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La planta 86 del Empire State Building

Uno de los escenarios de película más románticos y legendarios del mundo. El Empire State es un destino fundamental para todos los visitantes y especialmente para las parejas: se ha ganado la distinción de ser uno de los puntos de la ciudad más románticos para proponer matrimonio y cada San Valentín, catorce parejas consiguen el permiso necesario para poder casasarse en este lugar emblemático. El observatorio está abierto desde las 8 de la mañana hasta la madrugada, así que puede elegirse para contemplar las primeras luces del día, el atardecer o el skyline nocturno de la ciudad que nunca duerme.

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Despedir el día con un cóctel en los tejados de la ciudad

En una casa privada, si se tienen conocidos que vivan en la City, o en uno de los muchísimos establecimientos con salida exterior en la azotea. Las vistas nocturnas son impresionantes. Algunos rooftop bars muy famosos: Gansevoort Hotel, en el Meatpacking District, o el café y martini bar del Museo Metropolitano de Arte.

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Pasear por High Line

High Line es un parque elevado de casi dos kilómetros de largo que discurre a diez metros sobre el suelo, y un original ejemplo de arquitectura urbana. Está contruido directamente sobre una antigua línea de ferrocarril que entró en desuso en los años 80. Cuenta con multitud de actividades gratuitas de todo tipo a lo largo del año.

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Visitar Tiffany & Co.

Visitar puede significar simplemente el ver los escaparates desde fuera, croissant en mano à la Audrey Hepburn (el edificio por fuera es ya de por sí impresionante, con influencias Art Decó y puertas de acero inoxidable, y una estatua de bronce de casi tres metros de altura), o a celebrar el matrimonio por todo lo alto con la adquisición de una joya icónica. La tienda insignia de la firma está en la esquina de la calle 57 con la Quinta Avenida, pared con pared con la Torre Trump. Lleva abierta desde 1940 y es tan legendaria que prácticamente cualquier neoyorquino, taxista o visitante sabrá indicarte dónde encontrarla.

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Alojarse en un hotel con vistas

Preferiblemente con piscina en la azotea o rooftop bar. Algunos de los más populares: The James, con vistas al centro y al río Hudson, Le Parker Meridien, con una azotea con piscina acristalada que da a Central Park, o Gansevoort Meatpacking, con vistas al skyline de Manhattan.

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Bow Bridge, en Central Park

Por encima y a pie, o por debajo y en una barca de alquiler. Otro destino turístico que aparece en tantas películas románticas que es casi un icono del corazón del gigantesco pulmón verde de Nueva York. Puntos extra si se visita en primavera u otoño, cuando la estación convierte el parque en un impresionante escenario multicolor.

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Dar un paseo (o dos o diez) en bici

Una alternativa al coche de caballos que se puso tan de moda en los 90 gracias a las películas que tenían Nueva York y Central Park como escenario de fondo, es alquilar bicicletas y recorrer parte de la ciudad sobre dos ruedas, ya sea con un tour organizado (hay deceneas de biking & walking tours en la Gran Manzana) o por libre. Mejor evitar el tráfico si no se es muy ducho con la bicicleta en ciudad y optar por rutas en carril bici o bike paths en parques y zonas sin tráfico.

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Dejarse llevar en Times Square

Los neoyorquinos evitan pasar por aquí a toda costa aunque es un destino esencial para visitantes y honeymooners: de entre los lugares del mundo con más pins, retuits y geolocalizaciones en Facebook e Instagram, Times Square se encuentra a la cabeza.

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Cruzar el puente de Brooklyn

Une los distritos de Brooklyn y Manhattan y en ambos sentidos las vistas son maravillosas. En su día fue el puente colgante más grande del mundo y es, junto con la Estatua de la Libertad, uno de los principales iconos de la ciudad. Este destino es otro lugar hiperfotogénico que aparece cada año entre los grandes favoritos por los Instagrammers.

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Comerse un pretzel a medias

Pues sí: este bollo salado enroscado sobre sí mismo en forma de lazo es en realidad un icono alemán (allí se le conoce como brezel), pero los americanos, y particularmente los neoyorquinos, están locos por él. Son blanditos y a menudo están rellenos de queso, mostaza o mantequilla de cacahuete.

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Visitar el Lincoln Center de noche

Situado en el Upper West Side, es uno de los centros de artes escénicas de referencia en el mundo y ejerce de sede de la Metropolitan Opera y la New York City Opera, el City Ballet o la Orquesta Filarmónica de la ciudad. Visto de día el complejo no parece gran cosa, aunque por la noche se ilumina de dentro hacia afuera, haciendo brillar sus enormes arcadas acristaladas.

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Un selfie delante de un mural icónico

¿Qué sería de un viaje de luna de miel sin selfies? En la era 2.0 dejar constancia en las redes sociales de lo mejor que nos pasa, lo más sorprendente o lo inesperado es casi una obligación. Nueva York está plagada de murales de todos los colores y formas. Hace un par de temporadas, las insiders de la moda acabaron poniendo de moda el wall scouting neoyorquino, es decir, la 'busca y captura' de los murales que son más vistosos y tienen más likes en redes sociales. El más famoso: el Love Wall de James Woldcrown, en Kenmare Street, aunque puedes encontrar muchos más en @photogenicwalls.

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El skyline de Manhattan

Visto desde el barrio de Williamsburg, en el distrito neoyorquino de Brooklyn. Se puede acceder en ferry o a través de Williamsburg Bridge, y a última hora del día permite ver cómo las luces de la ciudad se van iluminando una a una, como si fuera una maqueta XL.

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Ir de compras

El plan definitivo: ¿qué sería Nueva York sin sus avenidas llenas de tiendas, sus rincones secretos, sus joyerías y sus stores de juguetes? Reserva parte del presupuesto del viaje de luna de miel para una sesión intensiva de compras, porque seguro vuelves con la maleta más llena de cosas de las que traías.

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