Guillermo del Toro llegó al Festival Internacional de Cine de Venecia para presentar Frankenstein, uno de los proyectos más esperados y personales de su carrera. Sin embargo, más allá de la expectación por la película, la alfombra roja tomó un giro entrañable y familiar gracias a la presencia de su hija, Marisa del Toro, quien se convirtió en la gran revelación de la jornada.
Con un estilo moderno y elegante, Marisa deslumbró en su primera aparición pública en un evento de esta magnitud. Su atuendo sobrio con detalles minimalistas, acompañado de un maquillaje natural y un peinado pulcro, la colocaron de inmediato entre los mejores looks de la Mostra, robando la atención de fotógrafos y asistentes por igual.
La joven, que estuvo acompañada por la esposa del director, Kim Morgan, acaparó miradas y comentarios por el parecido con su padre, desde la sonrisa hasta la expresividad. Aunque se desconoce si tiene interés en seguir una carrera en el medio artístico, su debut en Venecia dejó claro que sabe desenvolverse con naturalidad en escenarios internacionales.
El gran sueño de Guillermo
En paralelo al revuelo que causó la presencia de Marisa, Del Toro presentó finalmente la versión de Frankenstein que llevaba casi seis décadas soñando realizar, inspirada en la novela de Mary Shelley y en el clásico de James Whale de 1931. Respaldada por Netflix y con un elenco encabezado por Jacob Elordi y Oscar Isaac, la cinta generó gran expectación.
La proyección culminó con una ovación de 13 minutos de pie, consolidando el momento como uno de los más emotivos en la carrera del cineasta mexicano. No obstante, más allá del reconocimiento artístico, el estreno tuvo un matiz especial: Guillermo del Toro no solo celebró el logro de su filme más ambicioso, también lo compartió con su hija, confirmando que incluso entre monstruos y fantasías, el amor familiar es lo que brilla con más fuerza.