hacer de tu parte para que el amor siga contigo. Pero no quiero decir que de repente nos peleamos mucho. La verdad es que no nos peleamos casi nunca. Pero de repente, si nos damos nuestros agarrones, porque yo soy muy necio, soy muy especial, aunque no lo crean, soy muy enojón, muy desesperado, poca paciencia. Y Cristy es totalmente lo contrario. También lo que creo que me ha funcionado es que somos totalmente distintos. Yo sé que hay mucha gente que es igual y también se lleva muy bien. Yo soy el Ying y ella es el Yang”.
La familia como territorio de aprendizaje
En la crianza de sus hijos, esas diferencias se hacen aún más evidentes. Alan se define como un padre exigente, especialmente en el ámbito deportivo, una faceta que él mismo reconoce como heredada de un sueño personal inconcluso.
“(Somos muy diferentes en la crianza) de los hijos, en la manera de educarlos, en ciertas cosas. En el deporte. No en la manera de educarlos. Yo soy un salvaje, yo soy un histérico, yo soy desesperado. Exigente a los niños con el deporte, con la dinámica. Ella es más relajada, además de hablar con ellos, más de paciencia”.
Ese nivel de exigencia, admite, no surge de la nada. “Yo creo que yo tengo un deportista frustrado en mi mente y es verdad, si hubiera querido hacer otra cosa fuera de ser presentador de televisión, a mí me hubiera gustado ser un deportista profesional. En el que me pusieras. O sea, practicaba de todos y llegué a ser muy bueno en voleibol, casi profesional, y me gusta en todos los demás deportes, sé mucho de deportes y yo creo que estoy frustrado. O sea, me hubiera gustado vivir del deporte a mí”.
Las diferencias de enfoque han sido motivo de discusiones recientes. “Uno lo compara con los entrenamientos que yo tenía o con la exigencia que yo tenía o con la capacidad que yo tenía de que quería dedicarme a eso y no lo pude conseguir. Y también tienes que entender que tus hijos son totalmente distintos. Entonces, claro, la verdad que la mayoría de las peleas últimamente que hemos tenido es por eso”.
Celos, confianza y admiración mutua
También el tema de los celos ha evolucionado con los años. Alan lo aborda con humor, pero sin restarle importancia al proceso de confianza que han construido como pareja. “Al principio era bien celosa y le ha bajado bastante. Era bien celosa porque la verdad, no sé, porque estoy guapo. No sé por qué, pero sí, era más celosa. Sí, ya sabes que uno le coquetean y uno se deja ir, ser educado, ser decente. Y se enojaba”.
Hoy, dice, la seguridad emocional es mutua. “Creo que ella confió mucho en mí, yo confío mucho en ellas. Yo sé que tengo una mujer hermosa a mi lado y me gusta presumirla. Yo sé que de repente, gracias a Dios, Cristy, de verdad, a mí en lo personal se me hace guapísima, cuerpazo, etcétera. Y me gusta cuando voy a una fiesta que vaya guapísima”.
Esa complicidad se refleja también en la forma en la que se acompañan profesionalmente. “Yo creo que es eso, es la confianza, sentirse bien con uno mismo, confiar en la pareja. La verdad, yo dependo mucho de ella. Yo no voy a un solo viaje al que no la invite. Si por mí fuera, me lo hubiera traído a vivir conmigo a los tres meses, los cinco, los que fueran, a cualquier parte del mundo”.
Un sueño pendiente: el altar
A pesar de los años compartidos y de la familia que han formado, hay un deseo que ambos consideran pendiente. Alan lo menciona con ilusión, consciente de que se trata de un paso simbólico que todavía desean dar juntos.
“Nos queda algo pendiente, que es no nos hemos casado por la Iglesia. Como sabes, yo soy judío y ella es católica”. La idea de una boda religiosa sigue latente. “Pero creo que mi sueño y el de ella es casarnos por, ya sea, no sé, iglesia, templo o lo que sea de alguna manera religiosa… Y espero que algún día se nos dé, pero yo creo que sería muy feliz yo teniendo una boda religiosa, que es lo que nos falta”.
Mientras ¿Apostarías por mí? pone a prueba a distintas parejas frente a las cámaras, Alan Tacher tiene clara su respuesta fuera del juego: la apuesta por Cristy, por su familia y por el camino que han decidido recorrer juntos es, y seguirá siendo, la más firme de su vida.
